Ir al contenido principal

Malena

El olor a sangre fresca siempre le generaría nauseas, sea cual fuera el motivo: la llegada de la vida o el arribo de la muerte. Esa mañana gris de de junio no era diferente de las otras, él llego temprano al trabajo y pudo ver la larga cola de deudos que esperaba entre sollozos una noticia de sus familiares, se abrió paso entre ellos con el mandil en la mano y saludo al guardia de seguridad de la entrada, con un breve buen día, siguió por el pasillo de oficinas hasta el improvisado consultorio y pudo ver una flor fresca en su escritorio, con una nota:

“hoy a las seis, en la pequeña Italia”

La impecable ortografía de Lucero, la asistente de turno relucía en la blanca tarjeta.
El la tomo y se la puso dentro del bolsillo de la camisa mientras se colocaba la bata. Efectivamente Lucero era la única luz en ese ambiente frío y gris que era la morgue central.
Su calidez contrastaba con los rostros tristes de la calle y con su mismo rostro ojeroso de siempre. Ella había llegado hacia un año allí y se había terminado quedando y haciéndose cargo de todo como la secretaria interina del Dr. Reynoso, el jefe de la morgue. Sabia el lugar de los archivos, el tipo de cartas y él numero de teléfono de cada persona influyente en la ciudad. Era una joya Lucerito, lastima que con el tipo de trabajo que tenia no pudiera conocer a mucha gente, excepto a el al Dr. Olvera, su flamante novio diez años mayor.

El día empezaba temprano, tenia “dos fiambres” por la mañana y hacer el informe le llevaría el resto del día. El primero un NN que habían encontrado tirado junto al río medio congelado, el segundo era una mujer, que habían traído del hospital esa misma mañana. Detestaba hacer las autopsias a los NN, no veía el motivo de abrirlos como pollos y hacer un largo informe para nada. Pero el caso de la mujer era especial, se sentía a gusto haciendo las autopsias de los cadaveres traídos del hospital porque así podía sacar las dotes de medico que hacia tiempo estaba perdiendo. Le agradaba hacer hipótesis de la enfermedad y como pudo haberse evitado la muerte a partir de datos simples como los dosajes toxicológicos o el numero de punciones de sangre que tenia el fallecido. Prefería saber el final de la historia y hacer hipótesis sobre como pudo haberse evitado la muerte que lidiar con los pacientes que ruegan por minutos mas de vida. Tenia un vicio por leer siempre el ultimo párrafo de los libros antes de iniciarlos y lo mismo le ocurría cada momento de su vida. Para él la muerte no constituía una sorpresa, la verdadera sorpresa era saber como habían llegado vivos hasta ese momento.

El suelo pegajoso de la morque le recordaba al piso de los mercados que él odiaba visitar de niño; el color de las botas de los ayudantes solo le podia recordar a los matarifes que presiden la fiesta de la muerte y en ese momento él, con su impecable bata blanca, traida de casa y no de la lavanderia de alli, se sentia en el deber de dar realce cientifico a un acto tan noble y respetuoso como abrir a un ser humano.
Sus demás compañeros le tenían cierta burla, no comprendía porque la rudeza de ellos ante ese momento sublime, de abrir la piel de alguien y poder fisgonear en sus intersticios en que lugar se le ha ocultado el alma. Había notado con cierta desazón que sus compañeras mujeres eran mucho mas frías y rudas al momento de hacer las autopsias. Por ejemplo Leonor la otra doctora, llevaba menos tiempo que el allí, pero se daba el lujo de comer papitas picantes mientras el “matarife” se deshacía del cuero cabelludo de la victima. El no podía soportarlo, no entendía porque una mujer tenia que demostrar siempre que su estomago y todo su ser eran más fuertes que las de un hombre, no comprendía esa necesidad “de demostrar” que tenían las mujeres que él conocía. Por eso le agradaba Lucerito, con su carácter jovial y sus maneras sencillas, siempre tan delicada, tan sencilla, jamas mencionaba una frase para batallar, solo asentia.

