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Deseos

El me mira congestionado de ira, no lo puedo creer, se siente un loser. Por azar yo tengo trabajo y el no, estoy viviendo sola mientras el permanece refugiado en casa de sus tios y probablemente me vaya del país en unos meses gracias a mi marinovio. Me mira y me dice sentir que no soporta más.
- ¿que es lo que no soportas?- le pregunto
- Esta vida…seguir dependiendo de mis padres, vivir de prestado en esta ciudad de infierno, donde nunca tengo la suficiente plata.
- Todos estamos igual- digo, tratando de animarlo. Solo es cuestión de tiempo, eres brillante. No conozco a nadie que a tu edad sepa lo que tu ya dominas, solo es cuest..
- Carajo, no es eso!- Me grita irritado. Toma aire y vuelve a empezar. No sabes todos los planes que yo tenia cuando estaba aun en el colegio, para estas fechas yo me imaginaba teniendo mi departamento propio, mi auto y haber salido del país…pero mírame!
- Diego, por que te torturas? solo tienes 24 años…

24 años, pienso para mis adentros, no puedo creer que a su edad ya se sienta un fiasco. Yo lo sobrepaso por algunos meses y no se la mitad de idiomas, ni de trucos informáticos que el sabe, menos aun escribir con la lírica con la que el me dedica sus poemas…pero el se siente así, inútil. Yo que a los 25 años me imaginaba aun sin graduarme y viviendo en la casa de mis padres me siento avergonzada de que mis expectativas de calidad de vida siempre hayan sido tan pobres. Y es que nunca me preocupó demasiado el futuro, no me imagine llegar a tener un auto o una casa propia terminada la universidad, porque siempre pensé que eso era demasiado para alguien como yo que siempre me he mirado en menos: por ser mujer y tener esa apariencia de debilidad que te causan desventaja en el mundo de los vivos.

Me miro al espejo y reflexiono sobre quien soy realmente; no tengo ni el rostro, ni la figura, ni la talla ideales; podría pasar desapercibida por cualquier calle transitada… ¿o tal vez no? ¿Tal vez no sea tan común? Y es que ser mujer te salva el pellejo en este mundo de feos. Si yo hubiera nacido hombre, por ejemplo, no podría solucionar mi estatura media con tacones altos, o resaltar mis ojos con rimel y sombras. No podría contornear mi rostro con algún peinado que me cambie la expresión de la cara, ni dar sensualidad a mis labios con brillo labial. No podría tener la ventaja que te dan las piernas bonitas en cualquier oficina publica. Si hubiera nacido hombre me habría tenido que conformar con mi cara común y corriente y explotar al máximo todas mis habilidades intelectuales, dado que en las deportivas seria un cero a la izquierda. Habría sido un chico de cara media fea y poco desarrollo muscular, poseedor de gran corazón, esos que las chicas buscan para amigos pero jamás para novios, los que suelen amar como si fuera el ultimo día de sus vidas pero sin ser correspondidos.

Pero ser mujer también ha sido una joda completa, en principio porque tienes que lidiar con la regla todos los meses y con periodos hormonales que te crean complejos de puta. Tener que armarte del orgullo y la paciencia suficiente para que sea el hombre quien del primer pasó en cualquier situación comprometedora. Tener que cuidarte de mandar al diablo a quien juzgues estupido en tu entorno laboral o no poder irte a los golpes con nadie porque seria rebajarse. Tener que andar siempre pendiente de lo que comes y del ejercicio que haces porque si no, ¡horror! con un pastelillo demás podrías estar convertida en una apetitosa “choclona”. Tener que demostrar a diario que el tamaño de tus tetas no es inversamente proporcional al tamaño de tu cerebro y que ser mujer no te hace manca, pero tampoco una Mac Giver que puede resolverlo todo sola, especialmente cuando sabes que el cansancio ya no te lo permite.
Y es que recuerdo las noches enteras suturando las cabezas de ebrios y rateros que llegaban a emergencia de mi hospital para pobres y no poder contar con la ayuda de mis compañeros varones, que se iban a acostar temprano, diciendo que “ seria humillar mi condición de mujer, asumir ellos responsabilidades con las que yo podía lidiar perfectamente”… ¡Cabrones!

A mi edad ignoro cosas como cambiar un neumático o jugar ajedrez, lo cual me avergüenza enormemente. Ignoro sobre fútbol y música clásica y aunque no salgo mal parada en discusiones sobre libros, tengo la conciencia de que hechos como estos, no hacen sino corroborar la idea de que soy una mas, de las odiadas representantes del llamado sexo débil, pero no por falta de fuerza, sino por esa dejadez mental en la que esperas placidamente al hombre que pueda “completarte”.
Y es que aceptémoslo una no puedo saber de todo, pero demonios, ¡al menos hay que intentarlo!
Hace mucho que soy la única que arregla los plomos de mi casa o que domina las bromas de doble sentido, pero no es porque quiera dar la contra a alguien, sino que es la necesidad de todo ser humano de hacer las cosas que sienten que están en su poder. ¿Por qué tengo que fingir una candidez que no poseo o una rudeza que me desvirtúa? Soy mujer, esta bien pero no me pidan que me calle si no estoy de acuerdo.

Han pasado dos años desde aquella charla y mi amigo Diego posee ahora el auto y el departamento que se trazo en su planes de adolescente; yo desempleada y sin novio sigo pretendiendo ser una ciudadana del mundo que no precise ser completada por nadie, pero he dejado la visión pesimista de mis años mozos que me hacia ver como una eterna mantenida por mis padres o una mujer a la que golpearía el marido por no llegar virgen al matrimonio. Hay muchas cosas que han cambiado en mi mente, ahora puedo soñar despierta con la sensación de que nada de lo que yo espere me será negado y que el ser mujer en este mundo de falsas vírgenes, brujas y pendejos, a veces es una ventaja.
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