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Exquisita Miseria

Me encantó el amanecer de hoy, el cielo ocre, de ese color rojizo del medio amanecer en que aun la noche no se despega por completo del perfil de concreto y asfalto de mis días cotidianos.

Hoy amaneció bien, te verde en grandes cantidades y Amy Winehouse por primera vez sonando en mi habitación. Entonces lo supe. Supe que me extrañaba, a mi y a esos momentos de exquisita miseria en que la melancolía me invadía por completo haciéndome escribir y soñar enajenada.
Siempre escribí enamorada, pero no lo supe hasta esta mañana: Tal vez he vivido enamorada de mí toda mi vida, he ahí el punto débil de mis relaciones.

¿Quién podría quererme mas que yo? Disfrutar de mis canciones tristes, de mis pensamientos eróticos, suicidas, egocéntricos. ¿Quién mas que yo? Podría entender que me hace bien estar sola, porque me disfruto a mi misma, como nunca.

Hoy amanecí para leer un libro y me dormí sobre sus páginas repitiendo un te amo, que era para nadie excepto paa mi misma. He esperado el amor tantas veces y aunque ha llegado varias mas, he sentido que era insuficiente para mí, insuficiente para mis expectativas. ¿Quién sería un digno rival de mi? ¿Quién sería el perfecto amante que prefiera verme dormir a hacerme el amor?
He idealizado tanto el amor, que cualquiera que llegue obvio, tenía que ser insuficiente.

Pero vamos, no estoy para culparme hoy. No he caminado 2 cuadras en busca de un computador para escribir lo que siento, ni he encendido mi último incienso para hacerme la víctima en una página cibernética. Hoy estoy casi feliz, melancólica, anhelante, con mñusica en mis oídos y aroma a jabón entre las manos.
Decía que hoy fue un amanecer perfecto, porque no amaneció nunca. Entre las 4 y las 6 de la mañana solo vi el cielo matizarse de colores carmín y sangre esperando un día que sería gris y frío, entonces me abracé fuerte y sentí que me amaba así como era y que tal vez fuera yo la única heroína en mi tira cómica y eso me encantaba, aunque sonara patético.

La Winehouse sonaba a todo volumen cuando entré en la ducha y supe que quería volver a ser yo, despeinada, desnuda, de cuclillas en el piso, escribiendo mentalmente, esas mis malditas miserias, mis dulces excusas para escribir de amor, aunque no conozca por completo esa palabra.
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