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Ayer

He dormido tranquila. No he tenido sexo, ni he soñado con hacer el amor. No me lo he hecho. Tampoco he soñado.

Los días son largos ahora....El verano se acaba en Lima y amanece mi vida nublada con ese cielo color borroso, con esa mancha de smog café cortando los pocos edificios del centro de la ciudad.

Yo viajo tranquila en el taxi de tapices viejos. No intento hacer conversaciones y ya no canto. Cuando llegue aqui, hace muchos años, solía cantar en los taxis, era feliz, ya lo sabias. Estaba rompiendo el molde y ansiaba mucho ser feliz, en un espacio nuevo, grande, de personas desconocidas.
Cuando llegué aquí hace pocos meses, ya no cantaba pero creo que era feliz. El mar, tu sabes. Una ciudad con mar siempre es motivo de felicidad. Incluso un mar lleno de piedras como éste.

Es el primer día que duermo tranquila luego de meses de ausencia en las sábanas y en la cama de otra persona, que ya no soy yo. Luego de días y días de pesadillas, de ansiedad y de desespero.
Tal vez estaba demasiado cansada, tal vez he abandonado toda esperanza.

Camino al trabajo, nuevamente los edificios viejos, las puertas de madera apolillada, las prostitutas y los vagos restregandose los ojos en las esquinas, mientras toman jugo de naranja, ojenado algun periódico de colores. Yo avanzo en mi carruaje de pobreza surrealista, vestididta de blanco como una novia de caricatura, con el cabello atado, perfectamente laqueado, los ojos maquillados intentando parecer feliz.

Mientras en el mundo, juro ser la única persona que anda buscando cebras cuando suena el galopar de caballos. Lima se encoge a mi paso como un animal que intenta ser dominado, me bota de si, las autopistas se curvan, se levantan y el ruido golpea las ventanas de mi corazón inútil. Hace estallar los vidrios en mis ojos, intentando que vuelva a llorar. Pero en esta ciudad ya nadie llora, suele fingir que todo está normal.

Hoy dormi tranquila, 6 horas de sueños impávidos y movimientos REM mas erráticos que lo usual. Hoy no hubo nadie esperando en la esquina de mis pesadillas, nadie a quien perseguir. Hoy simplemente dormí sin la esperanza de verlo otra vez, los gigantes de papel se han diluido, entre el vino y la morfina. Ayer no soñé con nadie y nadie soñó conmigo, ayer por un momento, simplemente dejé de SER.
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