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viaje a Chile ( parte 2)

Estaba yo en la metropoli, perdida y sin dinero, solo me quedaba caminar y conocer la ciudad hasta que cayera la tarde y tuviera que tomar un taxi a casa. No tenia nada valioso, excepto mi reloj y unos aretes de plata que me habia comprado en mi primera semana alli, eran bonitos, me sentia orgullosa de esa compra.
Habia sacado la cuenta y me costaria algo de 40 soles( cantidad exagerada para mi)volver a casa sana y salva. Pense en la cara que pondría mi hermana y cual seria la burla de su marido, asi que pense en solucionar mi problema sin que ellos se enteraran de mi torpeza. En Santiago las calles del centro son amplias y sin veredas, digamos que es un boulevard gigante en donde de vez en cuando una luz roja te avisa que tienes que detenerte por que va a pasar un bus. La gente caminaba con desenfado.
En cada esquina habian malabaristas, contorsionistas y cantores. No vi mendigos, solo gente ejerciendo el arte de la calle. Hindues con cabezas rapadas y tunicas blancas se unian al desenfreno, poniendo la nota mistica con sus panderetas y cantos raros. Yo me entretenia viendo esos curiosos personajes con ojos grandes de ninha curiosa. Me detenia en las tiendas de zapatos y en las librerias. ¡Como me encanta probarme zapatos raros y comprar uno que otro par! pero en esas condiciones yo no estaba ni para comprar caramelos, asi que tuve que aguantarme las ganas. Caminaba y caminaba y seguia hallando gente rara. Me tope con un hombre que vendia en el suelo sus discos compactos y vestido de frac negro impecable tocaba el saxofón para una tira de curiosos, ignorantes de mjusica clasica. Yo estaba entre ellos, admirandolo y envidiandolo por ese arte maravilloso que es poder interpretar la musica con las manos. El poso su mirada en mi y no la despego el resto de la cancion. Se que los musicos hacen eso para concentrarse en un punto especifico en el espacio, pero la melodía era tan hermosa, la tarde tan fresa el momento tan oportuno que quiero conservar ese recuerdo como si la mirada efectivamente hubiera sido para mi.

No recuerdo muy bien como llegue alli, debi haber caminado mucho. Solo se que vi un murallón de roca cubierto por vegetación y arboles por todas partes del que colgaba un ascensor transparente y que los chilenos habian bautizado como “cerro”, Cerro Santa Lucia. Ya habia escuchado de ese lugar, porque siempre que me hablaban del centro, mencionaban al dichoso cerro. Yo me imaginaba un monton de tierra amarilla, con casitas desparramadas como aquí y me preguntaba porque tanta insistencia en llevarme a conocer eso, pero no. Alla los cerros eran atracciones turisticas y gratuitas, asi que sin un cobre como estaba, mi obligacion era subir y conocerlo. Comence a ascender por el camino de piedra entre los arboles, igual que si para llegar a Camelot se tratase, me tope con una plazoleta y un monumento, tambien con chicos de cabello verde al estilo Indochina, con parejas de enamorados, con deportistas, con viejos paseando a sus perros, con carabineros. Yo seguia subiendo ajena al peligro que entrañaba estar a esas horas en ese lugar. Alguien me seguia. Primero fue solo un presentimiento, pero luego lo vi. Me habia seguido todo el sendero hacia arriba. Cuando yo descansaba en uno de los miradores de piedra, el se adelantaba y fingia caminar buscando a alguien. De pronto yo volvia caminar y el me volvia seguir. Hyabia llegado a la cima y no tenia los 1000 pesos necesarios para usar el telescopio, asi que me baje de inmediato. El extranho venia atrás mio. Senti temor, pero tambien una excitación extraña, en mi ingenuidad de peruanita provinciana llegue a pensar que el hombre que me estaba siguiendo desde hace una hora, era alguien timido como yo. Decidi sentarme n una banca de madera y ver que pasaba. El se sento en otra a algunos pasos de mi. De pronto entre la hierba aparecio un ninho que me hizo olvidar mis conjeturas.

