lunes, julio 16, 2018

Parte 1: Ella y los libros

Me gusta esa sensación de cuando terminas un libro y aún estás flotando en los pensamientos de los personajes, en las reflexiones del autor acerca de la vida, su forma particular de describir el paisaje, a los días, los olores. Me gusta esa sensación de estar con un pie aquí y otro en alguna otra parte. Luego, me aflige no poder compartirlo con nadie mas, quedarme por momentos sin palabras. Sin poder explicarme a mi misma  cosas, en ausencia del narrador omnipresente que explicaba todo infinitamente mejor de como se ve usualmente la vida.

Me agrada también, que al haber retomado la lectura frecuente, me hayan vuelto las ganas de escribir o de hacer introspección. Eso por un momento hizo que echara de menos a viejos amigos con los que podía compartir charlas reflexivas acerca de los libros que habíamos leído y que es lo que en realidad busca el ser humano, sin necesidad de agradarnos diciendo cosas frívolas sobre acontecimientos mas actuales. Me gustaban esas conversaciones sin un tiempo preciso en que el clima alrededor se tornaba de una dulzura melancólica y nos envolvía haciendo desaparecer a la gente alrededor, como quien se cubre de una burbuja invisible que lo aparta de la realidad mas cercana.

Me da tristeza sin embargo, conocer nuevas personas y descubrir que pocas cosas tengo para comunicarles realmente, sin llegar a ser empalagosa. Recuerdo a mi ex prometido el-que-leía-sin-parar y sus conversaciones aburridísimas de libros que solo el había leído, el tono de su voz y sus sentencias un tanto petulantes de qué es lo que se debía leer y qué no. Quizá mi opinión esté sesgada en este punto y tienda a generalizar, pero me resulta tremendamente fastidioso conversar con un lector empedernido en convencerte de leer a sus libros favoritos como si fueran los únicos que existiesen. O cuando ponen esa voz diferente, teatral, para contarte las cosas que leen. Se siente el disfuerzo, como a esa cosa química tan fea que le ponen a las bebidas azucaradas para hacerte creer que son beneficiosas.
No sé, quizá odie todo de mi ex prometido. Quizá nunca lo amé y sólo ame la idea del convencionalismo y aparente seguridad que podía brindarme.
Soy una lectora, pero por encima de eso soy viajera. No, tampoco. Solo soy una persona que ama vivir. Ama el sexo y la comida y el café, la música y el vino. Amaría poder beber vino más y comer mas quesos pero no puedo, como no puedo fumar o hacer mil cosas que quisiera hacer sin que dolieran luego hasta acabarme. La vida adulta es difícil.

Hoy una amiga me comentaba que deseaba ganarse el premio de la lotería, viajar por el mundo y casarse con un croata. No sé si sean guapos o no o por qué lo decía. Yo le repliqué que quería en cambio un francés viejo que supiera cocinar y me llevara a degustar bocadillos por todo el mundo, como si fuera un paseo cotidiano. No sé por qué agregué lo de viejo, quizá también por seguridad. Me ha agradado el sexo con mis últimas parejas jóvenes tan enérgicas y llenas de vida, pero también he sentido que sería un crimen atarlos a una relación de monogamia conmigo. Hay personas hermosas que no sirven para vivir en jaulas o para no seguir probando. Probando de todo. Quizá en el fondo busque una persona algo cansada como yo, que quiera sentarse en el pórtico a ver caer el atardecer, bebiendo el té. Pero me engaño. Dije lo mismo cuando me comprometí, dije: He vivido lo suficiente, he vivido de todo lo que pude vivir, me he negado pocas cosas que podían generarme placer. Es momento de descansar y llevar una vida como todos.
Pero no era cierto. Nadie se muere a los 30, ni a los 50 o 70. Yo sentía que el matrimonio era una forma de morir. Morir como yo era y volverme parte de una dupla en donde los límites e volvían confusos. Un ser humano siempre quiere mas, seguir experimentando, seguir de sibarita por el mundo y si tu pareja no puede acompañarte en ese viaje o darte lo mínimo necesario para mantener esa curiosidad en la vida, entonces no resulta. No quieres sepultarte en esos convencionalismos. En ese aburrimiento de volverte otra persona, una persona con la que de niño jamas te identificaras como héroe.

