Ella y el jet set (2)

Ella entró de su mano al restaurante caro, trastabillando en los tacones altos. La blusa rojo sangre de escote en V, la falda negra y blanca de figuras geométricas, el cabello suelto. Bajaron del taxi contratado por el hotel y fingió no estar sorprendida. No habian hecho ninguna reservación, pero cuando llegaron el lugar aun estaba vacío. Probaron unos vinos argentinos que él le acercó a la nariz y se entregaron a la charla fácil. Cuando trajeron la carta, ella intentó mirarla, pero solo vio platos de 3 cifras y símbolos de moneda americana. La cerró en el acto y ordenó el Lomo Gordon Bleu de siempre sin cargos de conciencia. Era su primera cena juntos, ella no estaba para disquisiciones matemáticas.

Mientras les servian, el tocó su rodilla. Después de esa tarde de amor en el hotel, aunque exhaustos, aun tenian tiempo para hacerse cariños. Las viejas encopetadas de la mesa cercana los miraban con ojos cuadrados. Ella se dejaba tocar, mientras su pupila fotografiaba el momento para la eternidad. El vino tenia ese efecto en ella; acabaron rápido y tomaron el auto de vuelta a su suit. Con el apremio del vino y del deseo el casi olvida la tarjeta dorada con la que habia pagado esa onerosa cena. Ya estaban nuevamente en el piso 18 y la noche empezaba.

La habitación lucía monstruosamente grande para dos personas, pero ya no sentía ese miedo de la primera vez. El había había entrado en su alma, ya no temía que le desgarrara la piel.

Los hombres tienen un ingenio raro, que suele rayar en la estupidez; a el se le ocurrió que quería poseerla en una cama repleta de chocolates; asi que en el acto saco dos o tres bolsas de chocolates y las arrojó sobre su cuerpo desnudo, se la comió poco a poco: nueces, pasas y ombligo, chocolate derretido y piel humeda, todo se combinada en un fondue sexual pocas veces saboreado. A la mañana siguiente el despertó temprano y ella quedó dormida recuperando las horas de insomnio de su primera noche juntos. Durante la madrugada, el habia logrado dormir en sus brazos, mientras ella veia por la ventana las luces de la ciudad coloreando su despertar de ojos abiertos.

Entró a la ducha con masaje incluido y cayó en la cuenta que su cabello pesaba...que tenia los cabellos de meduza, que el maní estaba enroscado hasta en las partes nobles. Por Dios!! Entró en desesperación , dos frascos de shampoo y reacondicionador no fueron suficientes. Una hora después ella se seguía remojando bajo el chorro de agua caliente, para intentar sacar el chocolate. Cuando el entró al cuarto de baño la encontró asi y sonrió con esos labios delgados que ella ya amaba. Le acercó el plato de melón picado y le dijo que se apurara.

El entró a la ducha vestido y batalló para sacar los restos de almendras de la frondosa cabellera, batallaron tanto que hicieron el amor nuevamente y bajaron con los cabellos mojados al desayunador, sonriendo como tontos. El amor se colaba por las rendijas. ¡Que pareja mas bizarra! Se veian tan enamorados...pero Dios sabe que ya llevaban todas las de perder.
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