Post # 5 : El espejo


Me aproximo al espejo viendo lo redondo de mi iris fijo y negro, mientras en pequeños círculos dejo el rastro de pomadas perfumadas, de esencias varias. Me pregunto entonces la última vez que alguien me vio así ¿Sin maquillaje? – preguntas. No, completamente desarmada, me contesto.

No es fácil siempre estar alerta, hay momentos como estos en que solo me dejo ser. Y no soy más feliz o más desgraciada haciendo abluciones frente a mi espejo. Solo me quedo mirando el reflejo, como podrías mirarme tú, con la curiosidad de un visitante perdido hacia una mujer que no conoce.

La noche se sucede entonces a pequeños sorbos entre dudas y  meditaciones. Muy al fondo del espejo hay alguien que no espera respuestas, solo las preguntas correctas hacia problemas usuales. No sobre la solución al capitalismo, a la hambruna en África o a hallar vacunas contra el SIDA; ese alguien vive esperando la respuesta para problemas íntimamente aplazados, llenos  de una vanidad absoluta.

La piel se deja seducir entonces por caricias pasadas. Dedos agiles sin huella de ningún pasado mejor buscan los pliegues extintos, entre tu boca y mi boca, tu iris y el mío. El rostro oscuro puesto de pie frente al opalescente.  Apenas escasos centímetros  de separación frente a un  durísimo espejo que nunca ofrece alguna respuesta de consuelo.

Surge entonces  una eternidad de tiempo y espacio al otro lado de la imagen que dubitativa me pregunta siempre con frases incorrectas.
 Si,  un vacio inmenso entre mi mirada y la suya.

Quizá la mejor respuesta me sea dada en soledad, pienso; pero ante ese espejo implacable que espera con un mohín de aburrimiento mi próximo movimiento, no queda más que aguardar sin decaer en ánimo ni deseo que alguien, llegado el momento, sea lo suficientemente cercano para cerrarme  los ojos.

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