Hora Cero

La noche que empecé a escribir era una noche como ésta. Era diciembre y también como hoy, el salón estaba ya atiborrado de arreglos navideños. Recordé ésta noche, no porque fuera la fecha, sino porque tuve la misma emoción de llegar a una página vacía que finalmente era propia, a escribir lo que se me antojara y a nadie, nadie le importaría lo que yo pudiera hacer o decir.

Sentí ese cosquilleo nervioso de cuando sales a un escenario grande y hay un montón de gente esperando que digas algo que ya sabes de memoria, pero en ese lapso silencioso de gente que te contempla, del micro que se acomoda, de murmuraciones que se callan... en ese lapso, una puede sentir esa emoción gigante que generalmentre huele a miedo.

Yo no tuve miedo la primera vez que me lance a escribir en un blog, mas si tuve emoción...era una emoción mentolada, de esas que te gustan sobre la lengua, pero te hacen sentir un vacío atroz en el estomago.

Yo estaba sola.

El blog estaba solo.

Esa noche como ahora, yo no sabía de que escribir o que decir, solo sabía que quería decir algo. Cualquier cosa, que quitara la mordaza de mi boca, de años y años callando las cosas locas que podían hacerme ver aun mas diferente ante el resto. Cosas que se debían callar, para no asustar a la gente, para no generar reacciones adversas, cosas que era mejor mantener olvidadas...Yo solo sabía, que necesitaba acercarme lo mas posible al yo que guardaba mas celosamente, a mi yo interior, cualquiera fuera el rostro que hubiera adoptado en estos años en que dejé de escribir, de leer y en cierto modo de sentir.

Hoy me siento igual de emocionada, siento como si en la boca llevara una hoja de menta y en los dedos una caricia que me insta a seguir tecleando las palabras que brotan de mi ser. Me gusta estar así, confiada, es como volver al inicio, como ver amanecer entre las montañas y sentir que todo estará bien.

No puedo explicarme, pero esta noche para mi, es como si amaneciera, como si el olor de la lluvia y la vegetación húmeda pudiera limpiarlo todo. Puedo sentir esa fragancia de los árboles bañados en rocío, el aroma de la tierra, del polen, del viento fresco.
Puedo simplemente, sentir la serenidad, el equilibrio...las ganas de abrazar la vida
...pero...

¡Cuán poco dura el equilibrio!...Mi propio equilibrio…

Cuán poco duran las cosas que nos generan felicidad, el abrazo que nos da sosiego, la caricia que nos da ternura, el beso esplendoroso del amor sin peros. Cuan diminuta parece esa fracción de tiempo, en que la vida sabe a felicidad, a equilibrio exacto…
cuan poco realmente…
Pero esos segundos, estos segundos, acaso sean mi serenidad perfecta, el punto en donde el agua se hace mansa, la lluvia se vuelve clara, el atardecer suaviza sus colores…Acaso sea este tiempo (escaso tiempo) en que el verdor de la hierba es brillante, los caminos están limpios y el cielo despejado...para que yo pase sin despertar a nadie, a mitad de toda madrugada y pueda besar al mundo sin generarle una mueca de desconcierto...Un beso mientras el mundo reposa dormido.

Soy feliz…Eso parece
…Más…

¡La felicidad es una palabra tan grande!
un término tan ancho que debiera encerrar al amor, la salud y la suerte, sin arrebatarnos nada a cambio. Sin ofrecer nada a medias tintas, la felicidad- dicen- debería serlo todo...Pasa entonces
que cuando alguien me pregunta si soy feliz, yo debo pensarlo 2 y hasta tres veces antes de contestar con nostalgia, que no, pero que podría serlo.

Hoy le robo ese margen de error al lenguaje, a la palabra extensa, al término kilométrico que hace parecer a la felicidad inalcanzable. Yo te digo, si, soy feliz, no por lo que tengo ni lo que tuve, tampoco por la esperanza de lo que tendré, soy feliz porque en este preciso momento, a solas, sin nada, sin nadie, puedo ser yo completamente, sin miedos, sin misterios, sin zonas oscuras ni recuerdos tristes...Sin culpas.

En estos minutos, mi equilibrio es perfecto, estoy yo conmigo, amándome por esto, por la sensación de estar en un escenario vacío y sentir que aun puedo improvisar las líneas del parlamento que creí olvidado,
que aun puedo sentirme dueña de mi, no importa que alguien mas esté mirando.
Aun soy yo y lo soy mas que nunca.

¡Cuánto tiempo ha pasado!

Es todo por hoy, probablemente me quedé balanceando los pies a la orilla de la luna, hasta que me quede dormida y nuevos sueños vengan a poblar mi Tierra del Olvido.
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