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MI nombre no es Laura

Hola

Mi nombre no es Laura, aunque me simpatizan los nombres de sólo 2 sílabas. No elegí mi nombre de alter ego, tal vez sea sólo una casualidad.

En este momento no sé que hacer. O mas bien si lo sé, pero no quiero hacerlo, ese es mi hábito el Procastinar. Esa palabra me agrada, en realidad me agrada el sonido de las palabras, por eso me agradó leer El Mundo, en realidad me gusta tanto J.J Millás que podría leer de él cualquier cosa, me hace sentir que no estoy tan loca, ni mis ideas lo son, que en realidad varios de nosotros pensamos a menudo cosas descabelladas y vivimos en ese mundo que sólo sale a flote cuando escribimos o cuando inventamos historias.

Yo invento historias, ya no digo que escribo, porque sonaría a Demasiado y creo que ya asumí que no escribiré para nadie mas que para mí el resto de la vida, al fin y al cabo no necesito ya demostrarle a nadie nada, así que tal vez al presentarme sólo debería decir que soy médico.

Si, soy médico, sé que crees que no es la gran cosa, yo también lo pensaba, pero no es así. No lo digo por los 7 años de carrera, el año de rural y los 4 de la residencia, hablo de cuando puedes hacer algo que te enseñaron a hacer y de pronto si lo haces bien, no es sólo una vanidad tuya, sino que de pronto y como un milagro le has salvado la vida a alguien!... y bueno, eso tampoco importaría, porque uno es ninguno; comienza a ser importante cuando te das cuenta que gracias a un acto tuyo, que consideras intrascendente toda una familia habrá dejado de llorar o de endeudarse al llegar la muerte.

La muerte. No me asusta, pero debería, en verdad lo que me asusta es la propia vida. Siempre he hecho cosas que podrían haberme causado mucho daño, siempre en la orilla. Nadie lo sabe, nadie sabe exactamente qué cosas son esas, yo lo sé y lo peor se que podría volver a hacerlas, porque el ocio es así, te hace probar rutas que no esperabas probar.

No me agradan las drogas, ni los cigarros. Algunas veces fumo, no por pose, sino por soledad. Lo hago cuando camino sola, o cuando hace frío y nadie me ve. Odio fumar en las fiestas, pues sé que no sé hacerlo, que me pongo triste si lo hago, que no vale la pena. Me gusta el vino sin embargo, a pesar que vengan terribles migrañas luego. Me gusta la embriaguez de la gente, cuando se sueltan, cuando lucen felices, no después...lo de después es tan primitivo como horrible, me gusta solo cuando la gente se embriaga con vino, es más caro, pueden detenerse a tiempo.

El tiempo, el tiempo me aterra, tanto como ver que pasa y que me voy quedando sola, que elijo mal que cada vez me vuelvo mas desconfiada, que cuando quiero confiar, me dejen. Odio que me dejen cuando estoy volando alto, me desestabiliza. Es algo que aun no supero.

He superado varias cosas, una de las fundamentales: El aceptarme. Con sólo eso acabó un siglo de culpa en mi vida, comencé a aceptar todas las cosas que era, lo que veía en el espejo, lo que vendría de mí. La culpa cesó, no era mi culpa dejar de amar, o causar daño a otros al dejar de hacerlo. Hacer daño representaba una gran culpa.

Yo no causo dolor, simplemente sucede.

No puedo superar sin embargo el Rechazo y eso va inmerso en Aceptar a los Demás. Eso es algo que aun me cuesta trabajo hacer. Me cuesta creer que exista gente con miedo a intentar cosas, o a dejar cosas a la mitad o a simplemente no intentar nada. Acepto poco a las personas y las alejo de mi lado de una forma no conciente, sin embargo, el rechazo ya se ha dado antes. Como cuando alguien te dice Hoy no, Contigo No, Tu no. Son frases difíciles de aceptar, debería tomarlo bien. Aceptar que es su decisión, aceptar que simplemente no desean lo que yo deseo; pero me duelen, no anhelo ser perfecta, se que es humano el dolor, pero quisiera que ese Dolorcillo no afectara tanto mi vida o mis elecciones.

Elegir es algo que no sé hacer. Todo es azar para mí y como tal me dejo llevar solo por sensaciones, pues a pesar de toda la lógica que aplique, de todo lo que exprima mi cerebro, sé que la decicisón que tomo casi siempre conduce a otra parte. Hay tantas variables que no dependen de uno mismo, que cuando tomo las decisiones ultimamente, simplemente espero lo mejor, pues sé que no tengo una mínima idea de lo que pasará luego.

Azar, eso es. Creo mucho en eso, en el destino, en esas cosas. Me topé con la gente que más me ha querido de esa forma, por casualidad. No planeé nada y cuando lo planeé salió todo tan mal, que aún me duele pensarlo.

No pretendo asustar al decir las cosas que digo, pero hoy no tenía nadie con quien hablar y hay tardes como ésta en que prefiero no ser yo quien llame, quien cite, quien inste a que sucedan las cosas. Simplemente me quedo en casa a pesar de que quisiera hablar... hablar mucho.

Estoy casi a mitad de las vacaciones, extraño tanto la playa y odio tanto estar sola para compartir lo que me está pasando ahora. Comprar un departamento, planear unas vacaciones, irme lejos por un tiempo, quedarme pobre para siempre, son cosas que me suceden y que nadie comparte, ni nadie las sufre. Para eso se tiene una pareja creo, ya ni me acuerdo como es eso, que alguien sienta tanto como tu lo que te está pasando y esté ahí simplemente.


La gente se vuelve tan egoísta con la edad y nos vamos quedando solos, apartados, con un montón de redes de comunicación al alcance pero nadie para abrazarte cuando te das vuelta en la cama. Es tan irónico todo esto.

Mi nombre no es Laura, pero debería serlo, pues me siento más cómoda diciendo abiertamente lo que pienso, incluso, si simplemente hoy lo escribo.
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