En el ambiente fétido de la morgue central el reloj marcaba las 11: 30 y el se acercó a la joven mujer que reposaba en la mesa de operaciones y la contempló detenidamente, no tendría mas de 30 años, la piel pálida verdosa típica y las huellas violaceas en los brazos, de los sueros que le habían sido retirados. Su cabello corto y rojo artificial, enmarcaba un rostro que podía ser perfecto, sus pómulos altos, su cara ovalada, los parpados cerrados y unas largas pestañas la hacían parecer increíblemente bella. Sus labios cerrados y pálidos eran delgados y eso unido al surco entre ambas cejas le daban una actitud suplicante rara de contemplar en alguien que por fin descansa del dolor de la vida. Acerco sus manos enguantadas de latex a su rostro y le abrió los ojos: Eran claros, con las pupilas puntiformes usuales de los fallecidos.

En ambas muñecas, cicatrices antiguas evidenciaban algún intento de suicidio previo. De sus uñas decoradas con estrellitas azules, podía inferir que su estancia en el hospital no había excedido el tiempo para que alguna enfermera le borrara el esmalte prohibido en los pacientes internos. El abrió sus manos pequeñas esperando encontrar otros signos clínicos que le corroboraran la causa de la muerte, pero en su lugar halló tres líneas perfectamente separadas
“ la mano de los solitarios” pensó. Las líneas de la vida, fortuna y amor en su palma, iban dispersas sin llegar a unirse en ningún punto.

- Es chilena, Doc
- Perdón?
- La chica no es de aquí, nadie la reclamara. Es chilena
.- dijo el matarife, al tiempo que le alcanzaba el parte informativo.

Él cogió el parte del hospital y vio su nombre: Malena Errazuri, 28 anhos, nacionalidad: chilena.

Malena, murmuro y empezó la autopsia con su delicadeza habitual. Cogió el escalpelo y procedió a hacer una línea que unía el mentón y el pubis de ella. Hecho esto, pidió al ayudante que cortara las costillas. El hambrón cobrizo que le había dado el parte se acercó y rompió con las tenazas ambos arcos costales. Luego dio paso al Dr. Olvera que le dio una ultima mirada a sus mamas pequeñas, para entrar con el guante estéril a la búsqueda de los órganos de los que debía obtener las muestras. Ella parecia ser una fumadora habitual, a pesar de su edad, sus negros pulmones así lo denotaban. Sacó y pesó cada uno de ellos; ahora tenia que buscar el corazón, introdujo la mano y lo hallo diminuto y rezumando sangre oscura, parecía el corazón de una niña, tal vez tenga una cardiopatía congénita, pensó e hizo los tres cortes precisos de aurículas a ventrículos y el pequeño corazón se abrió como una flor. Nada evidenciaba daño, volvió a cerrarlo y corto una parte de el para el dosaje de drogas.

Siguió con los demás órganos hasta llegar a los ovarios, una extraña tumoración junto a la trompa de Falopio izquierda lo hizo detenerse. Dentro halló un pequeño ser de unos 8 cm de largo, hecho de gelatina gris. La muchacha estaba embarazada y ese niño ya había sido destinado a no vivir, no había migrado hasta el útero como era lo normal, se había quedado creciendo junto a su ovario. Al igual que ella, probablemente también tenia miedo a sobrevivir.

Terminado el acto, procedió a limpiarla y lavarla, quizas nadie la reclamaría, pero sintió que si la dejaba así, uno de los matarifes de la morgue podría hacerle daño y el ya sentía una extraña empatia por ella. Se acercó a su cabeza, recolocó el cerebro en su lugar y se dispuso a volver a suturarle el cuero cabelludo al cráneo que descansaba en el lavabo como la mitad de un melón sangrante.

- No lo haga, Doc, esta seguro se va para el anfiteatro.
- que dices, Juan?
- Que esta no será enterrada. Los de la facultad de medicina han venido pidiendo los cadáveres de los NN, para el anfiteatro de anatomía, les falta un cadáver femenino.
- pero ella no es NN..
- ya sé, Doc, pero nadie la reclamara. Ni siquiera es de aquí.

