La Playa

Recuerdo mi primer e mail, le decía algo referido a la playa que se queda vacía y el ambiente lleno de bronceador aroma a coco...Él se rió de que fuera tan corto, pero la verdad yo no quería demostrar mucho y que no se diera cuenta todas las horas que me gastaba pensando en él después de conocernos. No, yo no quería quedar como una tonta, pero en el transcurso, digamos que lo descubrió solito.

Ahora estoy en la playa y me hallo como siempre sola, disfrutando este momento sola, mientras Rafa me escribe diciéndome que me quede aquí para siempre, porque se nota de lejos que esto es mi felicidad. Yo cierro el correo, doy vueltas por la casa, quisiera salir y hallar alguien conocido en la calle, decirle que caminemos y echarnos a andar hasta la playa, quizá quí me sentiría mas tranquila, mas feliz como cree que soy Rafa.

La navidad fueron dos copas de vino tinto en la playa con el día lloviendo y la camioneta estacionada en la arena, para delimitar nuestro espacio, del resto de la gente que solo viene a divertirse. Yo quería pensar a fondo mientras el mar se encrespaba negro en el horizonte.
Crees que esto es felicidad? pero, no puedo, no puedo sin vos, grita Fito desde la radio a todo volumen.

Me adapto a este lugar irreal en medio de la Tierra del Olvido y desearía embriagarme y perder el sentido, por un momento no sé a donde ir, incluso con el mapa de mi futura vida en la mano. Todas las brújulas se han hechizado y mi destino es sola la bifurcación de felicidad y melancolía que me ha guiado todo el camino. No sé a donde ir y sería más fácil si fuera contigo, pero no es, no es, diablos! ya sabes que me abruman los finales tanto como los inicios.

Cada verano es igual aquí, la gente con su felicidad de turista, las mujeres regias, los hombres perfectos, los besos a discreción y el amor en el aire. Yo me quedo en casa, porque llevo una semana sin pintarme la caray sin desamarrarme el pelo. Voy a la playa me baño y me quedo con la arena en el cuerpo, duermo así a la noche, esperando soñar contigo y con miles de sueños abiertos que me alejen del miedo de volver a empezar.

No me arreglo, no me ducho, desayuno a las 10 y almuerzo en la playa. La cena es tirada en el sillón viendo la tv y esperando tu llamado. Es iluso lo sé, pero soy ingenua en este cuento así que déjame soñar los sueños absurdos de una noche de verano.
Rafa llama a esto felicidad al leer mis cartas, pero debería oir mi voz, mi asfixia de no saber que hacer, a dónde ir a quién encontrar. De pronto empezó el 2010 y siento que es el mismo año estúpido y repetido pero con una mujer mas impaciente a la hora de esperar a que cesen las tormentas.
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