Y ahí viene la segunda parte, esa en la que piensas en tus sueños de niño, en que te imaginas como tu mamá, o como tu papá, creando una familia, protegiéndola, siendo el ejemplo. Un trabajo demasiado pesado, el revés opaco y raído de los trajes de super héroes, la verdadera chamba. El imaginaba que yo quería eso, yo imaginaba que eso es lo que yo quería! Me había  auto convencido de que ese era mi rol final en la sociedad; pero estaban las dudas, las dudas sobre que quería yo o si era demasiado egoísta y mundano no desear formar a nadie mas y quedarme solo yo con todo lo que había logrado aprender sobre la vida y no compartirlo con nadie. Ni mi felicidad ni mis miedos. Ni el fruto de mi esfuerzo. Por que debía de pronto convertirme en la sacrificada madre? Y aun peor, no educar según mis expectativas de vida sino de alguien mas. Como podía admitir la idea de un colegio privado-católico para un hijo mío? Como decirle a un niño que debía controlar sus sueños sus enormes e irreemplazables sueños por unos que tuvieran mas base real? Quizá en ese aspecto yo aun era una niña educando mis propios apetitos. Había seguido el paradigma de mis padres, ese hambre de conocer de todo  como si fuera el  último día de mi vida y sin embargo, sabia que siempre habría un freno. Algo que me podía permitir como freno porque era por mi bien. Pero… Podría prohibirle a alguien masturbarse? Enseñarle a temer a un Dios desconocido? Obligarlo a dormir solo 4 horas para ser el mejor en la meta que se había propuesto? Me parecían ideas que no iba con mi visión de como debía ser la vida. Mi familia no se había guiado por metas, habían vivido tal y como dictaba el mar, el curso de las olas y los vientos, formando en mi conciencia dunas de lujosos deseos que aparecían y se desaparecían en el camino. Eso era lo que yo sentía especial de mi niñez. Como proveer algo así  en una relación de pareja con una persona que era las antípodas de todo lo que yo había deseado? Si, me había equivocado de largo a largo. Pero no con él solamente. Conmigo. No sabía lo que quería, pero definitivamente no quería eso.

sábado, junio 23, 2018

Arpeggio

Me he hecho de un palacio en casa, con el capricho y paciencia con el que se construye  un refugio del que no quiere volver a salir. Está en lo alto de un edificio que observa impávido el bullicio del mundo real. A merced del viento salobre que se cuela por las rendijas recordándome que afuera siempre duele y hace frío.

Desde mi cueva de ficción trato de encontrarme una vez mas, sin saber si este auto exilio dará resultados. Cuánto tiempo debo permanecer encerrada en mi torre? o en cuánto tiempo debo salir y sentir que la vida real y la ficticia ya no chocan tan estrepitosamente, es algo que resolveré en el camino.
Cuando estoy en este encierro me dejo llevar por la música. Eso me anestesia y me vuelve otra, ahora sin embargo, he preferido el silencio. Ese silencio interrumpido solo por el ruido del trafico del exterior o las sirenas de ambulancias a lo lejos. En medio de este silencio húmedo de Junio es que escribo y he vuelto a leer. Leer me recupera, porque hace que me encuentre tal cual sin necesidad de complacer a nadie. Y vaya que soy una persona que sé complacer! Según mi interlocutor puedo transformarme en cualquiera. Puedo fusionarme con la conversación que desee sin decir realmente lo que pienso. Aunque cuando lo digo, me siento tan simple, tan loca y descarada que me arrepiento que la mujer que vive silenciosa dentro mío haya tomado por fin la palabra y dicho lo que siente.

