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La gente mediocre siempre se anda quejando.

La gente mediocre siempre se anda quejando.

Yo vivo mediocremente.

Me refiero a mediocremente porque nunca hago realidad lo que quiero, o peor aplazo lo que quiero porque no estoy segura de si lo quiero realmente. En verdad, prefiero no hacer el esfuerzo.

Por ejemplo esta casa. Hace meses que trato de irme de aquí, mi vida fue una pesadilla desde que me instalé en esta casa que parece un híbbrido de todos mis departamentos anteriores, vacío, con muebles que no son míos, con ventanas sin cortinas. Con un desorden descomunal, con un dormitorio que es un caos, con varias habitaciones, para no sentir que vivo acinada y sin embargo viviendo en solo una de ellas, en la cama mas chiquita, llena de almohaditas para no darme cuenta que duermo sola.

No me voy de esta casa, porque no se a donde ir. Es mas, si lo sé, pero aplazo el momento poniendo como excusas la falta de dinero o la falta de tiempo.
Detesto vivir aquí, en verdad ya no tiene que ver con que él haya vivido aquí, que hayas vivido de alguna manera juntos. Él se ha ido y todo sigue igual, odio vivir en un lugar en el que no quiero y del que sin embargo sigo aplazando el momento para despedirme.

Vivo mediocremente, por varias razones. Por tener que subirme a una combi o a un micro. Por no poder salir nunca. Por pasar mis fines de semana en casa, por comer en lugares mediocres cerca a mi casa o el hospital, por tener que vestirme parecida al resto, para que no me jodan, para que nadie me diga nada. Por tener que aguantar conversaciones inútiles que no me llevan a nada, con gente igual de inútil que no me aporta nada.

Detesto vivir así. Quejándome. Evitándome el momento de ser feliz, porque soy así. Un parásito de si misma, que pasa la vida reptando una ilusión desgastada de que las cosas y el tiempo se equilibren.

Dentro de 4 días es mi cumpleaños. Es la primera vez que no quiero que nadie se acuerde de mí. Tal vez porque he pasado demasiados cumpleaños esperando mucho de la gente y acostumbrandome a que la gente siempre me da muy poco. Entonces a la mierda, prefiero que lo olviden y olvidarme yo tambien de esperar algo. Algo que me sorprenda, que me ilumine los ojos, que me haga sonreir. Todo es tan patéticamente esperable. Tan tremendamente obvio.

Si vivo mi vida de una forma surrealista, porque tengo que pasar días como estos en que nada sucede alrededor, en que nadie puede sorprenderme nada. Por qué la gente no hace el maldito esfuerzo de salirse del guión y sorprenderme con un giro de la vida, del curso de los acontecimientos?


Vivo quejándome es cierto. Hoy mi primera conclusión fue que me faltaba dinero, mucho dinero para tener una vida cómoda ( no lujosa, solo cómoda) que me hiciera alguito feliz. Pero no. No es el maldito dinero. En realidad tengo ahorrado lo suficiente como para comprar el par de huevadas que harían mi vida mas cómoda ( Un carro? Un Ipod? Una cama de 2 plazas? Una bañera completa?) solo falta la decisión de romper el chanchito.

De romperlo todo. Mis lazos, mis nexos, mi curso de vida tan deplorable y obvia con un fin de semana tras otro, parecidos, casi idénticos, moviéndome en el mismo espacio con la misma gente.


Quisiera viajar, arrancarme. Ese es mi sueño cuando me quejo y me quejo, irme a ninguna parte. No para empezar de nuevo, no para terminar mis días en otro lugar. Solo arrancarme, para dar un giro a la historia, para sorprenderme yo misma de que puedo tomar decisiones que me cambien la vida, de que puedo torcerle el pescuezo a la suerte, hacerla mía. Jugármela. Como con Claudio, sabes? Como esa vez en que fui joven y fui arriesgada y soñé mucho y me tiré a volar y me rompí el cuello carajo, me rompí el corazón...pero que vuelo, señores! que tal vuelo! No he vuelto a vivir así, no he vuelto a sentir eso nunca. Ha valido ese vuelo, todo lo que vino después, la depresión, la gente gris que conocí en el camino, los intentos de morirme. Los intentos de desaparecer entre letras, con nombres diferentes, las fotos sin ropa, las mochileadas, Mariano, las crisis, el miedo. El MIEDO.

Ha valido la pena todo, incluso el volver a sentir miedo. De mí, de mi misma, del camino en el que estaba andando, de la corniza resbaladiza en que comencé a hacer andar mi vida. Lo valió todo.
El fue mi SEÑAL, la señal de que podía ser mas fuerte que eso, que el dolor, que el drama, que el amor, podía sobrevivir a eso. Él ha sido la señal, de que puedo arriesgarme por alguien, por una persona llamada yo misma, porque vamos! el amor no es ese sentimiento beatificado de entrega. La primera entrega en el amor es la de uno mismo. El hecho de comenzar a amarse, a creer en esi mismo, a enamorarse de si mismo y creer en uno, el segundo paso ya es telenovela. Pero el maldito primer paso, es esa fe que le surge a uno de que puede hacerlo todo. TODO.

Mierda, tengo migraña, comencé a escribir para no quejarme con el gurú, pero, no sé aquí estoy, pensando en la mediocridad en la que he comenzado a caminar y a la cual no em acostumbro, pero de la cual tampoco salgo.

Me he vuelto un parásito de mi misma. Mi temor a intentar algo- cualquier cosa- ha acabado con la heroína que todas llevamos dentro, con la mujer fuerte capaz de levantarse a comerse el mundo. Ha acabado conmigo poco a poco, royendo cada día mi voluntad, mi ánimo, mi soberbia ante el destino. He agachado la cabeza y he sucumbido a creeer que la suerte hará por mi, loq ue yo no me atrevo a hacer por mi misma. Que el destino hará por mí lo que yo no me atrevo a hacer. Que seguro hay un Dios que escucha oraciones y el torcerá las cosas para que me vaya bien.

Patrañas!
Pamplinas!
Una mierda!

Ni el destino, ni la suerte, ni un Dios puede hacer lo que uno no se levanta a hacer por si misma.

No que estabamos hechos a la semejanza de un Dios?

Por qué entonces no hacer gala de ese poder y cambiar als cosas para la felicidad de uno mismo? Por qué esperar a alguien más?

Por qué?

No es acaso el creer en alguien mas, en algo mas grande que nosotros, en esa esperanza de redención, una forma de mediocridad, para no aceptar que la resposabiliadd de ser felices pesa única y exclusivamente de nuestras decisiones? Que no somos un rebaño, sino seres individuales capaces de cambiar el rumbo del mundo?

Llámame enferma, loca, un demonio de soberbia, pero ahora a mitad de mi migraña me siento con la lucidez de decir lo que pienso, lo que creo. Mi Dios vive acá dentro y he pecado en no reconocerlo, en abandonar mi fuerza, mi fe en mi misma en pos de la respuesta de un destino, de una suerte que me evade por completo.


La gente mediocre siempre se anda quejando pues. Un día yo me levantaré y dejaré de quejarme. Ese día puede ser hoy. Hoy mismo...me asombra que aun no haya amanecido.
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