Yo me siento a ver los aviones pasar.
En el paisaje oscuro de mi ventana nocturna solo las luces brillantes de aviones que vuelven a casa iluminan fugazmente algun pensamiento que me mantenga insomne.

No añoro, pero de vez en cuando alguna imagen del pasado surca también fugazmente mi cabeza, la ilumina como una frágil luz que no se bien de donde viene. Imagenes de momentos precisos cortos, que usualmente no me detendría a coleccionar. La evocación de un perfume, de una calle, de un brillo de sol en los árboles, de una frase cualquiera. el rostro de alguna persona, los labios, las manos de gente que pobló mi vida por instantes que ya no son ni serán.

Me siento a ver los aviones desde casa, en esa casa que ya conoces tanto. Pero no estoy triste, sabes que no lo estoy, solo escribo en negrita cosas que deberían ser olvidadas y entonces te pienso. Fugazmente también, como un nudo en la garganta que no logra desatarse en lágrimas, como una ansiedad pasada, no resuelta, no terminada del todo.


No pienso que vaya a ser posible desandar el camino que ya hemos caminado. No pienso en un futuro ni en un presente, solo pienso en ti como un recuerdo fugaz que se deshace si pretendo tocarlo.

Veo los aviones pasar y recuerdo todos mis retornos, también todas tus idas y que fuimos mas amigos mientras mas lejos estuvimos, como si ese fuera nuestro estado ideal,
Extrañarnos para no odiarnos tanto,
para no hacernos tanto daño,
para dejar ese masoquismo de hacerlo
y devolverlo,
mas fuerte, siempre mas fuerte.

No estoy triste, tu lo sabes. Hemos bajado al zócalo oscuro de un oceánoq ue aun no conocemos y hemos vuelto a flote, no a esa superficie de felicidad artificial que conocen todos como felicidad perfecta, sino a ese estado difuso de estar sumergido y a la deriva, casi sin estirar los brazos, casi sin hacer el esfuerzo de sobrevivir, solo así u n coral perdido mas, un pedazo de placton microscópico que a nadie importa, un cardumen de colores no descritos.

Me muevo entre el agua y el cielo, ahí ubico mis pensamientos, a ti a mi, al amor, al odio y a los sueños.
Me siento frente a la ventana y veo los aviones pasar y pienso una y otra vez que no es estar triste el evocarte, solo es uno de mis ejercicios tontos para conectarme a esa parte mía, que escribe, que piensa, que siente el mundo de una dolorosa belleza casi imposible de soportar por mas que momentos pequeños,
fracciones de segundo,
en que la luminosidad de un recuerdo,
me hace sentir la noche mas inmensa y extraña.
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