Ir al contenido principal

Lo que escribí ayer

Ella volvió a casa arrastrando los pies - y cuando hablo de ella es que hablo de mí por si no lo haz notado- haciendo aquel ruido intencional en la calle vacía, pero nadie volteó siquiera a mirarla.
Ella iba queriendo llorar, pero ni una sóla lágrima asomó a sus ojos. Hace mucho que no lloraba.
Debe ser la vejez- pensó- debe ser que de viejos ya hemos desaguado tanto las penas que ni las lágrimas vienen en nuestro socorro. Porque llorar era la única forma de zafarse que tenía de aquello que la hostigaba tanto, a veces el sexo o la escritura, pero los dos últimos habíanse vuelto placeres tan elaborados y de tantos requisitos, que prefería pagar al cash con un par de lágrimas el precio de su melancolía.

Era una tarde triste que duda cabe. De pronto se dio cuenta que había pasado ya muchas tardes como esa en su vida, tardes en el total desamparo, mirando sin mirar a las personas, viviendo sin vivir en este mundo, flotando en medio de la gente envuelta en esa pena gris y húmeda que borroneaba todo huella de lo tangible.
Podía recordarse a si misma yendo por varias calles similares, en varios sitios similares, vagando sin rumbo casi a punto de pedir auxilio. Nunca hablaba, ¿para que hablar? El drama se vivía mejor por dentro; sin murmurar siquiera, sin explicarle a nadie las razones de su dolor mas profundo, de su lucha interna para salir a flote, de sus millones de elucubraciones sobre que le deparaba el futuro o si es que había algún futuro.
Hay veces que deseo encontrar a mi madre en una esquina cualquiera. Es decir cruzarme con ella como un transeúnte mas y al reconocerla tirarme en sus brazos y pedirle que me despierte de esta pesadilla, pues ya no puedo mas con estos largos silencios en que me hago la fuerte. Pedirle como si fuera niña que me solucione de un soplo los problemas o que halle a alguien que lo haga, porque a veces no puedo. No puede.
Ella es quien no puede.
La calle se va volviendo de plastilina y miles de brillos van desdibujando las cosas hasta perderla dentro de sí. De pronto ella se siente una mancha oscura en el paisaje colorido, un punto ciego de enorme vacío, su corazón es la extraña puerta a una dimensión sin límites de gente esperando en silencio. Fantasmas callados que apenas levantan la mirada a su paso. Está en el umbral de la melancolía.
El viaje a casa se va haciendo largo y fatigoso, clama por una lágrima que la despierte, pero no hay nada. La edad le ha dado la experiencia para ahogar rabias y penas por igual en ese pozo oscuro que es la inconsciencia. ¡Que vago parece todo ahora! la irrealidad se apodera de ella, el viaje a casa podría tardar horas, la vereda es kilométrica y ella se siente tan, tan cansada, que podría dejarse caer en cualquier parte, pues su cuerpo ha dejado de pertenecerle, es apenas un disfraz doloroso que no le calza bien.
Está a punto de desvanecerse, de hacerse nada. Ella y la melancolía son una sola esencia ahora. Nada importa, podría dejarse morir. ¿a quién le importaría? El universo es una llanura amplia de gente que camina en la búsqueda de la muerte. Los ve caminar en grupos, sin que ellos la vean. Desarropados, carentes de toda emoción, grises como ella. Su aspecto es gris y oscuro como el de todos los otros, de pronto y sin darse cuenta sus dedos tropiezan con una colorida bolsa de gomitas que brilla dentro de su abrigo con una luz infantil. ¿puede ese pequeño objeto devolverle un rasgo de placer a la vida?
Observa la pequeña bolsa los colores, en ese mundo gris en el que se mueve ahora ¿qué podría ser mas extraño que una bolsa de caramelos? Se los mete todos de un golpe en la boca, como si fueran la medicina que le va a devolver el gusto a la realidad, pero no pasa nada. Su lengua a dejado de sentir sabores, texturas. Se acaba de dar cuenta: Ya es adulta y está muriendo.
Se dirige flotando hacia el ascensor sin saludar a nadie, siente tanta agonía que teme por la apariencia de su rostro derretido de rímel y labial, envejecido por la falta de fé. Entra con los ojos cerrados pero una vez dentro se observa repetida en todos los espejos, su cara sigue siendo la misma y el cabello desacomodado rodea la cara de una persona menor, que tal vez podría ser su hija o su nieta. Ni siquiera lleva maquillaje.
Abre la boca, grande como para buscar el alma que ha perdido. Solo las iridiscentes gomitas brillan sobre su lengua oscura. No puede dejar de mirarlas, tiene pequeños osos descuartizados diluyéndose en colores neón entre los dientes. Por un momento su destino siniestro ha desaparecido.
Que frágiles somos todos, piensa. Que frágil es también la dulzura.
La puerta del ascensor se abre y ahí está ella, repleta de realidad ahora, con la llave en la mano buscando su propia casa. Su castillo como lo llama, la albergará por unas horas de la persecución del mundo. Diez pisos abajo oscura y sin piedad la calle, la observa paciente esperando con su tristeza volver a devorarla.
1 comentario

