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EL Lugarteniente

Hace mucho que no sé nada de Rafa. Suele pasarnos, desde que nos conocemos, ambos desaparecemos por largas temporadas sin muchas preguntas. Al principio yo me desesperaba por no tener noticias de mi amigo, pensaba que podría haber sufrido un atentado, morir en un accidente. Pensaba que sería de mí si él desaparecía y yo no llegaba a despedirme, en otras ocasiones pensaba que tal vez se hubiera molestado conmigo por alguna razón y hubiera decidido desaparecer del mapa.

Rafa es uno de los pocos amigos que logran entenderme, escucharme y escribirme, sin que me sienta asfixiada. No sé si nos parecemos un poco, al principio quería pensar que sí. Cualquiera hubiera querido parecerse a Rafa, pero eso es imposible. Si fuéramos iguales nos aburriríamos en menos de dos minutos. Creo que solo tenemos afortunadas coincidencias y por eso nos soportamos bien.

Son afortunadas las coincidencias de escribir con pasión y aburrirse rapidamente con lo que antes nos gustaba. Yo le llamaba inconstancia, Rafa dice que no es eso, es solo que cuando nos gusta algo lo exploramos hasta el mínimo mecanismo y cuando ya no hay misterios, lo dejamos en el acto. Que son gajes de pensar mucho... Que la depresión que a veces nos abruma es el precio por tener algo de materia gris para no pasar la vida como simples animales.
Yo me río, pensando que sus frases son consideradas soberbias, propias de español que se cree dueño del mundo. Lo peor es que a él no le importa ni le incomoda, "Me encanta levantar murmuraciones en los puritanos"- suele decir. Sus cartas suelen ser de un humor tan corrosivo, como inteligente.

A mi me encanta Rafa, nos conocemos hace tiempo y no nos hemos aburrido nunca. Comencé a escribirle a él toda mi historia, cuando estuve deprimida y el hacerlo pudo hacerme respirar de nuevo. Cuando terminé de hacerlo, él no opinó ni me puso curitas, nada. Me envió una carta igual de larga, que me daba fuerzas para seguir adelante, sin hacerme sentir víctima, sino vencedora.

Cuando ya estuve mejor, seguí con las costumbre de escribirle, aunque con menos frecuencia. Rafa siempre tenía la palabra exacta para mejorarme el ánimo, incluso una buena grosería. pero yo ya no me sentía bien escribiéndole de cosas mas generales como mi casa, lo que sentí en tal o cual caminata o lo que me inspiró a escribir de nuevo, esas ya parecerían cartas de enamorados y no de compañeros de batalla ( la batalla diaria ppor no deprimirse muy rápido).

Empecé el blog como una manera de escribir lo que sentía sin que sonara a carta que espera respuesta. Rafa me podría leer siempre que él quisera, pero yo podría escribir de cosas más íntimas y menos trascendentales de los temas que usualmente compartíamos.

Creo que la comunicación con Rafa, fue en buena cuenta un ensayo de blog. Lástima que el término blog entrañaba muchos aspectos que yo aun desconocía y de los cuales no terminé de adaptarme.

Espero que al reaparecer Rafa, podamos reestablecer la comunicación epistolar que nos unió tanto, de todos modos la manía de compartir lo que se escribe no es exclusiva de ser o no ser blogger y escribir cartas para los amigos, suele ser siempre una experiencia gratificante.

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