Esta tarde me quedé dormida sobre la arena, el olor a bloqueador de coco inundaba el ambiente, cuando me eché a soñar que era niña de nuevo. Son 29 navidades pasándolas en familia con las sobras del pavo para almorzar, con el mar de fondo y la familia hablando de cosas cotidianas a lo lejos.

En 29 de estas navidades siempre he podido darme el lujo de apartarme un momento de todos, para soñar con aquellas personas que ya no están cerca de mí, los amigos que se fueron, los hombres que ya no están, el resto de la familia que celebra a millas de mí. Practicar ese tonto lujo de dedicarles un poco de mi pensamiento en los momentos en que soy más feliz, pues deseo que ellos también lo sean.

Ojala pudiera siempre hacerlo, darme ese tiempo para pensar aunque sea un poquito en todas las personas que han hecho que mi vida sea un retacito más cómodo al paso del tiempo. Ojalá todas las personas que quiero estuvieran reunidas en un solo lugar, pero es imposible, no me queda sino desearles lo mejor del mundo en una fecha que para mi tiene todo de especial: Vuelvo a ser niña, vuelvo a abrigarme del cariño de la gente que me ha visto crecer. Vuelvo a creer que es Navidad e incluso los deseos imposibles pueden realizarse.

No sé si sean suficientes estas palabras, para decir a toda la gente que estimo y me estima que les deseo lo mejor de la vida y lo mejor de sí mismos.

Perdonen el que sea este medio el elegido para decir lo que siento por ustedes, son gajes de la globalización.

Feliz Navidad.
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