El ratón de los Dientes

Jamás pensé que una necro pulpectomía me generaría una sensación de pérdida, pero cuando salí del consultorio de mi dentista, mas que por la anestesia que dejaba mi labio superior insensible y caído ajeno a obedecer mi voluntad, noté que acababa de perder repentinamente la sonrisa de todos estos días festivos.

La anestesia, me hacía sentir con el labio gigante y me visualicé de pronto como una mujer con la máscara del pato Donald caminando hasta la casa. ¿Cómo era posible que justo antes de navidad, me enterara que requería una cirugía de conducto para mi hermoso diente perlado?
( la impresión de tener un diente blanco perlado debe ser algún efecto secundario a la anestesia que me hace imaginar tonteras)

Mientras reposaba en la silla de la odontóloga, mas que pensar en la aguja que me penetraría hasta los sesos y el taladro de aire cuyo sonido había atormentado toda mi niñez; yo sacaba cálculos cuál Arpagón perucho, sobre como redistribuir el dinero que me quedaba para comprar los regalos navideños.

“Gracias doctora, por dejar a mi padre sin regalo”, quería decirle, cuando me dijo el precio de el minúsculo procedimiento; pero ya era tarde. Era eso o pasar fiestas navideñas con dolor dentario y sin poder comer nada de las exquisitas cositas que preparan en casa para estas fechas (claro, que no comer me terminaría beneficiando…pero vamos, si no comes hasta reventar en noche buena, te queda una triste sensación de vacío…pero bien acompañada de ruidos intestinales) La dentista lo sabía muy bien, así que planteada la cosa por el lado del bolsillo versus Navidad dietética, me incliné hacia la primera con el resentimiento de los niños chicos.

“Se ha roto el equilibrio normal del diente”, por eso te duele, me trató de explicar ella, pero yo ya no oía nada. Creo que mi padre había influido en la idea de que hacerse una endodoncia es lo peor que te puede pasar en la vida. Trataba de hacer la analogía con perder un apéndice o una vesícula y no entendía porqué mi padre ponía tanto sentimiento al hablar de “que te maten el nervio”.

Ya de regreso a casa solo podía sentirme acongojada por perder un nervio que ni sabía que existía. Cuando lo mostró extirpado de raíz ante mí, casi se me sale una lágrima; debe ser que me sensibilizan estas fiestas, pero tenía una clara sensación de pérdida, similar a perder un hijo.

Ahora el asunto, es como solucionar lo de la falta de dinero. He de poner manos a la obra y hacer trabajos manuales en casa hasta atiborrar la casa de tantos adornos navideños, que la gente olvide que a la tía se le redujo la billetera por conservar una linda sonrisa. Ojalá y el ratón de los dientes, acepte adelantos y me de crédito por mi maltrecho nervio dentario.
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