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Día Quince

Estaba escribiendo un cuento en mi cabeza, cuando alguien me interrumpió. A veces la vida interrumpe las ideas y no puedes volver a atraparlas, esta vez era porque alguien estaba pidiendo un médico. Aqui hay tantos médicos- me dije- Porque tendría que ser para mi, seguí recostada en el mueble negro, tratando de volver a coger el hilo del cuento, ubicarme en el paisaje, sentir los olores, la textura del paisaje mientras entro en él y me hago proptagonista de la historia, pero nada, ya no puedo como quinientas veces durante este año, hay alguien que ha interrumpido.

-¿Qué pasa señora?- pregunto, asomándome a la cama revuelta de la persona que grita con tan insitencia. Es que no me han cerrado el suero, me dice y ya se acabó. Yo la miro con resignación y le cierro el suero. Es trabajo de la enfermera, quisera regañar, pero es inútil. Aquí la gente piensa que le entra aire a las venas si el suero se acaba y que va a morir por embolia o algún invento de catástrofe médica. Al iniciar mi trabajo aquí, cosas como esas me hacían perder la paciencia, me quedaba explicándoles que no debían hacer tant escándalo, por un invento de alguien que no sabe nada de medicina. Pero ahora, solo miro resignada y vuelvo a mi asiento. Debo permanecer aquí, hasta que llegue la hora de irme. No hay pacientes graves, no hay nada que investigar y va llegando la hora de vbisita asi que un montón de familiares entraran a las salas de hospitalización, gritando por un informe, porque les cierren el suero, preguntando si les pueden traer algo de comer, o cuando se va a ir de alta. Debo esperar allí a que me hagan todas esas preguntas y responder l mejor que pueda. Mientras tanto me acurruco de frío en el mueble, esperando que la fatídica hora de visita marque las dos de la tarde.

En Lima, el invierno ha entrado de golpe, un sábado estaba con una polera corta y ahora tengo que abrigarme con un par de casacas para no morirme de frío. Lima tiene tanta humedad, que es como respirar dentro de una pecera- escucho a menudo. A mi al principio me agradaba la idea de ser un pecesito mas, en la húmeda capital, yendo de auí para allá, respirando agua o haciendo una burbuja que mer separe del resto. Encontraba algo poético en el hecho de Lima, la humedad y yo como un pez chico en una pecera grande haciendo pensamientos de burbuja. Ahora solo siento frío y mando al diablo la poesía.

Miro el reloj y son las 3 de la tarde, aun nadie me ha llamado, los internos se deleitan en dar información a los familiares, como médicos grandes, a penas si tiene 22 años y están ahí explicando porque de la enfermedad, si se va a ir de alta o no, asumiendo mi trabajo de relación con el público, algo que por momentos llega a hastiarme. Un día uno de ellos, me pregunto si se podia quedar a mi lado cuando le dijera a una familia que su hija había muerto, me pareció extraño, pero es parte de su aprendizaje, asi que deje que se pusiera a mi lado, mientras explicaba todo a los familiares, las lágrimas, los gritos, las preguntas. Mi interno se siente abrumado, creo que él tambien quiere llorar, me da pena y cólera. Se supone que debe hacerse fuerte, no puede mostrar tanta debilidad, no debe mostrarse dubitativo o algun familiar agresivo puede golpearlo, como ya ha sucedido.

Haces esto a menudo?- me pregunta medio asustado cuendo termina. Ufffffff- respondo yo. Tienes que tener cuidado porque una vez un familiar golpeó a un interno de medicina, pensando que era él culpable- le digo y luego le cuento como hay locos, agresivos y depresivos entre la gente al que uno le da la noticia. Nunca sabes con quien vas a tratar. Creo que no me entiende, asi que lo cuento del caso en que un tipo sacó un arma y comenzó a buscar al médico encargado de su madre, que estaba agonizando. El interno, se ríe. La verdad es risible nuestra vida, cuando lo ves a distancia uno se burla de las veces que el médico está en mas peligro de morir que el propio paciente.Y es que a veces yo tambien he tenido miedo que me abofeteen o me arañen la cara, al momento de dar la noticia, especialmente de muertes inesperadas durante la noche, o cuando fallecen pacientes jóvenes.Ves tanto dolor, tanata ira en los ojos, mi alma se encoge y se agacha, esperando el golpe de venganza, ante una ficha mas del sistema de salud: El médico. Me arrugo, quisiera huir, pero por fuera estoy serena, tratyando de que las palabras salgan lentas, entendibles, bien planeadas. Tranto de no levantar la voz ante ese grito de fiera herida: Por qué? Por qué no hicieron nada?
Para ellos es nada, me digo.Para mi, sin embargo, lo es todo, mientras vivo en el hospital, lo que hacemos por salvarle la vida a alguien es todo. Como explicárselo? Debo aceptar el llanto, el rechazo a un sistema de salud ineficiente.La muerte como un día a día. Llegar a mi casa, resetear todo.Que mi mente quede en blanco para tener la fuerza de levantarme al día siguiente y venir aquí a dar la cara.

Trato de acurrucarme lo mas que puedo para dormir un poco antes de la guardia, es imposible. Solo duermo cuando estoy en medio de un cuento, entonces imagino días soleados, arroyos de agua clara, risas de niños, algo que me aleje de este infierno. Sin embargo, ultimamente solo puedo escribir cuentos tristes, en parajes oscuros, con gente llena de desconfianza y dolor. He abandonado la idea de escribir, lo máximo que puedo hacer es retener dos o tres ideas en mi mente y esperar un momento libre a que salgan los personajes. Pero ya no salen, todsos mis personajes, están ocultos en el laberito de mis sesos, se reprimen a ser protagonistas de una historia, que tal vez no podré acabar. Mi cabeza se llena de sombras y me voy quedando dormida. Sin darme cuenta me he vuelto yo tambien un personaje de Lima la gris, esperando a que escampe, esperando una historia buena,. un final feliz, alguien que sepa escribir en mi o de mi. Una ilusión simplemente.

Suena mi alarma, la hora de dormir se ha acabado y es hora de ir a Emergencia.
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