Charlas con mi padre

Hace algunos días mi padre estuvo por casa. Viene cada vez que se aburre de compartir la vida con mi madre y mi hermana. Cuando ellas me avisan, yo cambio de cara. Lo primero que pienso es en su cigarro desde las 6 de la tarde llenando de humo todos los rincones del departamento. La estación de noticias a alto volumen por la mañana. Su desaparición por horas cuando va a visitar a mis tías. Sus charlas largas con los taxistas. Su crucigrama de dos pliegos en la mesa del comedor... A veces preferiría que no viniera.

Por suerte, cada vez que salgo a almorzar con mi padre, descubro que es una caja de sorpresas.

Hay veces que viene y en lugar de irse a almorzar con sus hermanos o amigos, me invita a mi a almorzar fuera. Entonces me arreglo y nos encontramos en algún restaurante bonito. Allí empieza esa parte suya que me avergüenza un poco y me hace reír. Les toma el pelo a los mozos, los bromea y los hace sentir tontos. Yo me río con la cabeza agachada, juntando las manos en la frente. No se como mi madre con ese carácter tan callado pudo pasar tantos años con este hombre!

Luego, caminamos. Es bonito caminar con mi padre después del almuerzo cuando el sol cae de forma oblicua sobre la ciudad. Yo lo dejo hablar, sin interrumpir. Mi padre puede hablar por horas de sus anécdotas de niñez y adolescencia. De esa vida fantástica que todos quisiéramos tener. Yo me conozco de memoria a los personajes, pero igual me río. Mi padre tiene la magia de hacerte reír con él, aunque no quieras.

Y caminamos de brazo lentamente, cruzando parques y puentes. Porque nadie nos espera, así que podemos perdernos y hablar de todo. Entonces, no se en que momento, pero yo me abro con él y le cuento mis miedos, mis sueños, las pequeñas cosas que he hecho. Sobre mis nuevos amigos, las cosas que me hacen reír. Los programas de televisión. De todo un poco y él me escucha. A veces siento que en realidad me escucha.

Y caminamos por las calles viendo como dos niños los escaparates. Le pido que me acompañe a comprar carteras y zapatos. Y él no se niega, a veces él me tiene una paciencia increíble. Luego vamos por las joyerías buscando algún dije para mi madre “esa vieja engreída” como le dice él. A veces no compramos nada, lo mas divertido es ir hablando y llegar a algún sitio a tomar un jugo de tumbo o a comer un postre.

Mi padre se compra empanadas que come con fruición como un colegial. Yo me río al verlo, debería cuidar su peso, debería dejar de fumar…pero se ve tan feliz, que yo no puedo ser médico con él. Por ese día yo solo soy su hija pequeña, diciéndole que me agrada salir con él, escucharlo hablar.

Si, no he podido evitarlo. Le he confesado que me agrada hablar con él, cuando está así de bueno. Y es que mi viejo te habla de todo, de historia y de política, te arenga para la vida y te dan ganas de saltar de la silla e irte a vivir la aventura. El puede arengar a ejércitos, podría convencer a cualquier persona que el destino está en nuestras manos y que Dios está en todas partes pero no se parará a ayudarte. Que quien debe ayudarse es uno, salir a hacerse fuerte sin culpar a nadie. Que si debes creer en algo, es en uno mismo.
“En ese resorte interno que hace que puedas salir a pelear por tu destino”.

- “Recuerdo un hecho que hizo sentir tan feliz por ti…”-Al terminar de decir esto, se detiene dubitativo.

Se que no debe reconocer que estuvo de acuerdo cuando me fui de casa a ese fin de semana con el Innombrable, olvidando mi carrera, mi familia. Todo.

“Yo tengo mis propios plazos”- fue la única frase que dije a mi familia que me trataba de convencer de que no viajara.
Y mi viejo la repetiría siempre. “Dejen vivir a mi hija, ella ya tiene sus propios plazos”.
Nadie sabía si volvería. Pero me dejó ir en busca de mis plazos y mi destino.

Seguimos caminando por la calle casi vacía. “Tu y tu hermana tienen esa fuerza para tomar la vida”- dice luego de un rato meditabundo.

Y en medio de la tarde de colores naranjas reflejándose en cada ventana, yo prefiero creer que tengo la fuerza de mi propio padre para confiar en las decisiones de sus hijas.


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