Bonita

Si me miraras hoy, pensarías que soy bonita. No porque algo haya cambiado en mi aspecto, son las 7 de la noche y acabo de despertar algo cansada. Lo digo porque al mirarme al espejo sentí que era exactamente el ser que deseaba ser hace algún tiempo mientras crecíamos.


Por eso no me peiné, ni me maquillé, ni intenté arreglarme. Por eso no salí a la calle a buscar algún café perfumado de canela que me devuelva el gusto por volver a la civilización. No, no quería romper el hechizo, salir a la calle y sentir que debo sujetarme el pelo, aclarar las ojeras, ponerle carmín a los labios o quitarme la ropa holgada para que alguien me aprecie un poco. No salgo a la calle porque a lo mejor reconozco al caminar por la vereda que soy igual a un montón de muchachas sin nombre de por aquí, con el pelo y la piel oscura, la mirada indiferente o los labios gruesos.

He pensado que me verías bonita no por esa belleza subjetiva que surge de cuando alguien se siente feliz o despierta enamorado. Pienso que ha llegado el momento entre nosotros que buscaba; ese en que los hombres dejan de ver bonitas a las mujeres por la apariencia física que presenten en la primera cita. Pienso sin asidero real que nosotros ya hemos tenido muchas; que después de tantas y de todo lo que has leído sobre mí, o lo que has visto ya no quedan muchas interrogantes por resolver, cualquier dilema está resuelto y sin embargo, después de tanta hojarasca aun quedaría una persona bonita por contemplar.

¿Qué es lo que hace a una mujer bonita para ti? ¿Su determinación, su falta de miedo, su desenfado? Me lo he preguntado tantas veces. Cuando al despertar del amor una mujer tiene la frente perlada, los labios y los ojos entreabiertos, la cabellera despeinada ¿no es acaso su mejor momento? O tal vez sea el único, en que una mujer se siente bella o puede creer cuando se lo dicen. Nace su belleza real, no la estética. Esa mujer acaba de dominar al mundo rindiendo el suyo. Eso es perfección.

Me veo al espejo y me quiero como podrías quererme tú. Deberías mirarme ahora, antes que sucumba al malévolo hechizo de mirar para adentro y surja la mirada esquiva, la boca de sonrisa rota y el desaparecer de mis colores tiernos.

Hay un momento antes de que la oscuridad llegue, en que por unos minutos todo parece brillante y perfecto, el cielo se llena de nubes incandescentes de un rosa sobrenatural y el aire se torna fresco. Es ese momento el que siento ahora frente al espejo. Luego vendrá mi momento gris, de cielos borroneados y nubes negras surcando la mirada; mi rostro feo, monstruoso en su agonía, pero eso ya lo sabes, lo has visto tantas veces, que no necesito describírtelo.

La noche es de un negro aterciopelado y con olor a lluvia en los caminos. Deja que descanse tu mano en mi mano mientras dure frágil mi belleza.
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