Ir al contenido principal

Demonios de domingo

Hoy al despertar no me di cuenta que había llovido. Lo hice camino a la tienda cuando vi las calles mojadas, la pista mas negra de lo usual, la gente caminando encogida. Yo no tenía frío, ya no. Me pareció una mañana hermosa de cielo claro que había escampado después del aguacero de madrugada. Me pareció que era una gran mañana, tal vez un gran día.
Me agradaría que leyeras esto, aunque se que de hecho prefieres mis cartas. ¿Te parecen más sinceras tal vez? ¿Menos melodramáticas? Yo no podría ser más real que cuando escribo en este pedazo de espacio. Incluso esas historias, esos cuentos que los mezclo con ficción o con nombres raros, guardan mas de mi que las cartas en que trato de parecerte normal y completamente equilibrada.
Me agradan los domingos que no voy a trabajar, hacer el desayuno, llevarlo a la cama en una fuente de madera, saborear cada uno de mis antojos mientras veo televisión y el medio día llega perezoso. Son en mañanas como esta en que no necesito a nadie, ni a quien servir, ni a quien agradar, ni con quien pelear. Son estas mañanas las que me hacen querer permanecer soltera el resto de mi vida. Qué desperdicio dirías…si, lo pienso yo también. Tengo un espíritu oculto de dama complaciente con el que trato mal que bien de luchar.
Lloro esta mañana como llevaba tiempo sin hacer, es una lluvia fina sin sollozo, que en unas horas hará ver mi rostro escampado de cualquier ansiedad pasajera. Un rostro saludable y casi feliz. Lagrimeo a propósito sin detener los riachuelos de lágrimas que me quitan el carbón de los ojos. Me aseguro de llamar a mi madre antes que la tristeza me aceche, así no se preocupará si luego oyera mi voz extraña y mi nariz tupida por el teléfono al llamarme por sorpresa. No podría hacer eso. Lo primero antes de deprimirse es no hacer daño, daño a nadie, menos a mi madre.
Ella no entendería que lagrimear una vez al mes me parece un acto saludable y de retorno a la cordura. La última vez que lo hice fue en un cine, al inicio de una película, completamente sola como lo hago a menudo. Mostraban el anuncio del Delfín, esa película para seguidores de gurú que jamás iré a ver. Había una frase que me golpeó de pronto como de otro mundo. ¿Alguna vez has deseado algo con todas tus fuerzas?
Sí, lo he deseado. Cuán lejos estaba del camino por lograrlo en ese momento. Cuánto me había alejado de lo que de verdad quería. Me sentí en esa butaca del cine, una cobarde, una parte del 99% de personas que abandonan sus sueños por miedo. Una víctima de mis temores. Una de esas personas de las que yo me burlo a menudo interiormente, mirándolas con desprecio por encima del hombro. Pobres losers… Sentí de pronto mi carrera como una ruta fácil en donde no había riesgos ( irónico verdad?)
Era fácil ser médico, esforzarse, estudiar, seguir un camino cuando ya está trazado. Lo difícil era hacer algo totalmente nuevo, hacerse el camino uno misma. ¿Podría hacerlo yo algún día? En medicina sabía siempre que peldaño estaba encima de mí, residencia, maestría, doctorado, algo de investigación, lo que sea que te levantara por encima de tus compañeros narcisistas.
Yo elegí precisamente la rama de la medicina en la que jamás tendría tiempo para nada. O me dedico al 100% o los pacientes se mueren, así de simple. No hay tiempo para romanticismos. Mi imaginación parece cercenada de tajo mientras paso 12 horas del día en el hospital y las 12 horas del día restantes, pensando cómo hacer para resolver los problemas que han surgido durante el día. E incluso haciéndolo soy mediocre, como la mayoría, diré. Aparento hacer muchas cosas y ser buen médico (quizá lo soy) pero nada de eso me da una emoción particular. La gente vivirá sin ayuda de nosotros si es que tiene que vivir. Yo solo soy un instrumento. No me emociona serlo, el crédito siempre es de otro…
La medicina no me logra hacer feliz, esforzarme en pos de algo que no deseo.
Me aferro a los tiempos. En un mes estaré en otro hospital en 3 meses de vacaciones, en 4 en otro país (espero) En 6, en 12…en 36…y mi vida se va acabando mientras quedan asentadas en mi cabeza las historias que no escribiré. Que no podré contar en público. Que jamás nacerán. Se van quedando en mis dedos los sueños que trasladaré tal vez a una hija, a alguien más que tenga el valor de hacer las cosas diferentes. De no trabajar para vivir, de no vivir para trabajar.
He dejado de llorar, mira qué fácil es. No era un gran drama, solo necesitaba admitirlo. Que no me gusta mi vida. Que no me agrada la idea de ser médico nada más y que eso deba llenarme. He perdido a Claudio, ¿no debería haberme enseñado eso algo? Cada vez que miro hacia atrás veo ese punto de no retorno. ¿No debí abandonar todo e irme con él a intentarlo aunque sea? ¿Que me daba mi carrera en ese pueblo de mierda llamado Tierra del Olvido? Un sueldo fijo, un curriculum…cosas que no me interesan. Me he quedado por miedo a seguir intentándolo, con él, con cualquiera. Es fácil quedarme aquí, depender de una carrera que algunos juzgan admirable. Fácil darlo todo por perdido.
Es fácil nunca irme. Quejarme. Quedarme...y sentir que mi mente como una paloma hecha de barro, es moldeada, cortada, pervertida con ideas que no me pertenecen, mientras voy olvidando mis sueños, las cosas que me hacen feliz. Soy lodo en este momento, las formas se han perdido.
Basta un pequeño espacio de tiempo para volver a verme al espejo y darme cuenta que no soy lo que la gente ve en mí. No soy ni médico, ni mujer, ni buena gente. Me veo al espejo y veo lo que no me atrevo a ser, me siento mal entonces, una farsante. Alguien que se traiciona a sí misma, una cobarde. Pienso en las cosas que escribí hace tiempo, en lo que ya no haré más.
Lo sé, hoy me estoy auto flagelando y detestas que lo haga. Que me golpee a mi misma más duro que el resto. No soy perfecta dices, ya lo debería aceptar. Lo sé, pero me jode ser menos de lo que puedo ser. Me jode, volver a llorar por cosas que no puedo resolver.
Dime ¿cuando tendré el valor de desaparecer? ¿Cuándo de irme y dejar este disfraz de niña correcta? ¿cuándo podré demostrarme que puedo correr mas lejos de lo que dictan mis pies?
Deberías leer el blog mas seguido, sabrías que mi vida cotidiana, la que te cuento siempre, del hospital al gimnasio, del bar de los sábados al cine de los miércoles. De mi cama destendida a la cama de alguien mas, solo es la parafernalia inútil de alguien que se busca a si misma y no se atreve a irse a ir mas allá de lo que le dijeron que era seguro. De esa caja de cristal perfecta en donde destroza sus alas tratando de escapar.
He ahí el problema mi querido amigo, mi gran problema de siempre.
Un abrazo.
Suena: Smells like teen spirit /Nirvana.
4 comentarios