Durante esta semana me he dedicado como posesa al ejercicio de arpeggiar, esperando dar a mis dedos la agilidad que mis palabras y mi discurso ya no tienen. Pienso, ilusa y cándidamente que lo lograré hacer de tal forma que pueda interpretar al fin la canción de él que mas me ha conmovido. Al hacerlo podré dar final a ese trecho de mi vida, olvidarme de él, de sus  historias, de sus cicatrices y cerrar por fin ese capítulo para seguir adelante, sin evocarlo cada vez que me sienta abandonada.
Es una canción difícil para una principiante, pero tengo tiempo de sobra. Mientras toco no pienso y eso es bueno ahora.

Es una canción que habla de él… o mas bien de ellos. De su relación. De lo difícil que es mantenerse juntos sin hacerse daño. No sé por qué volví intima esa canción si nada tiene que ver conmigo. Si es una canción de dos en que cualquiera sale sobrando. Quizá fue esa insistencia de niño grande que puso él para que al fin la escuchara,  ese “por favor escucha”  como para que comprendiera de que iba todo esto,el  por que de su ánimo y desesperanza aquella noche. Esta bien, la escuché a regañadientes en la carretera rumbo a casa, mientras el me mandaba fotos nocturnas de la playa con las mil piedras que había salido a tirar para no sentirse tan solo. Fue ahí que me di cuenta que estábamos lejísimos, casi en dos mundos diferentes pero aun así, él necesitaba de mi. Por unos segundos, aunque sea para no sentirse tan solo con sus propias heridas.  Aunque sea para que yo guardara silencio a su lado como prometía que haría. Hombro con hombro, como a alguien a quien le importas. Y esa necesidad de mi, aunque fugaz, ha sido el único regalo que me estaban dado en mucho tiempo.

Ahora, paso las noches recapitulando las veces que pudimos estar juntos y ser nosotros mismos, pero tal vez fue solo la imaginación. Somos tantas personas a la vez que es una suerte y un milagro el momento en que dos almas coinciden. Utilizo la palabra alma aunque me suene cursi, porque es el termino que usaba él para referirse a nosotros. Tan pendiente de las cosas místicas y creyente del destino como era. “Cada quien se aparece en nuestras vidas por una razón”  me solía repetir. “Esto no es coincidencia”
No lo es?
Yo no sé para que se ha cruzado el en mi vida, excepto para deshacerme de la idea del Paco y yo. Un año con esa idea en la cabeza, enfermando, esperando, preguntándome. Por qué? Por qué? Se tardó mas de un año en que me sucediera eso de que “un clavo saca otro clavo”. Para el verano todo mi foco de atención se había concentrado en él y en como estar para él cada vez que se necesitara. Todo mi pasado, Paco incluído  ya no interesaba mucho,  era un cuento viejo de final conocido. El cliché de las relaciones.  Ahora  en cambio, ayudaba a alguien, no importa si lo hacía mediante trechos de conversación, fotos o encuentros furtivos. “Estamos aquí para eso, tu me levantas a mi y yo a ti y así andamos” . No era necesario ni ponerlo por escrito, eso lo sabíamos ambos, porque muy dentro éramos ambos caras de la misma moneda. El mundo se ponía en calma cuando estábamos juntos. Todo funcionaba como un reloj. Como si siempre hubiera sido así incluso antes de conocernos. Y eso daba luego miedo, mucho miedo.

El verano ha terminado por aquí, supongo que él sigue yendo a la playa a hacer lo que sabe hacer y a mi me ha dado en cambio por encerrarme en esta torre desde la que ahora escribo. Me asusta que ya no me lea nadie, que a nadie le interese, pero supongo que hay que someter el ego. Nuestro mayor enemigo y dejarme ser.  No puedo dejar de escribir, porque es así como me hablo y ordeno mis ideas. Antes eran solo para mí ahora las arrojo en una botella al mar cibernético, a ver si a alguien que se sienta igual que yo en otro momento, le sirvan. Por que a veces es bueno no sentirse tan solo ni tan culpable por asumir los riegos de nuestras propias decisiones.


