Y claro que esa tarde que me quedé sola empecé a quererme: No llamá a nadie en busca de apoyo o consejo, seguía pensando en él, era obvio, un último beso que quemaba los restos de las bocas vanas que pasaron por mi lengua.

Y claro, llegó la noche y pensé como era habitual en mí, que tal vez era mejor no volver a verlo, siempre me habían gustado las historias truncas derramando alguna belleza, llegar al final de ellas, siempre creba pánico...y yo ya estaba cansada de sentir miedo. Esa noche me fui, como me voy siempre jurando no mirar atrás, pero como cada mañana volví tras mis pasos en busca de un beso fantasma.
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