Mis manos

Mis manos son pequeñas y mis dedos delgados.
No son esas manos lánguidas, preciosas, de la gente que toca instrumentos,
tampoco esa manos pálidas de venas verdosas que te bendicen en la misa,
no son las manos huesudas de las mujeres que admiras,
tampoco tienen esas uñas sensuales, pintadas de carmesí brillante.

No,
mis manos son simples.

Las lavo con jabón, las unto con humectante, limo las cortas uñas,
son suaves y de líneas solitarias,
en las que de vez en cuando juego a leer mi destino.

Mis manos no sirven para nada,
se ajan cuando deben trabajar duro,
lavar los platos o la ropa,
mis manos se opacan.

Mi padre decía que yo sería cirujana,
por los dedos largos y delgados que podían entrar
en cualquier lugar sin demasiado esfuerzo.

Yo no quería ser médico entoces,
pero me agradaba que mi padre profetizara que sería cirujana,
que curaría personas,
que me vestiría de verde.
Me llamarían por altoparlante
y yo me acercaría corriendo, mientras todo queda en cámara lenta
y me colocarían esos guantes pequeños,
no los 6 1/2 para manos diminutas,
ni los 7 1/2 para manos corrientes,
me calzarían esos guantes número 7
que es difícil hallar en als farmacias
y comenzaría a operar.

Mis manos han sostenido el rostro de gente que muere,
de niños que nacen,
de órganos que salen,
tapando orificios sangrientos,
y callando bocas que gritaban.

Mis manos han escrito páginas y páginas
de mi vida diaria,
han cosido vestidos de muñecas flacas,
han hecho tarjetas de purpurina y flores,
han pintado con crayon cuadros,
que mi padre me hizo creer
que eran obras de arte.

Mis manos han luchado
y hecho cosquillas,
han acariciado la piel de los hombres,
los cabellos de los niños,
el rsotro de mujeres,
mis manos se han muerto conmigo,
marchitándose cada flor que crecía en ellas,
más no me ha importado.

Mis manos, en las que una vez te leí mi destino,
y te dije que siempre estaría sola,
porque en ninguna de ambas se cruzaban las líneas.

Que viviría casi para siempre,
mis manos en tu cara y en tu pecho,
arañándote, rasgándote, tirando de tu pelo,
mis manos jurando amor eterno.

Mis manos...que pena por mis manos,
que jamás volvieron a tocarte.
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