“ Yo escribo para que me quieran” es una frase que se me ha quedado en la cabeza. Pues yo también. No lo niego, escribo para que me quieran. Pero no basta solo con querer que me quieran, ya vimos todos en que termina el deseo sin esfuerzo, solo en una pompa de jabón, una ilusión que dura dos días, una decepción de principiantes. Yo seguiré desgranado mis recuerdos en arpeggios, a ver si así olvido. Por fin olvido.

lunes, junio 18, 2018

Hey!

Dieron las 11 en punto y el se fue. Yo me quedé como siempre, mareada pensando que lo había soñado.

No todos los días son iguales, hay días que pienso que el teléfono sonará antes que yo lo revise. Que al abrir las cortinas, el día será milagrosamente soleado y que habrá pan caliente esperándome para el desayuno. Pero vivir sola no es así. La mayoría son días de sobrevivencia, bailar sola con las ventanas abiertas, querer mostrarle al resto que bien lo haces. Sonreír al espejo y querer que alguien te vea bonita como te ves tu cuando estas despeinada y que alguien sepa qué comes, cómo duermes y en qué sueñas. Levantarse sin zapatos en la madrugada cuando la guitarra se ha caído de la cama y en lugar de enojarte pensar que es un ser vivo que pide que lo acaricies, que le rasques la espalda, que lo rasgues hasta que salga una canción.

Y ahora pienso que el problema de ciertos días no es que extrañe a alguien en especial, sino que me doy cuenta que no me basto yo sola. Que quisiera a alguien mas para mirarme, para quererme o pelearme. Alguien para hablar o ignorar, tener un nombre encima de la lengua para las veces que quiero repetir te quiero. Y tener el recuerdo de una cara encima mío para cuando me toco y toco y  quiero llegar al orgasmo.

Hay una canción que me atrapó hoy, no es por la letra. Es fuerte y sensual a la vez y tiene mucho de la voz de desidia que se tiene cuando le dices a alguien: Hey, estoy intentando conocerte. Hey, a dónde vas? Sabes que muero si te vas.

Con todo este asunto de la modernidad y que nadie se quiere sentir dueño de nadie, porque no es elegante decirlo ni pensarlo. En este tiempo en que nadie quiere ser poseído por nadie, porque quiere seguir en ruta, buscando una manzana mas roja, la mas jugosa, la que sea perfecta. En que no quieres realmente a nadie, porque vives en la eterna ruta hacia el final del arco iris, siento que ya nadie ama con pasión. Que el miedo nos invade incluso a la hora de decir Me gustas, te quiero, te deseo. Es mas fácil lo aséptico de la informalidad, la mediocridad del amigos con derechos. Esa cosa mohosa de Mejor sin compromisos y a corto plazo. Porque así no duele y no hay líos ni problemas posteriores y en eso...

Uh!

Te quedas a la mitad. A la mitad de todo. Pierdes. En esa carretera polvorienta que te conduciría a la playa azul prometida y de la que ya no sabes como salir ni a donde llegar. No tienes contigo lo que te daba miedo querer. Quieres con doloroso capricho lo que te da demasiado miedo obtener. Y en esa mazamorra de sentimientos, llega Junio con sus lluvias constantes y oscuras. Con sus mañanas grises que parecen indicar desde temprano el final del día y aquí me sigo preguntando, Qué demonio habita entre nosotros? Que me siento atraída y frustrada de querer y no querer-te?

Uh!

