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Muñeca que regala besos

Yo no soy chick. Así se dice, no?
Yo no soy chick y eso me suena a un beso de mejillas que se da al aire con la trompa estirada y a un "Hola Reina" que suena falso y sacado de alguna revistilla a colores.
Aunque no hay duda que me gustaría serlo, tener los zapatos mas raros en una fiesta, los amigos mas bizarros y los peinados mas estrambóticos. En ese momento hablaría de cosas interesantes y reiría en voz alta para que voltees a mirarme. Tal vez, sólo tal vez te coquetearía, aunque el pudor no es buen acompañante de champagne y bocadillos de jamón que saben a pez crudo; pero quizá lo haría, porque el quizá si es un ingrediente de mi persona.

Entonces repito Quizá, quizá y...di el tercero para que se me facilite la charla.

Hablaba de que no soy una persona elegante y que quisiera serlo, sí de eso hablaba. En realidad de que estaría loca si no deseara moverme en el ambiente que te mueves como un pez pesado de colores extraños; pero yo no sé caminar a tu ritmo ni fingir que puedo. Voy caminando mareada por los focos, como en la canción esa que olvidaste regalarme, pensando si un día nos encontramos en el camino y aún haya temas de qué hablar.

La mañana es fría y mi pie envuelto en sandalias de cuerdas va tomando el ritmo de la música que quisiera mostrarte. Escribirte, es tener un teclado y componer canciones en donde me confieso. Como hoy en que te digo que mi elegancia está en no decir la verdad a tiempo y decir siempre que me gustan más los besos que no me roban.

Mejor acércate un poco que te cuento mis secretos, mientras me invitas un cigarrillo que en realidad no quiero fumar. Esta fiesta está tan aburrida que ver a la gente hablando de cosas que no entiendo me hace no querer participar. Tal vez un comentario como !Yo también! o No puedo creerlo! me harían ver mas comprometida con ellos, pero tu sabes que me gusta dar la contra, mantenerme al margen y jalarme a alguien como tu del grupo a hablarle de cosas menos comerciales.

La economía se va al diablo y en el medio oriente siempre hay una nueva guerra, eso dices mientras te compras una camisa indígena que cuesta mi presupuesto mensual, entonces te envuelves uno de esos que a mí me dan náuseas y me hablas de tu falta de amor. Perdona si no me río, pero ya no me hacen gracia estas huevadas, hay una edad en la que sólo me convendría oir algo de honestidad y no penas envasadas en papel celofán.

Camino en círculos y voy chocando contra tus amigos con copas en las manos, en busca de una escalera que me lleve a algún lugar desde donde se vea el cielo. Por Dios! esta fiesta es tan aburrida que ninguna esfera blanca o luminosa me hará creer que está bien estar aquí. Acompáñame a una ventana y en ese escaparate sin luz hazme creer otra vez que soy la muñeca que te faltaba.

Una muñeca que regala besos. Nada mas que eso.
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