Yo y los Perseguidores

Ayer domingo, un hombre comenzó a seguirme. Fue una sensación rara, porque sentía que alguien me seguía pero al volver la cabeza solo estaba mi cabello obstaculizando mi visión y nadie atrás mío. Pensé que era alguna de mis paranoias, hasta que el tipo me empujó. Probablemente había estado caminando tan cerca mío que cuando volteaba no lograba verlo.
Pasó delante de mí, se dio la vuelta, me sonrió con cara de demente y caminó en dirección contraria. Era a todas luces un esquizoide, con la cara desencajada, los brazos cruzados en actitud mahometana y unas sandalias sucias. Yo volteé a mirarlo y él también lo hizo. Tenía una cara de expresión fea, los ojos ocultos por una gorra verde. Parecía uno de esos locos callejeros.
Yo lo olvidé prontamente y seguí caminando.

Al volver la cabeza el hombre me seguía por la misma vereda. A media cuadra de distancia el hombre cruzaba la calle si yo cruzaba y se detenía si yo lo hacía. Me comenzó a dar miedo y me detuve en un paradero. Era domingo, ningún policía cerca, la tarde soleada, la gente escasa. El hombre me miró desde la vereda de enfrente y cruzó la avenida hasta posicionarse a algunos pasos cerca mío. Pensé en subir a cualquier bus dado que no había taxis cerca, pero me detuvo la idea de que el tipo se subiera a mi lado. De solo pensar estar a tan poca distancia del demente, me daba escalofríos y asco.
Apenas se distrajo, seguí caminando, pero esta vez más rápido, solo me faltaban algunas cuadras para llegar a casa y aquel hombre parecía distraído en otra persona. Detendría el primer taxi que pasara y me alejaría de allí.

Mala decisión. El hombre no se había distraído ahora me seguía calle abajo.
Las tardes son soleadas, mas que primavera parece verano y las calles son angostas y sin árboles. Los domingos puedes advertir cuan abandonada está la ciudad, con todas las puertas cerradas y ninguna persona cerca.

Ahora era demasiado tarde para buscar un taxi, esa calle está cerrada al tránsito. Casi habíamos empezado a trotar, de lo rápido que yo caminaba y el tipo me seguía con el caminar corvado y los brazos cruzados como si estuviera nevando.
La calle vacía, nadie alrededor, sin darme cuenta me estaba comenzando a agitar. Pensé en detenerme, en gritarlo. Mi padre lo hubiera hecho, pero yo no soy mi padre y tampoco tengo su fuerza.
¡maldita manía de salir a caminar un domingo!

Cuando ya no quedaba otra opción, entre a un ciber que estaba abierto por allí. El único abierto en esa calle fantasma que une la plaza con la zona donde vivo. Entré rápido y me oculté en la cabina del fondo.
El hombre pasó 5 minutos después y se puso a vigilar la entrada, pero sin ingresar. Ahora solo quedaba permanecer allí hasta que se canse. Examinar todas las posibilidades de salida, si el tipo permanecía allí y yo salía iba a saber donde vivía. Tendría que caminar una cuadra más hasta mi casa, porque por allí no transitan vehículos, menos, un domingo. El solo hecho de tener que caminar una calle más seguida por el demente, me asustaba. Después de tres cuadras había perdido el valor inicial de encararlo o ignorarlo.

En ese momento en el chat, la única persona era Diego y su fabulosa manera de calmarme:
No te muestres asustada- Llama a un amigo-Pide ayuda al tipo del ciber- Araña y patea si es necesario….
Para este punto se me ocurrió que la sutileza de mi amigo, no era uno de sus fuertes, por decir lo menos.

Afortunadamente, el tipo se cansó de esperar y desapareció. Ayudada por el chiquillo que atendía en el ciber café, salí de allí y caminé rápidamente hasta mi casa. Si el hombre me hubiera estado siguiendo, hubiera llegado hasta mi mismo departamento, dado que el portón está abierto los domingos y el vigilante se desaparece toda la tarde.
Ya estaba en casa, sana y salva.

Me quedé pensando en mis paranoias persecutorias, en las veces que me han seguido tipos, por cuadras enteras y he tenido que llamar a la policía. ¿Cuál era la causa? ¿Caminar sola? ¿Caminar distraída? ¿Cruzar por una plaza llena de gente un domingo?
¿Parecer asustada?
Mi cuñado bromea, diciendo que seguro es porque salí con mi faldita de “cabra chica” o seguramente con algún escote, "levanta locos"

¡Como si eso fuera necesario para que un orate decidiera perseguirte!
Aun en broma, la gente que me conocía me culpaba a mí por cualquier tipo que me acosara en el camino.

Llegada la noche comencé a pensar todos los maniáticos con los que me había cruzado desde que estaba en la universidad, a quienes les había restado importancia, hasta que las cosas se ponían feas. Si decidía escribir sobre eso, necesitaría otro blog.
Ya en mi cama, me di cuenta que una mujer caminando sola se presta a persecusión por cualquier idiota que quisiera asustarla.
Y lo peor, lo conseguía.
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