Estaba intentando conocerte...pero no puedo con Junio, con la mitad del año por delante esperando engullirme con fauces poderosas. No tengo tiempo para llorar mis malas decisiones o para echarme a dormir la siesta que mi cuerpo desea. Me tengo que ir y olvidarme de todas estas mierdas existenciales, de hablar en tercera persona. De escribir, de maltratar el pincel y la guitarra por igual. De sentir que no hay nada suficientemente grande para tapar todas esta grietas, estos miedos, esta necesidad de sentirme en equilibrio para al minuto siguiente perderlo.


Hey, quizá si. Quizá si hayamos estado encadenados.






Suena: Hey- Pixies

viernes, marzo 23, 2018

Irina

Casi al final del amor, Irina se mira en el espejo del ropero y no puede evitar decir lo que ha pensado toda la tarde:

-Ven mejor en las mañanas, cuando no tengo panza y me siento bonita.
  • De qué panza hablas, mujer? Ni siquiera la he visto.

  Es mentira, pero Luciano lo dice con cierta dulzura. Le gusta bajar la cabeza hasta sus muslos y  arrastrar la cara sobre su vientre sintiendo el rumor de sus tripas. Eso le conforta, hay una sensación de realidad que le da piso después de haber estado todo el día mareado pensando en ella.

Irina hace un mohín incrédulo, se tuerce en la cama como un gato y se acurruca  frente a el junto a su pecho.

-A dónde viajarás hoy?

El le dice su itinerario de la semana con voz calmada, mientras pasa su dedo índice por esa cara ovalada y el perfil lleno de pecas. No hay nadie mas en quien pensar que en ella mientras está de viaje.  Abre y cierra los ojos  adormitado frente a la ventanilla del tren y piensa en ella a gusto, sin que nadie lo moleste. Sin que vengan los hijos a pedirle que participe en sus juegos o la mujer a reclamarle dinero o cualquier cosa ordinaria y absurda. No están los jefes ni los demás empleados para interrumpir su ensueño, solo está la imagen de Irina apareciendo detrás de las lunas del tren mientras avanza de lugar en lugar, viendo como los cables de luz hacen panzas al caer entre los postes. Puede imaginársela como quiera, a veces feliz y otras triste. Existe Irina fuera de sus pensamientos realmente? Fuera de esa cama destendida? A menudo se la imagina flotando como en un sueño al que no puede regresar cuando desea.

Es una agonía, en cambio, para Irina cada vez que él se va. Suele preguntarse si de verdad volverá a ella o si esta vez será la del último encuentro. Entonces trata de tocar su cuerpo  magro lo mas que puede, uniendo con un pálido dedo las cicatrices que poco a poco ha ido descubriendo en su piel, territorio agreste propiedad de otras manos y otra boca. Cicatrices de todas las épocas antes de ella. La del mentón estrellada y hundida y la del empeine en forma de pluma, las pequeñas en los brazos y piernas, la brutal en el abdomen, con sus bordes elevados como el perfil de un cráter que ha tratado de engullir un fuego. Cada sesión suele preguntar sobre el origen de alguna y siempre hay una historia interesante detrás de aquella,  que el recita con voz ronca y profunda desde el decúbito. Ambos miran al techo entonces y esa voz que es mas calmada que la que usa a diario mientras trabaja o dirige a la familia, esa voz de relator de historias, que es solo propiedad de ella, de cuando dormitan en el lecho, cuenta historias de cuando era el niño que se caía de la bicicleta al ser perseguido por sus compañeros, hasta cuando era el joven Luciano peleando por sus primeras decepciones amorosas y luego,  las historias del hombre hecho a porrazos, ese mismo hombre que ahora ella tenía entre las piernas ajustado en un abrazo íntimo y suave, como si todo lo valioso y etéreo de este mundo solo cobrara territorio real en esos dos palmos entre su abdomen y su pelvis.

-Me escribirás esta vez? Susurra ella debajo de su rostro, su perfume asciende entre su barba como una brisa
-Sabes que siempre lo hago- le dice pegando sus labios a la frente fruncida de ella, intentando que confíe.
-Si, si, ya sé, me escribes cartas mentales todo el tiempo. Me pregunto donde las guardas?- dice ella con impaciencia, intentando apartarse de su abrazo de oso.
-Aquí, donde más? Donde tu habitas- y luego se señala el velludo pecho que ella acaba de arañar hace unos minutos.

