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Mientras Crecíamos

¿Qué hace que alguien te responda?
Me refiero, a ¿qué evento logra disparar el engranaje de personas que te hablan y contestan y de pronto hacen visible su existencia para ti como la aparición de los arcoiris al lado de las caídas de agua?

Yo de niña era tímida y con muchos miedos. Me escapé varias veces de mi primera escuela hasta que mis padres decidieron que no era buena idea seguir insitiendo si igual podía aprender a leer en casa. No me gustaba la relación con otras personas, porque no llegaba a entender el mecanismo por el cual eres o no simpática para otro ser y este otro ser te considera o no su amigo. Yo no tenía amigos.
Yo sólo tenía 5 años y muchas dudas. Muchísimas dudas.

Pasó el tiempo y mi infancia transcurrió similar a la de cualquiera, tal vez por momentos algo mas divertida. Mis amigas eran íntimas, pequeñas cómplices de travesuras arriesgadas más que amigas cualquiera y entonces entendí, que para caminar por la vida necesitas gente con quien compartir no sólo aventuras, sino también secretos, incluso tontos secretos que cuando niño son las montañas escarpadas de mentiras y fabulaciones en donde uno se suele sentir a salvo.

Yo estaba creciendo con poca gente alrededor pero no sufría. Porque mi infancia fue feliz hasta que ese otro acontecimiento que te cambia el caracter sucedió y empecé a crecer, ya no longitudinalmente sino en medidas, armoniosas medidas, que amenazaban mi equilibrio.
¿Cómo es que el crecimiento de un par de tetas puede desestabilizarte tanto? ¿ O la venida de la regla? ¿O la aparición del olor?
Lo del olor era lo que más disgustaba, sentía que todos sabían, que yo había cambiado, que yo estaba cambiando, porque ya no olía como niña sino que hedía como mujer y ese pensamiento era sucio, se hacía visible mi suciedad de pensar para todos, mi Eros crecía vertiginosamente, horriblemente y todos podían saberlo.
Fue en ese momento que lo de soñar caminando desnuda se había hecho realidad.
Era la pubertad, la horrible pesadilla de la pubertad.

Y en ese intermedio de niña a adolescente, de inocencia a culpa. En ese fragmento mi persona se fragmentó  también y parió a muchas más, muchísimas personas más, conectadas conmigo sólo mientras leían un libro o guardaban la atención en un paisaje. Esa era yo, pero no sabía quien era, ni decidía quien terminar de ser. Porque es la forma de crecer que tenemos los seres humanos, una forma extraña, que se abre en ramitas débiles estirándose como brazos al cielo, sólo una de las cuales dará fruta mientras las otras se marchitan en el olvido de lo que No Debió ser.

Y un día mi viejo me preguntó mientras retozábamos en su cama, con esa voz cavernosa y nasal que ponía de cuando acababa de salir de la siesta, ¿Qué cosa era lo que yo más quería en el mundo? Y cómo yo estaba pasando por esa época oscura en que la gente comienza a andar sola, porque todos tus compañeros andan mirandose el ombligo en busca de respuestas y tu andas mirándote el ombligo porque te sientes mas sola y mas miserable que un frijol, yo que andaba sintiéndome así le respondí:

"Yo sólo quiero tener amigos"

Y mi viejo hizo esos largos silencios en que podías sentir una aguja cayendo al piso, en que podías sentir el rumor de la sangre agolpándose en las sienes, en que el sonido de cada célula partiéndose era notorio y monstruoso y el resto de la tarde no volvió a hablar más. Porque no había nada más que decir, porque en ese momento yo sentí que le había comunicado claramente mi miseria, la tristeza que llevaba a cuestas, por no sentirme aceptada, de querer ser aceptada siempre y de que esto jamás funcionara.
Sentí que para alguien como él, con un millón de amigos por la vida, debió haber sido duro oír que su hija menor a la que hacía inventar poesías de la nada mientras conducía el auto, o a la que pedía siempre que cantara, esa que parecía ser brillante y con todo el potencial para ser feliz, simplemente no lo fuera más y que eso ya no dependía de él... tal vez tampoco de mí.

Y recuerdo esa tarde, como hoy recuerdo claramente que mi adolescencia ya pasó hace mas de 15 años y que pude superarla, como supera un guerrero el estrecho de la muerte en su travesía hacia la vida. Pasaron muchas cosas que un día con paciencia, tendré el valor de contar bajo el seudónimo de otra persona y eso me liberará y me hará un poco más liviana la existencia, pero recordaré también que todas esas cosas ya pasaron. Como hoy, que siento que la que creció es apenas la niña Lorena que se mueve dentro de una historieta amarilla.
Como hoy que por momentos me siento ella, al estar de nuevo con mil dudas en la cabeza y por momentos soy otra, la de ahora, la que tiene frío y saldrá a caminar sólo para ver el mar grisáceo moverse lentamente junto a la costa y sonreir por dentro al sentir el aliento salado del mar tocarme las mejillas de nuevo.

No sé que hace que alguien te responda un mail, una carta, un post. No sé que mecanismo es el que lo dinamita todo y hace que personas calladas quieran decirte algo. Acercarse y decirte algo, para que las sientas cercanas y que esa cercanía te torne feliz por unos minutos de lectura, pues sabes que te han tocado como tú a ellos y eso debe ser algo parecido a la amistad.
 No sé como se consigue un amigo para toda la vida, ni como se hacen los amigos, yo he andado sola casi siempre y cuando ocurre que alguien me da su cariño y yo le quiero corresponder con algo, desconozco como hicimos para que esto pasara, como surgió el cariño, la añoranza, o como un día amaneció mas temprano que siempre y yo ya esperaba que tuvieras una respuesta para una de mis preguntas y al comprobarlo me sentí feliz.
 Feliz, como sin duda aún espera mi viejo que yo sea.

Porque ha pasado una vida entera y yo sigo viendo en sus ojos al mirarme esa esperanza marchita, ese ruego, porque las cosas dentro de mi vida hayan cambiado y yo haya dejado de ser la niña que pedía como único deseo Tener Amigos y me haya vuelto la mujer que él en su ingenua ilusión sólo esperaba que creciera Feliz.
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