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El personaje


Tenía alrededor de 18 años cuando lo conocí, yo jamás había besado a nadie y gustaba de tan pocas personas que ya se había vuelto un hábito inventarme amores irreales con personas de fantasía, que jamás conocería. Él era menudo, aunque yo tampoco era muy grande, pero recuerdo que en alguna caminata mire su hombro y su cara a contraluz y me pareció un ser extraño de 2 dimensiones que habitaba en una hoja de papel amarillo.

No supe como me enamoré de él o si lo hice, mi mejor amiga me trenzaba el pelo mientras le contaba del hombrecito de traje raro que me había empezado a gustar en clases. Ella me trenzaba el pelo y yo sintiendo sus manos regordetas en mi nuca enmarañada de ideas, me sentía a salvo y hablaba libre de las cosas que bullían en mi pecho cuando él me hablaba desde su humanidad de papel y símbolos raros.

Claudio Morgan ,¡Por Dios nadie se llama así!- me había dicho ella, es como tener a un Gino Leone de novio, ese chico tiene el nombre ridículo de los personajes de un libro de inglés ¿Acaso te invitará también a tomar el té? Yo sonreía entonces bajo los lentes enormes que hacían ver mi cara como la de un abejorro y dejaba de hablarle, para seguir soñando con el momento en que volvería a verlo o si él me vería a mi.

De hecho ese nombre parecía condenarlo de forma inevitable a habitar entre historietas y revistas sin volverlo real, ese pensamiento me apaciguaba. Yo bordeaba los 18 años y me asustaba decidir a quién daría mi primer beso real, prefería seguir viviendo así, dudando entre la realidad y el desvarío de mi último amor adolescente.

Han pasado una centena de años de aquello. Sus dos dimensiones de personaje sin autor, aun se mueven en mi mente bajo la luz amarilla de la calle lluviosa y el invierno cayendo sobre nosotros. Fueron pocas semanas en que imaginé las mil historias que crea la gente que vive esperando. El beso jamás llegó, esperando un correo suyo conocí al que sería mi primer novio. La vida se enredó entonces de tantas formas, que me parece extraño haber llegado a los treinta y seguir esperando un personaje irreal que me devuelva la fantasía de creer en lo inexistente.
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