...También podría ser que no me conozco, que nadie me conoce. Que ignoro lo que soy y de que estoy hecha, tal vez ese sea el verdadero dilema. Pero a quien le importa, estamos a puertas de Junio y yo no hago más que quejarme, debe ser el frío que me tiene así, malhumorada, medio triste. Debe ser que estos días todo el mundo se fue de viaje, o tiene pareja o consiguió un empleo agradable, menos yo. Yo que estoy esperando cuando termine esta agonía y empezar de nuevo el trabajo de guerra, otra vez lo que conozco tanto: estudiar, correr, amanecerse.

Quisiera pensar en cosas bonitas, pero este clima, esta humedad que cala en lo profundo de los huesos, a veces yo también me siento una Olivia Sánchez, a veces yo también siento que es invierno acá dentro y que solo caen hojas secas de este corazón demasiado nudoso y antiguo.
Es irónico que cuando esté feliz no escriba, que solo lo haga cuando estoy a solas, sin nadie a quien contarle nada. Es como si la repentina soledad me forzara al teclado, al escrito, a la introspección más huachafa. A buscar respuestas a preguntas que siempre se muerden la cola.
Me fuerzo a escribir algo menos triste, pero debe ser el clima. Este clima del diablo que me hace sentir melancólica y cansada. Mi viejo dice que es la presión, la presión atmosférica la que nos pone así, a él le da por fumar, en invierno fuma más temprano. Fuma justo en ese instante en que el día cambia a noche, en ese momento en que el cielo tiene el color de lo aplastante del día. Ese momento en que solo puede protegerlo un cigarrillo. Yo no fumo, pero quisiera un vicio. Un vicio que me haga olvidar lo sola que me siento a veces cuando el día varía de la claridad a la noche. Es una necedad, lo sé. A lo mejor solo necesitaba decirlo. Decir que necesito de algo que me llene cuando me siento así, repentinamente sola.

El otro día mientras estaba en cama, pensaba en como pasaban los días. Los días buenos y los días malos, ambos son iguales, solo el uniforme cambia. Como si fueran miembros de un mismo batallón preparado para una guerra que no sucede. Cada día es un soldado que parte al frente a luchar contra el destino. Sale a veces con traje de fiesta, otras con traje de guerra. Ningún soldado vuelve al regimiento.

Y así en la lucha diaria de sobrevivir a mis días malos y mis días buenos, a veces voy pensando que me vuelvo eterna. Un fósil, un elemento mas en la decoración diaria de este mundo extraño. A veces me dan ganas de que bajen el telón, de que saquen todo, me da ganas de quedarme en un planeta desierto y buscar a un Principito que me de soluciones simples a problemas que parecen complicados. A veces quisiera descansar sobre una piedra, morirme, mimetizarme con ella. ¿A quien le importa en que se convierte un martillo? ¿A quien le importa que estoy hecha? He vuelto solo para decir que estoy cansada de mí, no es Abril, pero los días parecen mas tristes que siempre, debe ser el preludio de Junio, de un Junio que nunca llega.


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