Él prefirió no seguir discutiendo con el matarife y se quedo a solas con ella suturándole con un punto menudo el cuero cabelludo a la altura de la frente, hasta dejarla nuevamente perfecta.

Luego se apartó y se detuvo a contemplar su obra de arte, su facies se veía ahora serena. Había tirado de la frente quitándole el ceño fruncido inicial. Se quitó los guantes satisfecho y se retiro de allí. Probablemente se la llevaran al laboratorio de anatomia de la facultad pero nadie tenia porque verla fea, no era justo.
Eran casi las 4 de la tarde nunca le había tomado tanto tiempo una autopsia, generalmente dejaba que los matarifes cosieran con pabilo blanco a todos los cadáveres, pero con ella no había podido hacerlo, se veía tan joven, casi una niña a pesar de sus 28 años.

Se sentó en el sillón giratorio de su consultorio y se tiro para atrás, se sentía muy cansado. En la mesa descansaba el informe aun sin completar, donde se leia el nombre de ella. Ningun hallazgo habia sido anormal, a excepcion del feto muerto, pero eso no habia podido causarle la muerte, quizas ella misma ignoraba que iba a ser madre y se dejo morir asi, sana del todo. En el lugar destinado a probable causa de muerte colocó SOLEDAD, pero en seguida se arrepintio y rompio el papel. Se sentia muy fatigado para iniciar la redaccion del informe.

Cerro los ojos y la vio. A ella, a Malena con una falda escocesa y una blusa blanca, su cabello escarlata brillaba con el sol y sus ojos verdes lo miraban jovialmente desde el otro mundo, se acercó a ella que lucia sonrosada y feliz y le enseñó la palma de su mano derecha. El tenia sus mismas tres líneas separadas, probablemente era él su otra mitad. Ella juntó su mano a la de el y sonrió de forma infantil cuando vio que sus caminos se unían. El le devolvió la sonrisa.
Se veía bellísima con el color que le daba la vida.

Luego introdujo la mano dentro de su blusa y extrajo su corazón que ya no sangraba, estaba cortado en tres como lo había dejado él, durante la autopsia. Ella lo deposito en su mano como un tulipán marchito y la empuñó con la de ella, se quedo así observándolo sin decir nada, flotando en esa atmósfera liquida de sangre y agua destilada y apretó su mano suave y fría con la de el.

La apretó y apretó hasta que él sintió miedo, su corazón latía fuerte dentro de su mano, como si volviera a la vida y el ambiente se hizo helado y gris, los ojos de ella lo miraban fijamente debilitandole las piernas; la sutura en su frente pálida sudaba ahora sangre oscura. El oxigeno escaseó en sus fosas nasales y tomo el aroma dulzon del formol, que lo habia acompañado en su primeros años de facultad. Ella le acerco sus labios frios y marmoreos intentando un beso, ese beso que el habia deseado darle desde que la vio desnuda y fragil en la mesa de operaciones.

Pero sintió miedo y la apartó con fuerza. Solo entonces pudo despertar, con las manos empuñadas y la camisa empapada de sudor frio a cusa de la pesadilla.

Eran casi las 6pm se quitó la bata como pudo, se lavó la cara y salió de allí con los pelos de punta. Se sentia confundido y enamorado. Enamorado de alguien que ya no existia.

Llegó a la Pequeña Italia retrasado, por suerte Lucero aun no había llegado. Entro y se sentó en la mesa de siempre, pidiendo un whisky.

- En las rocas signore?
- No, solo
- respondió él

Era una noche fresca de Junio y el se quedo absorto en el color citrino del whisky, cuando la voz aguda de Lucero lo desperto de sus cavilaciones.

- Perdona, me retrasaron en el salón de belleza, fue lo único que oyó.

Al volverse casi da un grito de espanto ante la visión de la dulce Lucero.
Se había cortado su largo cabello castaño y ahora lucia rojo y pegado a la cabeza, como el de Malena, casi lucia idéntica a ella con excepción de la mirada.