Entradas más populares de este blog

"El VIAJE"

Muriel subió al bus con la ropa suelta para viaje, con la almohada pequeña para apoyar el cuello el resto de la noche y con el antifaz oscuro, por si encendían las luces del pasillo durante su sueño. Sería un viaje largo y cansado, aunque no era el primero de ese largo año viajando por el país; si tuviera dinero, me ahorraría 15 horas de viaje con un boleto de avión- pensaba ella con su pesimismo habitual.

Subió última al bus y todos se la quedaron viendo, por su indumentaria rara de polera suelta y pantalones de pijama, la almohada, la botella de agua mineral y el bolso que se desparramó con discos y hojas sueltas por el pasillo, al subir. La terramoza vestida con minifalda y pañuelo al pecho, la ayudó a comodarse en su asiento al lado de un tipo obeso de labios pequeños. La reprendió con una fría amabilidad por su retraso en subir.

El hombre del asiento vecino apenas si la saludó cuando ella se sentó a su lado, entretenido como estaba mirando por la ventana a la gente que se despedía …

Poniendo el Pecho

Lo peor que me pasó llegada la pubertad no fue la menstruación, fue tener que usar sostén. Eso acabó con la libertad de mi cuerpo, fue el primer símbolo de que yo era una mujercita que debía ocultar su crecimiento.
Las demás niñas hablaban de que usaban "formador" y yo no entendía la palabra, que la relacionaba con algún aparato de ortodoncia. Creía que a mi jamás me pasaría eso; pero un día mis pechos empezaron a crecer y dos botones asomaron tímidos bajo la blusa escolar, sin que yo pudiera hacer nada al respecto. Quise usar camisetas, frotarlos para que los pezones no estuvieran puntiagudos, pero nada daba resultado; del tamaño de dos chapas de coca cola, mis pechos empujaban por ver la luz. Yo me mantuve terca en no usar nada debajo de la blusa, pero los muy canallas seguían creciendo. Lo peor de todo: Dolían.

Si, recuerdo ese roce doloroso contra la camiseta escolar y mojarme con agua fría en las noches, para que dejaran de doler por el roce contra la ropa. Finalmente ten…

Olor a hembra

Hoy recordé a qué huele una mujer...Me refiero a una mujer normal...sin perfume, sin artefactos, sin nada. Que perturbador. Millones de recuerdos vinieron a mi, allí desnuda bajo la frazada tibia, la sábana enrrollada en los pies, inmóvil con las manos en el vientre, esperando como un capullo. Como alguien muerto.

¿De dónde sale ese olor? Me pregunté. ¿Emana de su cuerpo, su pecho, su piel? ¿No lo calman el jabón, el perfume ni las cremas? ¿Puede ser tan imperceptible como intenso? Algo a lo que te acercas y te marea, te tumba de la impresión de no ser ningún olor conocido.

Trato a diario de cubrir mi olor, me avergüenza, pues me identifica. No creo que hieda, es más alguno que otro hombre ha comentado que mi olor natural es rico..delicioso según el más poético. Un olor que aguarda aquí cerca del cuello, en la nuca, por los hombros. Un aroma de mujer que me va cubriendo como un disfraz invisible, mientras aguardo al acecho. Un perfume tuyo, exquisito- dicen con ensayada destreza.

Yo ento…