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Memorias de un verano en Junio

Al bajar del avión lo único que se me ocurrió pensar es: Al fin en casa, al fin mi idioma! Pero en los altavoces alguien habló en catalán y volví a perder la fe. Aun me quedaba un océano de por medio. El viaje había sido largo y él me esperaba con olor a tabaco en el andén. En ese momento él era toda mi casa.
  • Qué tal Roma? - Me dijo después de un largo abrazo. 
  • Lleno de romanos, repliqué intentando guiñarle el ojo sin quedar bizca por el sol. 

Caminamos rumbo al auto, sin mucha prisa. Me sentía tan feliz de estar de vuelta a su lado que moría por contarle todo lo que me había ocurrido frente a unas cervezas heladas. Era Junio  y el verano apenas si empezaba.

-Ahora te dejo en casa para que duermas bien, que debo trabajar, vale?
-No. Mejor llévame a la playa. Te espero allá hasta que vuelvas.


Una vez en la playa dormí tirada en la arena todo lo que pude. Era una ventaja poder dormir patisuelta sin miedo a que te roben las cosas en las narices. Me quité el sujetador y a nadie le importó. Eso era nuevo. Incluso en el Caribe cuando me quitaba el bikini, había alguien un tanto atarantado por el espectáculo. Aquí nada de nada, yo era una piedra mas, rodeada por agua y seca por dentro. Probar el agua, salada. No querer irme. Pensar por un momento que era el mar a donde yo pertenecía, no a ningún hombre ni territorio, son recuerdos difusos ahora. Quizá era mas joven y recorrer el mundo parecía posible con solo estirar la mano.

Fotos del atardecer, de la gente, de los perros en la playa. Un helado aquí y otra foto allá. Cuando él me sorprendió colocando la cámara  de regreso en la cartera, ya llevaba un buen rato fumando en un café frente a la playa.

El corazón me latía como loco cuando me miró directo a los ojos antes de atraerme en su abrazo, mojando toda su camisa con mi bikini colorido, totalmente empapado.

-Por qué no me avisaste que ya estabas aquí?- Le dije entre sorprendida y avergonzada, pensando que la intención real había sido darme el beso que nos debíamos desde antes del viaje.

-Porque gozaba la vista. Y el mar y el café, por supuesto- Diría después sonriendo, sin quitarme los brazos de la espalda.


Todo en ese momento pareció tan natural que pudo haber sido ese el inicio perfecto de la hermosa historia que necesitábamos ambos para seguir adelante. Pero el corazón no entiende de momentos y nosotros no sabíamos de traicionar nuestra amistad y menos a otras personas. 

Decirle adiós aquel verano es el recuerdo de uno de los abrazos mas largos y reconfortantes que he recibido.

-Me tomas una foto?- le dije en un mohín coqueto  para separarme de él en esa playa.
-Por supuesto, nena.

Y al separarnos mi silueta de sal se quedó mojada para siempre sobre su camisa gris.


Hoy suena: Soft Power-Arcade Fire






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