Ir al contenido principal

¿De qué escribe una mujer cuándo está ovulando?

¿De qué escribe una mujer cuándo está ovulando? Intentaré responderme sin que muera nadie en la sala a mitad de párrafo, estoy de guardia y en guardia. Hoy la muerte pasea por los corredores ignorando mi estado hormonal, mis miles de dudas, la ansiedad usual de cuando estoy a la espera.
Jamás como ahora seré tan consciente de mi género, de esa diferencia absoluta que ataca el ambiente usual y rudimentario en emociones, de mis compañeros de trabajo.
Estoy ovulando, pensaba en esto mientras caminaba de regreso aquí, lanzando mi manzana al aire, entreteniéndome en sus volteretas para olvidarme un poco de lo que pasa en mi cabeza, en mi pecho, en cada tendón de mi cuerpo cansado. No pensaba en que escribir, pensaba en mí, egoístamente en mí, en mi bienestar, en las cosas que aun rodeándome no logran hacerme ni bien ni mal. Tan profundamente arraigada estoy debajo de mi ropa multicolor, de mi guardapolvo blanco, de mi piel, uñas y cabellos, aquí oculta dentro de esta envoltura que usualmente no llega a agradarme, abrigada como una pequeña mariposa sin ánimo de salir a la luz, que olvido que allá afuera hay gente interesada en escucharme.

¿De qué quieren que hablen? Es mitad de mes, usualmente a estas alturas se hace mas palpable la necesidad de un abrazo o alguien calentando la cama antes de dormir. A estas alturas del mes la música me parece mas agradable y me desconcentro durante las visitas médicas pensando en donde quisiera estar, elucubrando pequeñas fugas de casa, para cambiar de clima, de ambiente y lugar. Y la melancolía me atrapa cuando el suave rastro de algún aroma que me hace evocarte sirve de hilo conductor a ese recuerdo que creía enterrado.

Me enternecen los sonidos, el rozar de los dedos, las películas con imágenes difusas. Me enternece el día y me enamoro repentinamente de lo inusitado de existir. A mitad de mes tengo tanta esperanza como desespero en tener a alguien a mi lado. A veces sirven los recuerdos y paseo contigo de la mano por los parques bulliciosos o en el silencio contemplativo de los escaparates. Juego a que eres mi fantasma y te sueño compartiendo mi conversación interna sobre lo que me pasó hoy o las cosas que espero del mañana.

A veces sin embargo, en esta parte del ciclo me abruma la duda de si te gusto o no, de si soy suficientemente buena, de si tal vez estoy soñando demasiado, o con demasiadas personas. Y es entonces cuando mas me multiplico en las mujeres de las que estoy compuesta y se me hace un lío la vida, pensando que jamás me conocerás y si es que eso de verdad importa, si yo aun no te conozco realmente ¿quién eres? ¿qué eres? Me siento insegura, frágil, hecha polvo. Poca cosa, con ganas de gritarte de una vez que me dejes ahora, antes que me conozcas más y te des cuenta que no sirvo ni para la mitad de las cosas en las que parezco estar llena de destreza. Me dan ganas de abrirte los ojos y decirte que lo sé, sé que no me querrás como yo ya quiero quererte. Me desarmo, me muero, pierdo la fe, soy consciente de mi impaciencia y solo quisiera estar en cama y dormirme para soñar contigo, porque sólo en los sueños las personas que queremos, nos quieren como queremos que nos quieran.

No sé de que rayos escribe una mujer cuando está ovulando, mientras ve tomando conciencia que se vuelve mas mujer que siempre y se le hace visible ante el espejo cada centímetro de su piel floreciendo a la espera de algo que no llega. Porque, se vuelve visible todo ese deseo, esa mirada con brillo que invita a no bajar la vista, la boca humedeciéndose sin causa a mitad de una conversación vana, los movimientos de cabello, coqueteando con la vida, como si cada trozo de ésta fuera de pronto a hacerle el amor en cualquier movimiento.

