Los días se pasan en la candidez de la recopilación de recuerdos, de hacer útiles las imágenes que creíamos perdidas, de los sonidos que llegan con el eco de cierta melancolía. Los olores. Sí, vaya que la ciudad la conozco por un mapa de olores diversos y si no olieras a nada también te recordaría. Como una imagen evanescente que me acaricia la piel cuando empiezo a dudar de si realmente sucedió o sucede la vida, como la conocemos. La vida real me refiero, esa en que una pone firme la voz y sigue adelante fingiendo que no importa lo que pase en el camino, hay que seguir caminando.

Los días se pasan así recordando, seleccionando que recuerdos buenos tener o si debería seguir recordando. Porque los buenos momentos no deberían llevar rostros, ni nombres, ni direcciones. La sensación que permanece en el recuerdo es lo importante; pero que egoísta de mi parte pueden decir...¿Y qué felicidad no es egoísta? Te recuerdo como deseo recordarte, así bajo mi percepción errada. Las verdades, ni los hechos exactos. La exactitud del tiempo me causa la ansiedad del pasado y el futuro, sin permitirme dejarme seducir por el presente.

Es tarde, ensayaba cosas que decir, porque puede que de tanto no usar mi lengua termine también por desaparecer, desaparecerá entonces no solo el blanco sino también la flecha.
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