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Sobre las agujas del tiempo

Quería contarte un cuento, pero no tengo historias más que la mía. Por ahora solo te contaré cosas de mí, dado que mi mente aun está convaleciente de tanto trabajo y realidad fea. A veces quisiera renunciar, sabes? Pero no sería lo adecuado...o la mejor decisión. Mas que renunciar, sería más interesante decir: Mira esa mujer, era médico, lo tenía casi todo, logró todo lo que su profesión requería de ella y un día renunció y se volvió artista en las calles, ahora es clown en las esquinas o hippie en algún barrio bohemio...vaya cojones! Se ve feliz.

Lo que no sería lo mismo a decir: Miren esa chica, no pudo con la presión de la escuela de posgrado y tuvo que renunciar, ahora es una pastrula en alguna calle sin nombre...
Es gracioso que para poder
dejar definitivamente algo, primero debas llegar al final de ese algo. Sino
simplemente es renunciar por miedo.
A mi me dan miedo muchas cosas, pero no suelo admitirlo...el otro día por ejemplo no pude dormir sola después de ver una de esa truculentas películas de suspenso-terror, fui a buscarlo a su cuarto y dormía como una roca al lado de sus hijas. ¿Cómo despertarlo? ¿Cómo decir que en ese momento yo sentía necesitarlo más que ellas? Esta historia es la de nunca acabar, supongo que lo máximo que ambicionan los padres es que sus hijas hallen una persona que las cuide tanto como ellos lo harían, que les dé un hogar...Supongo que mis padres deben sentirse un poco frustrados cada vez que sienten mi voz por el hilo telefónico, necesitando ayuda. Como huérfana en tierra ajena.

Los padres leen entre líneas ya deben saber, que no tengo lo que necesito...deben suponer que estoy lejos del hogar en el que podría sentirme protegida. Pasa el tiempo y hace mucho que deje de escribir, de cocinar o cantar..No hay tiempo, no hay ganas, no hay cuerpo...Entrar al mundo real es una de las peores cosas que le puede suceder al ser humano...Crecer...Oh! qué difícil es crecer y darse cuenta que uno no puede ser todo lo que quería o que por lo menos la valla se pone inmensa a medida que pasa el tiempo. Entre escribir cartas a mis amigos, comer alguna que otra cosa y dormir, se me ha ido el fin de semana...Mi última guardia, un poco más tranquila que las anteriores...es curioso que cuando estoy con la bata del hospital quisiera tener más canas, mas arrugas, una cara más cuajada que de seguridad a las personas...y cuando llego a casa solo quiero empequeñecer, volverme jovencita, que no me importe nada y enamorarme como una adolescente del primer chico que me diga que soy especial.

Antes todo era tan fácil, las frases más simples parecían regalos inmensos. Hoy en día, mi tiempo pasa como un tren veloz ante mí, yo siento el viento de su velocidad, de su desenfreno y tomo mi café a solas, al lado del camino, esperando tomar el valor para subirme y que me lleve a algún lugar bien lejos que tome el nombre de hogar.
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