Densidad

Ya no se donde ocultar esa sonrisa, no debería. Pero temo que me la quiten. Por eso sonrío a escondidas, cuando conecto el discman y oigo mis canciones privadas, sonrío. A veces lagrimeo un poco, pero son lágrimas tontas. Mis sentimientos se quedaron a flor de piel, ahora parece que sintiera demasiado, que todo fuera gigante, cuando veo al fondo de mis recuerdos. Pero abro los ojos y me hallo aquí en medio de la nada enorme, de la soledad mas pura.

Antes me parecía que el lugar donde vivía era real y el resto ficción. Ahora sé que la ficción es aquí, lleno el lugar de fantasmas y hadas, de duendes y brujas. A veces quisiera irme, por eso lloro un poco, necesito hacerlo. Extraño la vida palpitante del otro lado del mundo, la pasión, el fuego. Incluso el dolor, son sensaciones que me hacían sentir viva. No es dramatismo, solo necesito ir soltando las riendas y cabalgar libre por el desierto plateado del otro lado de la luna. Necesito llorar un poquito para sonreír a gusto.

No sé donde ocultar mi sonrisa, tampoco mi pena. Viajé con los sentimientos a flor de piel durante dos días, antes que me encontraran y sentí que la vida me había dado un vuelco. Que nada de lo que quería era cierto, que mis metas eran falsas, que nada me llenaba. Aquí es ficción, me encontré diciendo. Todo esto, una fanfarria. Una decoración triste de un teatro al que no entra nadie.
Es la misma ciudad, la misma cama, la misma gente. Pero es solo una obra de la que ya no deseo participar, me quedo en la platea, esperando ver un espectáculo nuevo: No hay nadie. Nadie que ilumine esta pieza vacía, ni que haga cantos en este silencio que por momento es ensordecedor. No hay nadie que me invente la felicidad de un palmo, ni que me haga cantar de nuevo. Todo en este planeta, parece ficción de pronto. Pero es la realidad mas patética. La realidad de los que sueñan que no sueñan.

Me he quedado en casa unos días, con mi perfume favorito, mi canción preferida. El libro que no deseo terminar. Sin atrever a vestirme. Acostada en la cama, sintiendo la felicidad de las sábanas tibias en espera de alguien al que no volveré a ver y escribiendo en el aire, lo que nadie verá.

Esta vida es un recuerdo pasado, a veces preferiría simplemente haber seguido dormida, soñando que él soñaba conmigo y pensando que los retornos a casa se hacen solo al final de la vida.
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