Irina se recuesta ahí por un rato. Tras la ventana hay una nevada intensa que hace que el hogar se sienta mas confortable de lo que en realidad es. Una habitación pequeña y lúgubre con el abrigo de Irina colgado en la pared y una foto a blanco y negro de un hombre domando un potro. Las luces afuera son de un ámbar mortecino de fin del mundo. Amaría que fuera así siempre, que cada tormenta lo obligara a quedarse con ella. Que las comunicaciones estén bloqueadas, que no deba irse nunca y la vea despertar en la mañana y enterarse así como despierta. Como es que inicia su rutina diaria sin él, pensando en él.  La noche es larga aún pero a cada instante parece que se acabara, de lo perfecta que transcurre. Luciano abrazado a ella, besándole la frente hasta que se duerma, sus piernas sobre las suyas. El latido acompasado de su pecho bajo su oído. La panza  de Irina truena de hambre entonces, es la realidad que aparece entre ellos. Eso que a el le da noción de tener piso y a ella la devuelve a la angustia.


sábado, marzo 17, 2018

Aunque no sea conmigo

Sabes? Estoy en ese momento de la vida en que al sentir que haz perdido repentinamente a alguien no haces nada mas que recordarlo. Hoy por ejemplo, leí un cuento que me sobrecogió por su final y quise correr a contártelo. No sé, como si te importara. Como si alguna vez hubiéramos hablado de los libros que me conmovían, de algún autor mío que a ti te hubiera dado tanta curiosidad, que al pasear solo por ahí te habría dado la imperiosa necesidad de leerlo para saber que sentía.

Bobadas mías, lo sé. Estoy en ese momento del tiempo, ese en el que cada frase que hubieras dicho cobrara importancia y significados que antes no tuvo. Y siento, como ninguna otra noche que debimos haber hablado mas y pasado mas tiempo juntos …Ja, Como si hubiera un momento del día en que no hubiéramos hablado, no? Es que esa era la droga pues, la que te hace ir cada día por mas, la curiosidad, una historia a la mitad, un cuento mas de las mil y una noches  de esos que hablan de sitios distantes como Samarkhanda y de gente rara como sultanes, odaliscas o  Príncipes de Persia. Así te ubico ahora en mi mente, en un lugar lejano que ya no existe el mapa o que cambio de nombre y al que no se como regresar. Como en el sueño que te conté, recuerdas. Un sueño en el que volvía a una playa buscándote y luego olvidaba tu cara y al final olvidaba a quien buscaba o por qué lo buscaba, solo quedaba yo en la playa, angustiada. Mis miedos. Claro, siempre mis miedos.

Esta noche me siento particularmente sensible, ignoro si fueron las películas independientes, el blues, los cuentos de Nabokov, ese dibujo a lápiz que me salió con cara depresiva y boca torcida. No sé si se deba a que es viernes y que no he querido salir a pesar de estar lista hasta para una foto. No sé que es lo que es y lo adivino en demasía.

Te echo de menos y lo hago porque se que no te volveré a ver y eso debo aceptarlo, tal como que la tierra gira, aunque no sepa ni para donde. Te echo de menos, porque no sabría con quien mostrarme tal cual, cuando soy sensible o cuando estoy irritada, o cuando tengo dudas o cuando soy enfáticamente carnal y quiero acariciar mi ego contigo. Si y que me mires y digas alguna cosa que haga sospechar que quieres verme. Aunque no ocurra, pero igual es rico. Sentir que te desean y sentir que hay alguien en quien pensar durante las horas insípidas del trabajo diario.


