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Todos mis sueños

Tengo el resto de la tarde para escribir. Hace calor, ya lo dije antes.
Aun me queda en la mente esa historia de cuando era niña y mi viejo contaba que los egipcios tomaban café caliente para calmar el calor del desierto. Nunca le creí, pero a veces, cuando hace calor, lo único que se me viene a la mente es un café humeante en medio del desierto.

Tengo toda la tarde por escribir, en realidad quiero dejar de pensar un poco y abandonarme al placer del teclado. A veces siento como si fuera un piano y me dejo llevar por ese placer musical de mis propios pensamientos, brotando en palabras raras.
A veces, quisiera hacer música. A veces.

Es domingo y si nos reuniéramos para habalr podría contarte muchas historias. Siempre tengo bastantes historias en los bolsillos. Algunas van naciendo a medida que hablo, por eso no cuento las historias que deseo escribir, esas me las callo. Sé que una vez que una historia sale de mi boca, es como un pájaro que vuela lejos y libre, hacia los oídos de alguien más. A ser recibido en otro nido. Cuando una historia termina de salir de mis labios, le digo adiós para siempre, a esa ave multicolor que agita sus alas, hasta abandonar mi espacio del todo. Para cantar en algun otro oído e ir rosando por el mundo, así como las historias que me han contado, las que he oído, las que he visto suceder.

Es bueno viajar, pero a veces quisiera quedarme en un solo lugar, cómoda y perezosa para siempre. Quisiera vivir en una casita pequeña donde pueda escribir todo el día y no preocuparme por nada más que por contemplar el mar.
A veces, quisiera quedarme para siempre en mi casa.
Pero sé que debo irme.
La maleta está esperándome en el centro de la sala, a que termine de colocar las últimas ropas, los últimos regalos.
No quiero irme. Siempre es una despedida triste.
No es el vuelo de un ave que extiende sus alas para hacer un trino alegre,
cuando yo me voy, las despedidas son entre risas, pero para mí siempre son tristes.
Por eso duermo enb los viajes y
miro por la ventana, inventando nuevas historias,
que me acompañen a donde vaya.
Historias que me dejen ir,
y me permitan volver a casa.
Por eso cuando viajo, jamás hablo con nadie,
a pesar que quisiera que el mundo me hable,
que alguien rompa mi burbuja
e interrumpa la hilación de mi propia historia.

Por eso cuando viajo, pienso tanto en mí,
en el futuro,
en ese pasado
que se confunde a veces con los sueños.


Todos mis sueños.
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