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Mujer soltera compra

Hoy mientras hacía las compras semanales me di cuenta como mi antiguo placer de mujer-consumista-soltera- que –bordea-los-treinta, había dejado de ser tal.
Antes disfrutaba mas de los paseos eligiendo la fruta más fresca, los vegetales mas verdes, los cereales mas baratos y el yogurt en oferta. Ahora simplemente trataba de no chocar mi carrita con las otras tantas personas que compraban comida chatarra.

Debe ser que aun no me adapto a comprar en Metro, un supermercado de pasadizos demasiado estrechos, donde todo está mezclado con todo y mas que placer por comprar, da ganas de salir huyendo para que no te pise tanta gente, con tantos niños, con tantas viejas que se quedan media hora comparando el precio de las frutas secas.

Debe ser que antes comprar sola era divertido, pues era una opción. Yo compraba sola la mitad de las veces y el resto recorría mis pasadizos con mi querida Vicha, la mejor amiga que encontré mientras me instalaba en Lima. Como vivíamos con las justas, teníamos que elegir siempre lo mas barato y aquellas cosas que no engordaran demasiado. Era una joda pasarnos una hora buscando todos los productos light, para rematar el día comiendo un plato lleno de papitas fritas- que a ella le salían excelentes- o de galletas de soda con huevos fritos estrellados.
Ahora, es triste comprar sola. Tengo la tarjeta con licencia para sobregirarla, pero no me da la gana. No hay nada que realmente llame mi atención, aparte que descubrí que comprar fruta en los supermercados representa un suicidio a la economía.


Tal vez una de las actividades que mas disfrutaba con el Flasher, era salir de compras al supermercado. El siempre sabía de calorías, de precios, en donde estaba tal o cual producto y no se perdía como yo en el laberinto de los pasadizos de Tottus. Sin embargo lo que mas me agradaba de comprar juntos, era que la gente solía confundirnos con recién casados, pro esa forma en que él ponía su mano detrás de mi cuello, masajeando una nuca que sabía siempre hallaría en el camino a la tensión.

Nunca fuimos pareja, pero era agradable compartir con él, esas pequeñas actividades. A veces me da ganas de decirle a uno de mis amigos que me acompañe a hacer las compras, pero no es divertido cuando llevas a alguien que en su puta vida ha hecho compras para sí solo, porque tiene una madre que lleva la economía del lugar. Llevar a alguien así es cargar con un inútil, que te hará bromas tontas en todo el camino y romperá esa filosofía que tenemos los consumistas, de hallarle siempre la característica de “lo mejor y barato” a cualquier cosa.

Extraño hacer compras acompañada y aunque llamo a mi hermana en esas circunstancias, el hecho de hablar con ella y luchar con el tráfico de carritos llenos, no resulta algo del todo agradable en estos supermercados de pasadizos para gente leptosómica.


Son en situaciones como esta que pienso en Claudio pasando por esta misma circunstancia hace algunos años y el hecho de cada vez que iba a de compras en N.Y compraba antes una tarjeta de larga distancia para preguntarme algo como: Amor que quieres comer hoy?

Ojalá yo tuviera a alguien a quien hacer ahora la misma pregunta.
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