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El beso

Y entonces se dio cuenta que siempre decidía lógicamente... pero en su contra.

Decidir con lógica no era cosa fácil, había que pegarse a lo derecho, a lo justo, a lo correcto.
Palabras todas que no tenían ningún sinónimo con felicidad.


El cielo le pareció mas gris que lo usual, el día mas frío. Se estaba despidiendo como varias veces antes.
No porque quisiera irse, sino porque era lo correcto.

El beso fue corto y sin saliva.
Seco por el miedo y la ansiedad. La lengua de el se movió aspera dentro de su boca, mientras el auto a punto de partir gritaba por su nombre.
El guardia los separó mascullando que era una falta de respeto.
Ella, no se atrevió a responderle, así de atontada estaba... Después de todo era hora de irse.


Cogió las cosas con prisa y se dispuso a partir, pidiendo perdón y diciendo gracias.

!Qué difíciles ambas palabras! las repetía a menudo y jamás tranquilizaban su conciencia.

Ya en el andén sintió su brazo rápido abrazando la cintura y un nuevo beso, mas calmado, mas húmedo, un beso que parecía no tener fin y que parecía tener digerido un Adiós y un para siempre la dejó quieta en el sitio. Parecía un beso eterno a pesar de ser el primero en sus vidas. El anterior sólo había sido un entrenamiento, una formalidad para despedirse.

Lo siento, murmuró ella.
Es el destino, musitó él. Odio el destino agregó luego con una media sonrisa.

El cielo parecía mas gris que nunca, se caía a pedazos como un espejo roto. Ella pensó que bajo ese paisaje incluso los besos mas inocentes se volvían inadecuados y las decisiones se volvían duras y sin vuelta atrás. Decisiones con lógica que acababan con ella.

Sintió la necesidad de bajar del carro en marcha, de tirarse por la ventana, de volver a él corriendo para saber a que sabía el final de ese beso, pero se dio cuenta que esas cosas dramáticas solo las hacían las mujeres de las novelas , aquellas locas histriónicas...Esas necias.

Se acomodó en su asiento y se prometió que eso no la afectaría, sin embargo esa sería otra promesa rota.
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