- Te gusta? – le dijo sonriente, quería sorprenderte.
- Y lo lograste, te ves…diferente- le dijo mientras la saludaba con un beso en la mejilla.
- Si, valió la pena el cambio, verdad?
- ajá... - se sentía de pronto mareado. Necesitaba otro whisky.

- La chica del salón me lo recomendó, me dijo que necesitaba algo mas vivo. Esa Malena, es increíble!

El casi escupe el trago en la mesa. Quién dijiste?
- Ay, amorcito, nunca me escuchas, Malena la chica que me corto el pelo.
Verdad que esta de muerte?

- Si…de muerte, murmuró el, apurando el segundo vaso de whisky que paso ardiendo hasta su estomago. Las rodillas le temblaban.
6 comentarios

Entradas más populares de este blog

"El VIAJE"

Muriel subió al bus con la ropa suelta para viaje, con la almohada pequeña para apoyar el cuello el resto de la noche y con el antifaz oscuro, por si encendían las luces del pasillo durante su sueño. Sería un viaje largo y cansado, aunque no era el primero de ese largo año viajando por el país; si tuviera dinero, me ahorraría 15 horas de viaje con un boleto de avión- pensaba ella con su pesimismo habitual.

Subió última al bus y todos se la quedaron viendo, por su indumentaria rara de polera suelta y pantalones de pijama, la almohada, la botella de agua mineral y el bolso que se desparramó con discos y hojas sueltas por el pasillo, al subir. La terramoza vestida con minifalda y pañuelo al pecho, la ayudó a comodarse en su asiento al lado de un tipo obeso de labios pequeños. La reprendió con una fría amabilidad por su retraso en subir.

El hombre del asiento vecino apenas si la saludó cuando ella se sentó a su lado, entretenido como estaba mirando por la ventana a la gente que se despedía …

Poniendo el Pecho

Lo peor que me pasó llegada la pubertad no fue la menstruación, fue tener que usar sostén. Eso acabó con la libertad de mi cuerpo, fue el primer símbolo de que yo era una mujercita que debía ocultar su crecimiento.
Las demás niñas hablaban de que usaban "formador" y yo no entendía la palabra, que la relacionaba con algún aparato de ortodoncia. Creía que a mi jamás me pasaría eso; pero un día mis pechos empezaron a crecer y dos botones asomaron tímidos bajo la blusa escolar, sin que yo pudiera hacer nada al respecto. Quise usar camisetas, frotarlos para que los pezones no estuvieran puntiagudos, pero nada daba resultado; del tamaño de dos chapas de coca cola, mis pechos empujaban por ver la luz. Yo me mantuve terca en no usar nada debajo de la blusa, pero los muy canallas seguían creciendo. Lo peor de todo: Dolían.

Si, recuerdo ese roce doloroso contra la camiseta escolar y mojarme con agua fría en las noches, para que dejaran de doler por el roce contra la ropa. Finalmente ten…

Amante Ideal

"Alguien que conozca todas tus mierdas y no te joda por eso. O mas bien que te joda, pero que te joda bien" Esa es la definición que él me da cuando le pregunto quien sería su amante ideal. Me río entonces, como no lo hacia hace días. Es refrescante poder discutir sobre sexo en voz alta. Llevo un par de semanas pensando que le he perdido la curiosidad a enfrentar  tener nuevas relaciones, cada vez que llego al asunto doy un largo rodeo y cambio de tema.

Tengo que reconocer que la vida se pone mejor cada día, tan mejor que espero con ansia que me despidan del trabajo para poder invertir todos mis ahorros en un viaje que dure un par de años por territorios desconocidos.
Luego pienso en la salud de mis padres y me deprime la idea de que no podría irme sabiendo que aun me necesitan.  Que no sabrían a quien llamar si algo malo sucede. A cierta edad si no haz hecho todo lo que se te vino en gana te terminan atando el amor por  los hijos o los padres  eternamente a casa; ante cualq…