Los Juegos

Ella lo excita, lo busca, lo acorrala.
Le muestra partes de si, de su cuerpo. Fotos, videos, va encendiéndolo.
Ella va tejiendo una telaraña de imágenes alrededor de su cabeza,
va tejiendo hilos de deseo; eso es lo que ella hace.

Ella lo excita, lo busca, lo reta.
Al final del juego, ella se deprime, se asquea, se llena de culpa.
Lo va guiando por un sendero de un solo sentido
y se deprime cuando se da cuenta que ha conseguido su objetivo.

El final de todas sus estratagemas de deseo es el mismo,
descubrir que no hay sorpresa, que llegado el momento,
la emoción del orgasmo, todo acabará para siempre.
Que llegados al acmé de si mismos, empezará una larga pendiente
de caída a la nada.

Ella se aleja, se cierra, pierde interés en todo. Comienza a callarse.
El interés inicial se va esfumando y ella comprende
que ese juego enfermizo de orillarlos hasta hacer que la deseen
siempre termina estropeando todo.
La indiferencia, el desdén, el desapego. Su inseguridad.

Piensa indolente en la próxima víctima de sus juegos tontos,
en si en verdad existe alguien que no esté movido
solo por un interés carnal hacia ella.
Si es que acaso cualquier interés inicial que provoque,
no termine siempre en la cama,
en SU cama.

Ella se encoge, se aferra a si misma, se asusta,
quisiera poder detenerlo. Dejar de poner pruebas a las personas,
dejar de probarse a sí misma,
que es mas que carne, huesos y tendones
quiseriera detenerlo, pero el vértigo de vivir así,
la marea, la consume, la desaparece.

Ahora ella es una mancha húmeda en la sábana
que mojaron otros, una huella que desaparecerá al salir el sol.
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