Entradas más populares de este blog

"El VIAJE"

Muriel subió al bus con la ropa suelta para viaje, con la almohada pequeña para apoyar el cuello el resto de la noche y con el antifaz oscuro, por si encendían las luces del pasillo durante su sueño. Sería un viaje largo y cansado, aunque no era el primero de ese largo año viajando por el país; si tuviera dinero, me ahorraría 15 horas de viaje con un boleto de avión- pensaba ella con su pesimismo habitual.

Subió última al bus y todos se la quedaron viendo, por su indumentaria rara de polera suelta y pantalones de pijama, la almohada, la botella de agua mineral y el bolso que se desparramó con discos y hojas sueltas por el pasillo, al subir. La terramoza vestida con minifalda y pañuelo al pecho, la ayudó a comodarse en su asiento al lado de un tipo obeso de labios pequeños. La reprendió con una fría amabilidad por su retraso en subir.

El hombre del asiento vecino apenas si la saludó cuando ella se sentó a su lado, entretenido como estaba mirando por la ventana a la gente que se despedía …

Amante Ideal

"Alguien que conozca todas tus mierdas y no te joda por eso. O mas bien que te joda, pero que te joda bien" Esa es la definición que él me da cuando le pregunto quien sería su amante ideal. Me río entonces, como no lo hacia hace días. Es refrescante poder discutir sobre sexo en voz alta. Llevo un par de semanas pensando que le he perdido la curiosidad a enfrentar  tener nuevas relaciones, cada vez que llego al asunto doy un largo rodeo y cambio de tema.

Tengo que reconocer que la vida se pone mejor cada día, tan mejor que espero con ansia que me despidan del trabajo para poder invertir todos mis ahorros en un viaje que dure un par de años por territorios desconocidos.
Luego pienso en la salud de mis padres y me deprime la idea de que no podría irme sabiendo que aun me necesitan.  Que no sabrían a quien llamar si algo malo sucede. A cierta edad si no haz hecho todo lo que se te vino en gana te terminan atando el amor por  los hijos o los padres  eternamente a casa; ante cualq…

Poniendo el Pecho

Lo peor que me pasó llegada la pubertad no fue la menstruación, fue tener que usar sostén. Eso acabó con la libertad de mi cuerpo, fue el primer símbolo de que yo era una mujercita que debía ocultar su crecimiento.
Las demás niñas hablaban de que usaban "formador" y yo no entendía la palabra, que la relacionaba con algún aparato de ortodoncia. Creía que a mi jamás me pasaría eso; pero un día mis pechos empezaron a crecer y dos botones asomaron tímidos bajo la blusa escolar, sin que yo pudiera hacer nada al respecto. Quise usar camisetas, frotarlos para que los pezones no estuvieran puntiagudos, pero nada daba resultado; del tamaño de dos chapas de coca cola, mis pechos empujaban por ver la luz. Yo me mantuve terca en no usar nada debajo de la blusa, pero los muy canallas seguían creciendo. Lo peor de todo: Dolían.

Si, recuerdo ese roce doloroso contra la camiseta escolar y mojarme con agua fría en las noches, para que dejaran de doler por el roce contra la ropa. Finalmente ten…