- Hola bebe, ¿Que haces por aquí? Dije yo utilizando la jerigonza de las guaguas.
Por supuesto, no me respondio, el ninhito debia tener dos anhos y estaba con su abuelo un viejo setenton con cara de buena gente que me armo conversación “al tiro”. Ya ni me acordaba del extranho que me seguia cuando vi que pasaba delante nuestro y se acomodaba en otra banca. Como yo soy una necia incorregible, le comente al buen hombre que era nueva en el pais y que mi paranoia habia llegado a tanto que creia que el hombre que acaba de pasar me estaba siguiendo.
- Claro que si- me dijo con naturalidad. Aca abundan los violadores como esos.
Me quede pasmada.
- el tipo la ha estado siguiendo desde que estaba en la plazoleta, yo tambien lo he observado. Tiene que tener cuidado senhorita, me dijo el viejo.
Era verdad, a veces me olvido que soy mujer y que las violaciones estan a la orden del dia, cuando vas sola por el mundo. Desde ese momento, perdi el valor, solo queria volver a casa, faltaba aun mucho trecho para bajar del cerro y atardecia, no queria bajar sola, le pedi ayuda.
El viejo era taxista, pero me dijo que me podia llevar al paradero de buses mas cercano. Le di mil gracias y baje con el. El tipo que me seguia habia desaparecido, parece que perdio la paciencia e iba tras otra presa. Ahora estabamos el viejo, el ninho y yo en busca de un bus. Habia sido una suerte encontrarlos ¿o tal vez no?
Si en un principio estuve agradecida a mi benefactor, a medida que los minutos pasaban y me desviaba del centro de la ciudad por calles desconocidas, mi desconfianza se centro en el hombre. Comence a hablar menos y a observar mas. Cualquiera diria que era un plan tramado por el viejo. ¿Que hacia un abuelo con un nieto tan bebe, paseando por el centro? ¿no era una estratagema suya para atraer jovencitas tontas en los parques? ¿ podia ser ese anciano un depravado de la tercera edad? Comenece a pensar lo peor. Veia su mirada posarse de vez en cuando en mis pechos, su charla que cambiaba de tonica. Era ya casi de noche y no llegabamos al paradero prometido. Me comence a asustar. Al pasar por un parque donde habia muchos gitanos, me dijo que teniamos que tener cuidado. Pero dos pasos mas alla se sento en la hierba con el ninho y se puso a jugar. Yo estaba desconcertada, llevaba mucho tiempo caminado y sabia que nos habiamos alejado mucho del centro o del paradero donde llegue la primera vez. Algo raro estaba pasando podia olerlo.
- Es tarde, mi familia debe estar preocupada- le dije.
- Ahora llegamos, me gusta conversar con Ud. Tienen un acento bonito Uds las peruanas.
Ahora me veia con esa mirada de coquetería que tienen los viejos. Queria irme, huir y dejarlo solo, pero no tenia una puta idea de donde estaba. Ademas, podia ser mi delirio de persecución solamente, tal vez el viejo era bueno. Estabamos en medio de un parque, ningun auto cerca, tampoco pasaba alguna gente de bien por alli, solo veia gitanas y a sus pequenhos harapientos ¿a quien podia pedirle yo ayuda? El me hablaba de su unica hija, la madre de aquel ninho. De cómo vivia solo y temia cuando ella se fuera de casa y lo alejara de su lado. De cómo era sentirse solo, que necesitaba una mujer cerca, que las chilenas son malas, no como las peruanas, tan dulces, tan suaves…
- por favor, necesito volver a casa, me deben estar esperando…
a mi expresión solo le faltaban las lagrimas. Me puse tan cargosa que el viejo se paro, y echo a andar pero lento. Ibamos al paso del ninho de 2 anhos, era una caminata insoportbles. Me decia,
- ya conozco su casa y cualquier rato voy y la saco a pasear para conocer Chile, a mi me gusta tanto pasear…
Yo lo sentia solo, viejo, abandonado. Me hablaba de su soledad, de el como para que le tendiera la mano y yo lo ayudara en eso. Sentia lastima por el, pero mas podia mi temor hacia alguna intencion oculta. Deje de hablar, cuando retomamos una calle con vereda estuve a punto de tirarme en los brazos de una señora para pedirle ayuda, pero mi orgullo pudo mas y segui andando a su lado, muda y nerviosa. Finalmente el tio cansado de tanto hablar solo y yo cansada de tanto caminar haciendo planes de fuga, llegamos al paradero. Debio ser que el tio busco el paradero mas alejado del centro, porque cuando llegamos ya era de noche. Habiamos caminado casi una hora juntos. Al subir al bus, me dijo

- No se preocupe yo le pago el boleto del bus… Creo que lo dijo de buena fe, me senti miserable de haber dudado de la bondad desinteresada de aquel viejo.
- gracias algun dia se lo pagare- le dije, mientras apretaba mi mano.
- No te preocupes ire a buscarte ya se donde vives. Eso ultimo no me sono a inocente.

Me apresure a sacarme los aretes de plata recien comprados y olvide cualquier sentimiento de misericordia.

- Tomelos son para su hija. No me gusta deber favores. – le dije- cuando el bus partia. El me miro asombrado, mi mano pequenha se deshizo de la suya rugosa. No deseba volverlo a ver.
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