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Adiós a Cienfuegos

Hoy me desperté pensando en él otra vez. En Cienfuegos y su ausencia repentina. Tal vez fuera que leer la descripción de las pinturas que hace Kawabata en su libro, me recordara a cada línea a Cienfuegos y la pregunta que siempre se me quedaba en la garganta cuando hablábamos ¿Qué te inspira a pintar?

Era una pregunta tan tonta, que jamás me hubiera atrevido a hacerle; pero ahora que leo esas descripciones, las analogías, la belleza de los paisajes observados, las metáforas en relación a las montañas de Kyoto y la lluvia de primavera; solo puedo preguntarme que será de Cienfuegos y las pinturas que jamás llegué a ver.

Hace unos días, figuraba un comentario anónimo en el blog diciendo que Yo aun me parecía a la palabra NUNCA. De inmediato pensé en Cienfuegos, en que era una señal de que aun estaba vivo, de que aun me leía incluso si no comentaba, pues no podían ser de otro esas palabras…Lamentablemente, me equivoqué y fue cuando me di cuenta que tal vez era cierto y Cienfuegos había terminando desapareciendo como una brisa de mi playa vacía.

A veces pienso que una de las razones mas fuertes de tener el blog aun abierto es él, mas que yo. Es el hecho de pensar que este es el único contacto que aun nos queda.
A veces pienso, que escribo para él, para no perder ese toque mágico de mis primeros textos y mi primera felicidad, sabiendo que alguien por fin entendía las palabras enredadas con las que quería terminar de explicarme y que ese alguien era él.

No iba a escribir sobre Cienfuegos hoy, después de todo me prometí no volver a hacerlo, pero dado que he caído en la cuenta que desapareció real y totalmente de mi vida, me permitiré el lujo de escribir un poco sobre él, aunque no sea mas que para explicarme a mi misma, el hecho que haya desaparecido y terminar por aceptarlo.

Es curioso, que de una u otra forma haya estado presente en mí, aun cuando me iba. En Santiago, la calle donde comí mi última parrilla se llamaba Cienfuegos. En Buenos Aires, la librería donde compré las postales con caricaturas de Cortázar y Gardel se llamaba igual. Veía el nombrecito y sonreía para mis adentros, preguntándome si él sabría cuando eligió ese sobrenombre, que iba a estar en todos los sitios que yo visitaría luego. Pensando en la razón para colocarse ese nick en los comentarios, pensando simplemente en ¿Dónde estaría ahora Cienfuegos?

Es casi Navidad y el clima de verano y desenfado me hace recordar la primera vez que hablamos, peleamos, reímos y yo cometí el error de ilusionarme con el primer ser invisible que me dijo Te Amo. Debe ser por estas fechas y por algo de tonta nostalgia, que lo recordé hoy, oliendo estas líneas a una despedida, mucho mas larga que la que él me diera. Me pregunto si me seguirá viendo bella y flotando sobre columpios alados o si después de un año de leer todo lo que nadie sabía acerca de mí, se terminó dando cuenta que más que el hada que él pintó, no sería ahora solo un dragón escamoso que arroja fuego por la boca, en su intento de decir Te quiero.

Me pregunto, cuál fue la razón para alejarse. Razones intrínsecas o porqué se hartó de verme rodeada de tanta fanfarria, en un espacio inicialmente tan intimista. Si le llegó a resultar molesto el sitio, mucho antes de que yo me diera cuenta de lo mismo, si un día vio que ya no era la chica que inicialmente empezó a escribir para exorcizar sus demonios y ahora era alguien diferente, mutando por rostros y trajes diferentes.

Tal vez fuera que su ausencia solo se debía a causas físicas como la muerte repentina. Eso pensé aquella madrugada en que me desperté pensando en él, como si me hubiera hablado desde los sueños y sentí el enorme vacío de no haber tenido tiempo para despedirme y haberlo perdido para siempre. Esa madrugada lloré desconsolada por él, por mí y por todo lo que estaba perdiendo. Quise creer que era una despedida de ultratumba, un fantasma que rozaba con su fría manga mi rostro hasta hacerlo sangrar de lágrimas transparentes. Pero no, probablemente solo era un desequilibrio de serotonina, que me hacía ver las cosas mas tristes y funestas de lo que realmente eran.

Ahora, es nuevamente Diciembre y lo pienso, sin esperanzas ni sueños. Pienso a Cienfuegos y trato de despedirme sin recuerdos, de la única persona que me dijo que estaría SIEMPRE, con la seguridad de aquellos personajes que saben que cualquier futuro ya es incierto.

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