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Adios Manuel Antonio

Lo he perdido, acabo de enterarme. Es mi enésimo Agosto sin él y me acabo de dar cuenta que tal vez...( que bella palabra, me suena a esperanza) tal vez lo haya perdido.

Me doy cuenta tam bién, que él ya no es una persona, ni un rostro, ni un sentimiento. En mi octavo Agosto, me doy cuenta que él se ha difuminado lentamente en cada nueva persona que llegó a mi, dandome con sus palabras ánimos para seguir adelante (entiéndase, como seguir adelante en ese terreno amargo, amplio, enloquecedor que es escribir para unos pocos) tal vez por ello, de alguna forma su aliento me ayudó a seguir viviendo, disfrazada de un nombre que algunas veces era mayor que yo.

Pero bueno, hoy no hablaré de mi y aplazaré por algunas semanas las historias en tercera persona que abundan por mi mente. Hoy me dedicaré a hablar de él, no como en un velorio llorando su partida, sino simplemente porque al hablar de él, saboreo el placer de saber que un día existió ( solo en mi mente, quien sabe?) y me dio horas y horas de felicidad sin pedir nada cambio que me comporte tal cual era, berrinchuda, niña, impredecible...una aguja en el traste, para cualquiera que intentara entenderme.

Esa falta de certeza de su materialidad, tal vez lo hizo eterno. En mi mente, pasan siglos y siglos de anécdotas a su lado, lanzado el humo a la farola, como quien ve pasar la vida y se queda al costado del camino. Tal vez no existió nunca, tal vez viva en mi mente y no lo recupere jamás, ni apilando todas sus cartas, ni imprimiendo ninguna de sus fotos a blanco y negro. Podría pasarme la vida preguntando quien lo vio vivo? caminando? ir a buscar a los pocos que escribieron sobre él o tomar las direcciones de sus vecinos mas odiados y preguntar ¿ qué pasó con él? son casi 8 años de ausencia ¿quién carajo escuchó alguna vez sobre él?

Agosto termina arrastarando consigo los fantasmas de amores pasados, de amigos, enemigos, elementos varios. Extiende su brazo y limpia de mi mesa, las migajas que dejó el amor. Empieza una vida nueva, un nuevo intento; y sin emabargo hoy hallé sus frases clavadas para siempre en mi memoria e intenté reproducirlas de un papel a otro, fingiendo que lo tenía otra vez cerca...pensando que, tal como antes, el abriría la boca y yo quedaría enceguecida, sabiendo que existía otro alguien como yo, amigo solitario de las noches mas locas.

Su cara se me confunde entre tantas otras. Por años fue el historiador amante de las historias de incas y españoles. En otros el chiquillo que pintaba cuerpos desnudos en los muros de una ciudad vacía. Pasó la vida y era el profesor de escuela que enseñaba a niños pobres el porqué seguir luchando. Tiempo mas tarde, lo descubrí bajo la piel de un artista que detestaba hacer ilustraciones. Y cuando ya pensé que lo había perdido, lo hallé en un tren camino a quien sabe donde, renegando contra la ley anti tabaco mientras escribía de a 4 dedos en un ordenador gastado.

El ha vestido tantos trajes para mi, que ya ni debería decir que es él, sino que fueron muchos hombres los que se disfrazaron para mi en este camino sin inicio ni fin, despeñandose sucesivamente de mi mente a mi garganta, a mi corazón y a mis manos. Hombres que inspiran a seguir escribiendo y a enredar historias entre la realidad y el invento.

Brindo con café frío por los que no volveré a ver y por todas esas líneas, esas cartas, esas despedidas que no llegaron, su abrupta huida de mi vida. Su tezón para quedarse aquí dentro.


Esto ya se termina y solo yo lo entiendo.
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