Me aguanto todas las cosas que tengo por contarle, sólo porque no deseo escribirle una carta triste. ¿qué sé yo del mundo al fin y al cabo?

Los copos de nieve caen pesadamente en mi recuerdo volviendo blanca cualquier nostalgia. Mi invierno es crudo, pero taciturno, miles de mañanas grises envuelta en ropa de cama, hilando y volviendo a deshacer esas historias que no te he contado.

Me quedo en casa y finjo que no hay escaleras para bajar de mi castillo. He soñado esta noche mas de lo que debería, tiras largas de amor y pesadillas. Gente extraña rondando a la orilla de mis fantasías ¿Qué es la realidad cuándo paso la mayor parte del tiempo dormida?

Me aguanto escribirte una carta porque no sabría de que contarte, ya sabes de las quejas sobre mis vanos amigas, sobre la ausencia de amor, sobre mis migrañas. Ver películas eróticas ha acrescentado en mí el deseo de volverme esbelta y siempre dura por fuera, aunque no lo logre ya por dentro. Y jamás te contaría de los problemas menores, las cuentas, la hipoteca, los pagos. El hecho que no me haga bien el sexo, que no me haga bien ya nada. Cuanto necesitaría ser necesitada y cuanto bien me haría, no tener que escribirte.

Nuestra amistad es larga y lleva muchos años, pero a veces sólo quisiera que me des un abrazo entre esos dedos amarillos y me acunes hasta que tenga fuerzas para salir al ruedo de nuevo, para fingir que soy mas de lo que digo. Que SOY solamente, tu sabes como es eso.
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