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La Tierra Del Olvido

Justo ahora que me había acostumbrado a estar aquí, debo irme.
No es una obligación, solo es parte de una decisión de la cual me felicito.
Pero extrañaré mi cama, mi tV y todas las cosas materiales que me atan a este mundo,
mi mundo.

Yo le llamaba Tierra del Olvido al lugar donde trabajé por un año y donde permanecí olvidada de la civilización.

Cuando llegué de vuelta a la casa de mis papás, que por momentos siento como ajena, decidí que la Tierra del olvido no era un territorio limitado, simplemente se extendía conmigo, acompañándome a donde fuera.

Veía el mar, la playa, las casas y las calles nubladas. Los campos verdes, la fruta en el mercado, todo iba en sepia,
como en una foto que aun se va tiñendo antes de ser revelada, de los colores reverberantes de mi propio recuerdo.

Cuando decidí venir aquí a pasar mis semans de cautiverio, lejos de todos, supe que este departamento también era parte de Una Tierra del Olvido, extraña y con olor a madera.

Vivía en una cajita de madera perfumada, que lo tenía todo. Excepto alguien con quien hablar.

Me quedaba horas enteras escribiendo, oyendo música, viendo series de Tv.
Me hice fanática de tomar cafecitos en el día y "tecitos" con aroma de durazno al llegar la noche.
Cuanmdo se me acaba el dinero para comer, o me aburría de estar tantos días sola, volvía a la casa grande, a la casa de mis papás con comida caliente, postres y una charla de sobre mesa.

Volvía a ver la novela con mi madre por las noches, a oír las preguntas de mi sobrino, a recostarme en la cama de mi hermana y hablar con ella hasta pasada la media noche.

Allí me sentía segura...y tenía el internet gratis...Gran ventaja y desventaja.

Todo era inerte y tranquilo en la Tierra del Olvido, hasta que decidí volver a la vida, sobre una cama de espinos, lejos de todos los que me quieren y cerca de todos los que aun no me conocen.

Esa es parte de la historia.
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