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Desnuda y con Martillo

***Sept/03


Dolor, dolor, por donde quiera que camine. Es una mala idea buscar por la suavidad de las flores, caminando por un bosque de espinos.

A veces el dolor cesa, pero de nuevo inicia. Volver a confiar en la gente, volver a dar de una misma, pero todo es demasiado. Lo que doy siempre es regurgitado, pienso que doy suficiente, pero es demasiado.

Mala decisión mostrar lo que será desdeñado. Mala decisión mostrar lo que será deseado. Debería estar como lo hace ella, la que se oculta tras mi nombre. Bajando el rostro con una mirada tímida, tapándose hasta que no se le vean sino el cuello o algún par de nudillos pálidos. Debería ocultarme como ella, alzar la voz tan bajita, que nadie puede escucharla y pedir permiso o pedir disculpas siempre. Porque así es mas cómodo ir por la vida, sin sacar los pies del disco giratorio, sin quitarse jamás la ropa.

El descaro en una mujer es intentar ser honesta, todas las verdades parecen siempre medias verdades. Todo acto de libertad es una ofensa. Habrá que ser como ella, que escribe en una página como anónima y no sale con desconocidos. Habrá que ser como ella que terminó la carrera con felicitaciones y todo y es querida por quien la vea. Habrá que ser como ella, como ella…

Pero la pobre niña se cansa de tener siempre a cuestas la burla del mundo que camina con caretas, tener que andar con disfraz, si puede desnudarse entera. La pobre niña siente que miente, que se va mintiéndose siempre. Y sufre por no mostrarse, por ocultar lo que es, parte de lo que siempre ha sido.

Pero hay dolor, dolor afuera. Cuando la niña sale de casa, siempre hay alguien al acecho, cuando escribe, siempre hay alguien al acecho, debe tener cuidado, hay quien hace daño sin darse cuenta y los que buscan hacer daño. ¿Cómo detectar a la oveja del lobo, si en este baile todos van disfrazados? Habrá que quitarse la ropa, arañarse frente a todos, sacarse la ropa a trozos, hasta que puedan al fin verme.

Pero jamás es suficiente.

En este baile de máscaras a la niña que llevo dentro le da vergüenza exponerse, tiene tanto pánico a mostrar de si cada detalle y que no sea recibido. Teme que exploren sus rincones, no con la suavidad que entrega ella, sino con ese don asesino. Esos dedos mecánicos, ese pensamiento fálico, que intenta violarla cada vez que se abre, que intenta hacerle daño con esas palabras violentas, con ese ser que hace daño.

La niña que llevo dentro quisiera vivir tapada, cubierta hasta los tobillos, no volver a ver a nadie. Nadie que le haga daño, quisiera mostrar lo mínimo de sí y seguir riéndose a solas de lo que no lograr ver nadie. Pero ya no puede con eso, porque cuando se va a la cama, piensa que está mintiendo, que se está mintiendo a diario, pues ella no es mojigata, ni buena niña.
Ni niña buena, sino todo a la mitad y a veces quizás menos.

La niña que llevo dentro quisiera que yo siempre calle, que deje de contar en público las vergüenzas que la hacen fea, quisiera que deje de hablar y actuar como si diera pena decir lo que yo llevo dentro.

Pero no puedo, no puedo.

Porque en este baile de máscaras no puedo mentirme a mi misma con el traje adecuado, Como lo he hecho siempre. No puedo ponerme el traje para ir a la oficina, o el uniforme para atender enfermos, no puedo vestirme circunspecta como cuando visito a mi ex suegro. No puedo ponerme nada, porque todo es lado izquierdo. Tampoco el traje brillante de las fiestas en que sonrío, ni el traje morado de cuando deseo que me deseen, En ésta fiesta de caretas no puedo ir más vestida de traje y de colores, que hagan perder de vista , a la niña que llevo dentro. Por eso debo desnudarme, como si hacerlo fuera un juego y a veces el juego duele.

¡Vaya que duele el juego!

La niña que llevo dentro, quisiera que deje yo, de jugar siempre con fuego. Que me detenga, que no hable, que deje de escribir izquierdo. Pero yo le digo que no puedo. Que aunque a veces quiero yo tampoco puedo.

Porque en éste baile de máscaras soy la única que puede ir desnuda y tener el valor de hacerlo; y decirlo todo como una afrenta a los que caminan derecho. Como una especie de vendetta a los que se visten correcto. Yo debo caminar desnuda como en todos mis sueños. Pero a veces olvido, a veces me olvido tanto, que en esta sociedad de mierda, una mujer desnuda o es una diosa o es una puta, y como yo no se caminar derecho, a veces puedo ser tomada por los lados incorrectos.

Y camino desnuda, que miedo que me da el hacerlo…

Y aun así no es suficiente, pues jamás llego a mostrar todo lo que tengo aquí dentro. Me rasgo las vestiduras, muestro todo mi cuerpo, me quito la piel que cubre a las mil niñas que llevo dentro. Y me quito fibra a fibra los músculos y algunos sueños, pero no es suficiente. Jamás hago lo correcto.

Me he quitado los huesos, cada órgano que no sirve, me he vuelto transparente, casi, casi invisible y es justo en ese momento que la niña que llevo dentro no ha podido ocultarse mas… pero nadie la ha visto.

Ha corrido con ese miedo que le han enseñado desde chica a confiar en las personas, de adorar a los santos muertos. La niña corre presurosa en la cárcel de mis costillas, hacia un laberinto interno de la que no la salvan las amigas.

Dolor, hay mucho dolor aquí. Justo cuando quiero ser transparente, la gente deja de verme.

La niña que llevo dentro, se sigue poniendo disfraces, cubriendo de toda la ropa que yo me quito de un zarpazo. Debajo de los vestidos se abraza a si misma, esperando que me calle, que ya no muestre más cuerpo, que ya no muestre mis sueños.

Pero la niña que llevo dentro se olvida de mi deseo, de que aun a pesar de mi dolor, alguien pueda verla a ella, lo único que queda diáfano después de todo este tiempo. Que alguien pueda acogerla y no hacerla parte de su deseo.

Por eso aguanto el dolor, mi niña. Por eso Laura sale a la calle desnuda y con Martillo.
Para que alguien en la multitud pueda verte, aunque todos hayan dicho que te han visto.
Aunque afuera no haya gente buena, aunque afuera siempre haga frío.



***Sep./15

El día es gris, tengo una bolsa de nísperos en la mano y pienso en el dolor, ese dolor que nunca se va, que vive siempre al acecho...pero que en días como éste hacen que sepa exactamente cuál es mi camino, aquel que tarde o temprano conduce a la Tierra de los sueños.
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