Diciembre 23

La Navidad se tropezó conmigo sin que yo la esperara mucho. Desde que vivo en Lima la mayoría de fiestas me dejan con un mal sabor en la boca. Demasiado ruido y pocas nueces, eso pienso.

No es agradable que no termine Octubre y ya esté la decoración anvideña puesta como para que te pases los siguientes 2 meses estresada cambiando guardias, ahorrando soles, comprando turnos para poder pasarla en casa...y esto si es que se puede.

Luego con la hazaña ya lograda, tratar de simular una sonrisa que no se vea plástica y sin corazón, llamar por teléfono y decir: Ya llego y escuchar en respuesta algo mas dulce como:
Nosotros llegaremos antes.


Para la segunda quincena de Diciembre había superado mis sentimientos melancólicos, limpiado mi gabinete de cualquier esperanza ingenua en los seres humanos, esa misma que de tanto aguardar se hubiera podrido y contaminado todo mi vestir con su olor a amargura.

Había superado mis días malos, mi retraso menstrual que ya va por el mes de tanta angustiosa cuenta de números, fechas y desfalcos. Incluso había cambiado el árbol de lugar y planeado regalos para las niñas. A veces imagino que podrían ser mis hijas o sobrinas, o simplemente YO esperando un regalo de la gente mas bizarra que haya cruzado sus vidas.

¿Qué pensarán ellas de mí? ¿Qué esperan cuando entran a mi habitación y me abrazan? ¿Por qué su inocencia me afecta y me vuelve frágil e infantil?

Mi triunfo antes que termine Diciembre es haber desterrado a los Toribianitos de nuestro soundtrack navideño. Mi mayor derrota es que algunos de los CDs que compré se repetirían en todas las tiendas a las que entré buscando ofertas y regalos. Me extraña que lo que me gusta mí le guste al mundo. tal vez estoy mal y me he comenzado a parecer a mucha gente. Tal vez en este momento sea más fácil desaparecer o incluso ser olvidada.

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Si me preguntas el porqué de mi aparente desánimo te sacaré de dudas contándote que como hace 8 años empecé navidad con un CD de Silvio Rodríguez, así que mas que triste a lo mejor podría sonarte algo sentimental, mientras vuelvo a casa y cuento cada árbol del camino, cada poste que aun no ilumina el sendero que empredo cada vez que voy de vuelta.

Vamos, perdóname la distracción, que es Diciembre y no he traido mas regalos que mi compañía a tu casa. Mi hablar bajito como cuando estoy cansada, como cuando prefiero oirte y que me cuentes alguna historia, algun cuento antes de dormir.

Me acurrucaré a tu espalda entonces como una vieja pena que no se va del todo y susurraré esos deseos que no nos dijimos nunca. El sol caerá sobré mi pelo como lo hace hoy en las cortinas de mi casa y sentirás a lo mejor el aroma de limón que he tratado de quitarme al volverme mujer, humana, invisible. Olvidarás el hada que me surgía del pecho cuando hablábamos del futuro, mis cuentos sobre cometas fugaces y sobre la Dama con los ojos color de avellana.

Me mirarás ese día e intentaré mirarte como la primera vez, pero tal vez el tiempo nos habrá borrado la inocencia de la cara. Bajaré los ojos y pediré perdón al tiempo por haber dejado que la vida me cambiara. Confío en que no dirás nada y sabrás comprender que dos viejos como nosostros que aun siguen buscando los juguetes bajos los árboles, las estrellas luminosas, los corales mágicos de alguna otra vida, también tienen derecho a pedir perdón y a ser perdonados.

Me abrazarás y te abrazaré y te contaré en canciones que camino he recorrido, sobre los ogros, los dragones y los duendes. Lo que logré superar y loq ue llevo a cuestas. Tu me contarás tu propia historia y yo abriré los ojos enormes, gigantescos e intentaré no llorar. Te abrazaré, te abrazaré mucho amigo mío y en ese momento tal vez volvamos a reconocernos.
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