No puedo explicar lo que se siente cuando una mujer está ovulando, porque ahora mismo mis pensamientos son fuegos artificiales, que apenas si logran iluminar fugazmente la oscuridad de mi ignorancia usual. Tal vez me hago más sensible a la belleza, tanto como proclive a la melancolía absoluta y así voy caminando en la cuerda floja de vivir un drama o una epifanía diaria, si es que logro o no vislumbrar un poco de cariño a mi paso por la vida.

Es mitad de ciclo y esta esperanza mezclada con total desespero por no saber quién me ama, me eleva por los aires sin dejarme poner pie a tierra un solo instante. Soy una cometa ahora, una cometa de colores elevándose por en medio de un cielo de tormenta.
Publicar un comentario

Entradas más populares de este blog

"El VIAJE"

Muriel subió al bus con la ropa suelta para viaje, con la almohada pequeña para apoyar el cuello el resto de la noche y con el antifaz oscuro, por si encendían las luces del pasillo durante su sueño. Sería un viaje largo y cansado, aunque no era el primero de ese largo año viajando por el país; si tuviera dinero, me ahorraría 15 horas de viaje con un boleto de avión- pensaba ella con su pesimismo habitual.

Subió última al bus y todos se la quedaron viendo, por su indumentaria rara de polera suelta y pantalones de pijama, la almohada, la botella de agua mineral y el bolso que se desparramó con discos y hojas sueltas por el pasillo, al subir. La terramoza vestida con minifalda y pañuelo al pecho, la ayudó a comodarse en su asiento al lado de un tipo obeso de labios pequeños. La reprendió con una fría amabilidad por su retraso en subir.

El hombre del asiento vecino apenas si la saludó cuando ella se sentó a su lado, entretenido como estaba mirando por la ventana a la gente que se despedía …

Poniendo el Pecho

Lo peor que me pasó llegada la pubertad no fue la menstruación, fue tener que usar sostén. Eso acabó con la libertad de mi cuerpo, fue el primer símbolo de que yo era una mujercita que debía ocultar su crecimiento.
Las demás niñas hablaban de que usaban "formador" y yo no entendía la palabra, que la relacionaba con algún aparato de ortodoncia. Creía que a mi jamás me pasaría eso; pero un día mis pechos empezaron a crecer y dos botones asomaron tímidos bajo la blusa escolar, sin que yo pudiera hacer nada al respecto. Quise usar camisetas, frotarlos para que los pezones no estuvieran puntiagudos, pero nada daba resultado; del tamaño de dos chapas de coca cola, mis pechos empujaban por ver la luz. Yo me mantuve terca en no usar nada debajo de la blusa, pero los muy canallas seguían creciendo. Lo peor de todo: Dolían.

Si, recuerdo ese roce doloroso contra la camiseta escolar y mojarme con agua fría en las noches, para que dejaran de doler por el roce contra la ropa. Finalmente ten…

Olor a hembra

Hoy recordé a qué huele una mujer...Me refiero a una mujer normal...sin perfume, sin artefactos, sin nada. Que perturbador. Millones de recuerdos vinieron a mi, allí desnuda bajo la frazada tibia, la sábana enrrollada en los pies, inmóvil con las manos en el vientre, esperando como un capullo. Como alguien muerto.

¿De dónde sale ese olor? Me pregunté. ¿Emana de su cuerpo, su pecho, su piel? ¿No lo calman el jabón, el perfume ni las cremas? ¿Puede ser tan imperceptible como intenso? Algo a lo que te acercas y te marea, te tumba de la impresión de no ser ningún olor conocido.

Trato a diario de cubrir mi olor, me avergüenza, pues me identifica. No creo que hieda, es más alguno que otro hombre ha comentado que mi olor natural es rico..delicioso según el más poético. Un olor que aguarda aquí cerca del cuello, en la nuca, por los hombros. Un aroma de mujer que me va cubriendo como un disfraz invisible, mientras aguardo al acecho. Un perfume tuyo, exquisito- dicen con ensayada destreza.

Yo ento…