Voy a escribir porque tal vez eso me calme.
Porque tal vez el hecho de escribir muchas letras y concentrarme en las comas, en los puntos, en las diéresis (me encanta esa palabra) pueda disipar en algo mi afán primitivo de querer buscar extremos.

Me afecta eso, reconocer que una parte de mí, quiere instintivamente buscar un riesgo y de una forma u otra hacerse daño. Es algo que va contra las normas que dictan que un ser humano debe alcanzar siempre como fin máximo la sobrevivencia.

Yo no podría matarme, ni mutilarme, ni hacerme un daño físico premeditado. Pero puedo tomar otro tipo de daños, riesgos en que hay mas del 50% de posibilidad de que yo salga perdiendo, herida, mal, maltrecha. Riesgos como el amor por ejemplo, o el sexo, o elegir una carrera que yo sé no va conmigo o elegir ese auto que conduce precisamente alguien que no inspira confianza o responder al interrogatorio de un extraño, pequeñas cosas. Yo sé.

Durante el último tiempo volvió a mi vida cotidiana mi mejor amigo, ahora psiquiatra, con él he podido sacar algunos demonios que por si sola no hubiera podido reconocer. En la mayoría de veces no le logro confesar todo loq ue pasa por mi cabeza, probablemente porque somos solo amigos y es imposible que una relación médico paciente surja enteramente, pero sí, puedo reconocer en las cosas que me dice de sus pacientes algunos rasgos que yo fácilmente he experimentado.

Qué miedo.

Podrías decir que mi afán hipocondriaco de catalogar como enfermedades a simples síntomas aislados ha desencadenado todo esto, pero creo que es algo más.

Hoy por ejemplo escribo para no pensar...hacer...para evitar en suma hacerme daño. Cómo?
Sólo yo sé esa forma sútil de lentamente acabarme.
Una forma inocua, sin testigos, sin rastros. Una forma que pensé podría controlar, pero dada la intrsopección de mis últimos tiempos, tal vez sea un tornado devorador, que apenas baje la guardia vuelva a tomarme la vida de nuevo.

Cuándo empezó?

Más bien, cuándo se hizo efectivo?

Hace un par de años. Una crisis emocional mal superada y de pronto poco a poco ese hábito de dañarme, de exponerme a situaciones peligrosas, de esperar que pase algo, que me pase algo.

A veces no comprendo que milagro me tiene con vida.

A veces pienso, que tal vez hay un motivo para seguir aquí y caminar siempre al filo de la cornisa sin caerme del todo.

A veces...Me doy miedo, pues reconozco que hay una parte en mi que no puedo controlar.

Una fase maniáca de ponerme a merced de personas que se que me pueden causar mucho daño, como si inconscientemente buscara mis propios verdugos, pensando que soy inútil para conservar a una persona digna a mi lado.
Una persona que mencione mi nombre con orgullo o que simplemente sienta fe en mi.

Es un sueño inalcanzable,
por dicho motivo, prefiero no buscar quimeras y entregarme
a qué?
a quién?

Siempre depende del tiempo, pero generalmente es a aquellos que se muy en el fondo mío, que no me querrán en serio.
Ni para siempre.
Ni siquiera completamente en el corto lapso que podamos estar juntos.

Pero hoy no hablo de eso,
hablo de lo otro,
del daño,
estoy dando vueltas y aun no sale de mi,
tal vez algún día logré aceptar mis taras
pero sin público,
para así poder hacer algo al respecto,
mientras tanto
aun me avergüenza
tener tan poco valor, como para hacerme daño
gratuitamente,
salvajemente,
irracionalmente.
A sabiendas, que no podré soportarlo.
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