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Al Día Siguiente

Al día siguiente de la navidad, el sentimiento es casi el mismo, en todas las personas que conozco: ¡Que abusos he cometido! ¡Cómo pude comer tanto! ¡Parece la panza de Santa Claus!
Dos días después de la Noche Buena, las pesadillas fruto de la maratón de comida continúan, además de darse cuenta de que “Todos los regalos malos de este año me los dieron a mí…"

Realmente los padres y amigos, aciertan muy pocas veces en estas fechas. Parece que la mezcla de prisa y poco dinero, trajeran a casa siempre los regalos menos deseados.

Las cosas que uno menos desea, nos son obsequiadas en las envolturas mas vistosas, para lograrnos una sonrisa plástica, de “qué lindo…gracias” aunque no sepamos bien ¿para qué demonios puede servir eso?

Siempre pensé que yo era buena recibiendo y dando regalos, pues generalmente doy tantas indirectas antes de las fechas cruciales, como cumpleaños, aniversarios y navidad, que juzgo que solo alguien muy ciego, sordo y terco (como mis padres) podrían equivocarse a la hora de comprarme algo. Incluso hago listas de regalos por precios y lugares donde se pueden comprar, pero nada…Todo mi trabajo estratégico, cae en saco roto con mis padres.

Pero no solamente ocurre con mi familia.Creo que lo testarudos al momento de regalar, ya es un mal extendido a todas las esferas...

Para mi cumpleaños, recuerdo que lo único que pedí fue un perfume y unas flores… (un ramito de flores, vale solo un peso!) El problema es que los hombres jamás aceptan sugerencias de poco valor económico, pues lo toman como que “ya no será sorpresa” o "Date cuenta que yo sólo regalo cosas espectaculares".

Yo me pongo a pensar que se echaría a perder la sorpresa, si yo dijera el nombre del perfume o eligiera el tipo de flor, pero si solo menciono el género del obsequio deseado...¿Cuál es el problema?

¿¿Acaso no es espectacular regalar lo que la mujer desea aunque solo valga dos pesos??

Ese día por primera ( y supongo que única vez en la vida) me llevaron a comprar ropa como si fuera una escena de Mujer Bonita…lo cual debo decir, por experiencia propia, no es tan divertido…Es decir, cualquiera podría pensar( incluso yo misma) que pedir lo que se te antoje, mientras las vendedoras se vuelven locas por atenderte será una experiencia de ensueño…pero, no equivocarse, cuando te llevan a esas tiendas en que un calzón vale lo mismo que unos pantalones en cualquier almacén normal, la actitud de “winner”, cambia por una de “Dumber” pensando en “¿por qué demonios no fuimos a Falabella, donde podría comprarme 3 prendas por el mismo precio de esta polerita rala de diseñador con nombre andrógino, que ni siquiera podré usar?

Es que hay cosas que no van con una, los delirios de grandeza tienen su límite dependiendo de cada mujer y ese día yo conocí el mío. Las cosas pueden narrarse y verse como en las películas, pero la sensación no es la misma, delante y detrás de la pantalla.

Para ésta navidad, yo estaba podrida pensando en las razones filosóficas que habrían llevado a mis padres a regalarme un reloj…si era la única cosa en la que había insistido no necesitar. Luego miraba la ropa nueva y me daba cuenta que con tanto engorde navideño, necesitaría una dieta rigurosa de agua y verduras feas, para poder estrenarlos sin parecer un tamal.

Mi hermana me comentaba que a ella le habían regalado ropa dos tallas menor ...Por un momento llegamos a pensar que habían confundido los regalos para ella con los míos, pues lo que yo pedí se lo regalaron a mi hermana y viceversa.

Entonces reflexionamos, en que tal vez fuera una estrategia de mis padres, para obligarnos a comer menos y hacer mas ejercicio…aunque luego de mirarnos, nos dimos cuenta que Naaaaaah, mis viejos se habían vuelto a equivocar por su terquedad en comprar cosas que nadie pidió, en las tallas que teníamos hace 5 años.

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Al día siguiente de navidad, cuando todo lo bebido parece demasiado. Cuando todo lo comido parece un abuso pantagruélico y cuando cada regalo, parece ser el obsequio no solo equivocado sino comprado con segunda e irónica intención, la única satisfacción que queda es haber podido estar en familia y regalar aquello que pensábamos haría feliz a los otros, aunque eso haya sido solo otra ilusión de navidad.

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