Escribo esto, porque se me cae el alma al piso de solo pensar que no podré decírtelo. Ni contarte nada de lo que me pase en el día, ni tratar de encontrar soluciones para tus problemas usuales como si fueran los míos, como si tu fueras yo. Haz sentido alguna vez eso? Que eres un reflejo de otra persona? Que quieres que sea feliz a como de lugar? Aunque no sea contigo. Obvio. Aunque no sea conmigo.



PD.  Me niego a escribir un cuento sobre ti. 

jueves, marzo 08, 2018

Two strangers

Al caer la tarde el cielo en la costa me pareció del mismo color tornasol que la primera vez que me despedí de Sao Paulo creyendo que podría volver cada vez que quisiera. Allí había crecido como persona, por dentro. Fueron horas de conversaciones sobre la vida, pegados a una cerveza y a pizza barata. Entonces el olor paulista se me quedaría para siempre en la nariz, porque por aquellos días sentí esa ciudad como un invernadero gigante que me hacía florecer por dentro.

Esta tarde en Lima al comprobar que el verano se había ido para siempre y que ahora necesitaba vestirme para poder fumar en el balcón aguzando la vista en busca de los parapentes de colores sentí en medio de una lágrima que se coagulaba con el viento, que era el mismo cielo de aquella vez y que una nunca deja de crecer. Se marchitan algunas hojas y flores, el camino hacia el corazón se llena de espinas, pero siempre hay nuevos frutos por recoger.

Acababa de despedirme de el, pero sabía que no le haría un cuento como le había bromeado días atrás. “Yo siempre escribo un cuento  de las parejas de las que me despido”. Me pidió que no lo describiera como un cretino, quizá no se dio cuenta que acababa de referirme a el como pareja. En realidad habían sido 40 días y 40 noches de una dupla que necesitaba contarse todo. El se había vuelto un libro abierto y me dejaba leerlo. Qué lujo pensaba yo, mientras trataba de no interesarme, de no poner demasiado corazón. De que me gustara menos a medida que mas sabía.

A menudo las mujeres nos enamoramos así, pero yo ya me sabía el camino y no comería de ese pastel tan apetitoso. El hombre guapo, inteligente y conflictuado, solía ser un coctel molotov en el corazón de cualquier mujer con una pizca de sensibilidad y ganas de observación. Y yo ya no tenía tiempo para eso. He pasado la edad en que ofrezco mi cabeza gratuitamente a la guillotina. Pero ahí estaba el, día a día para mí. Mezclando sus conflictos con los míos. Creyendo en el amor, queriendo entregarse. Una versión masculina mía, casi mi alma gemela.

Ha sido duro decir adiós. La verdad no lo he dicho. He salido de puntillas de esa habitación deseándole suerte en lo que se proponga hacer. Deseándole suerte en el amor que tiene marca registrada para otra. Me pregunto si le haré un cuento. Le he hecho mil retratos. No lo sabe. Tampoco sabe que me duele el cuerpo ahora como si al dejarlo me hubiera invadido una enfermedad fatigante, con la que tendré que lidiar aun unas semanas mas. Mientras tanto trataré de no cruzármelo en ninguna parte. Rogaré por que su cara feliz no aparezca en otra revista social y que su numero sea olvidado para siempre, así como sus frases, su forma de enfocar la vida, sus consejos de hermano grande. Trataré de olvidar su cuerpo, su piel sobre todo, salada junto al cuello. Sus cabellos frondosos, su nariz cortada con cortaplumas y su mirada profunda desde otro mundo. Trataré de olvidar todo eso, aunque cada vez que vea el mar y un atardecer vainilla de final de verano me recuerde que el destino no tiene en nosotros ningún favorito.


“…Puedes que hayas nacido en la cara buena del mundo. Yo nací en la cara mala. Llevo la marca del  lado oscuro…”

Caiqueos

 Lima, 18 de Marzo Me siento hoy enferma y débil, así que he acurrucado el cuerpo entre los almohadones soportando la tiritadera y el frío a...