Limón (3)

-¿Por qué me miras así?
- Nada, solo me gusta hacerlo
.

Yo estoy ahora casi a su altura. Me he subido en uno de los bancos de arena, que ha dejado el mar al retirarse. El clima es demasiado frío, pienso que fue una mala idea salir a la playa tan tarde.

- Pareces una pequeñita…cuando me miras con esos ojos. Me gusta.
- ¿Así? ¿Y como te veo?
- Con esa mirada tuya, pues. Medio tierna… medio pícara.

Yo detesto la palabra pícara. Me suena a mujer regalada, a mujer que coquetea con descaro. Pero tampoco me gusta que siempre me vean como una niña. A lo mejor esa mezcla es lo que les gusta a los tipos, aunque a mi me desagrade como suena. Esas deben ser las señales que doy y que debo evitar para dejar de salir con necios.

- No me mires así- le digo y vuelvo a caminar de vuelta a casa.

Los silencios con él son incómodos. No me agrada que vea y que se quede callado mientras me ve. Quisiera haber salido a la playa sola, aunque estuviera casi anocheciendo. El interrumpe mis pensamientos. Su presencia es ruido. Su silencio me molesta.

De pronto, extraño al joven Nash. A lo que he rescatado de él en mi recuerdo. Era muy fácil hablar o guardar silencio, o dejar que me mire. No me sentía incómoda. El mar no era una cárcel, sino un lugar mutuo y conocido, muchos metros allá abajo. Entonces extraño el sabor a limón de los helados en verano y la música que hoy ya no suena.

Ahora camino sin decir nada. El me cuenta sus anécdotas de colegio. Yo me siento boba, nada de lo que diga es divertido, ni interesante. Yo solo tengo para decirle cosas que él no entendería.

- ¿Nos vamos?
- Si,
le respondo- Hace frío.

El mar frente a nosotros es tan gris como la arena, o el cielo que anochece en invierno.
Caminamos en una pecera gris, donde somos peces atrapados por un silencio incómodo. El balneario parece ahora un pueblo fantasma con luces encendiéndose a través de la niebla.

- ¿En quién piensas?- Me dice sonriendo, meintras me empuja con el codo
- En nadie…

Me doy cuenta que muy a pesar mío llego a extrañar a alguien que compartía mis silencios y hacía parecer al mar un cuadro libre, de límites infinitos. Entonces me rio de pensar que extraño a alguien que solo existe en mis recuerdos maquillados de aroma a limones frescos.




Comentarios

Jota dijo…
Emotiva propuesta que refleja lo que pasa por tu cabeza y la playa es muy evocadora, los atardeceres conmemorativos, siempre imagenes como esa traen muy buenos recuerdos en quienes tienen mucho que decir.

Un saludo desde aca.

Jose Carlos G.
Unknown dijo…
Esos silencios!.... a veces pueden ser tan perfectos y otras... simplemente no deberían existir!
....hola....

Cuando esta cerca, cansa…….. Cuando ya no esta, la nostalgia,

………. No seremos nosotros esa niebla????
Inadecuada dijo…
Qué curioso leer esto cuando acabo de decirselo a alguien jaja. Le dije "no sé puede estar en silencio con cualquiera, el silencio cómodo es un bien rarisimo y demasiado preciado". O al menos eso fue lo que quise decirle a este amigo, no sé si me salió tan bonito. Estar lado a lado con alguien sin hablar y sientiendose bien es la cosa más increible del mundo. Más bien cuando existe esa necesidad compulsiva de llenar silencios con cualquier cosa, cuando los silencios son "incómodos" es que algo anda muy mal o simplemte no anda.

Te leo bastante, siempre tienes algo que decir de todo y bien pensando.

PD: ahorita llego a tu último post. Me estaba poniendo al corriente con éste.
Unknown dijo…
compartir un silecio, es una de las cosas mas dificil, pues muy pocas veces es realmente "compartido" y entendido por ambas partes de la misma forma

besos,

margee
Unknown dijo…
A veces el silencio es la respuesta más sutil.

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