Abril


El día es nublado y triste, enfriándose al pasar de las horas como criatura recién nacida; me roza la piel, me engulle y ahoga en su ser. El día ya era nublado antes de ti y yo siempre esperé la lluvia que no llegó a caer, el aguacero que me liberara de mi prisión de problemas sin resolver, de ideas en apariencia interminables.
Sabe a humedad aun sin serlo, sabe a lo que no se termina porque aun seguimos preguntándonos en que momento comenzó, sabe a algo conocido e inexplicable,
sabe a otro día lleno de amor rebalsando en los ojos sin poder entregarse. A eso me saben los días, a un adiós que no se da por falta de valor y a un “ Buenos días” hacia un amor invisible.

Hoy es como fue ya mil años antes, cuando la matriz del tiempo parió una criatura vieja que se estremeció con el arrullo en la voz de su amor prometido. Hoy es un día de nadie, por eso me lo apropio, como si hubiera sido mío y,
corro entre la hierba, deshuesada de temores y miedos, corro con los pies desnudos que nadie observó suficiente, corro, mirando a veces hacia atrás con la sonrisa que me regaló el día que fue inventado para no ser mío.

Me quedaré con el cuerpo aterido, sin la luz de tus ojos; tiritando en la penumbra de desearte y no tenerte,
oculta en la sábana blanca que no se mojó,
ya que, aun el día no estaba demasiado húmedo
como para chorrear el recuerdo intacto que envolvió su voz.

Hoy es el día de siempre, mi día de recuerdos sin rostro, de amor desmedido y melancólico, de pasión que aun no conoce un límite, mi día de palabras inventadas, mi día teñido de ti, de todo tu ser en cada poro de mi alma.

Se apiñará en mi cuerpo la necedad de extrañarte sin esperanza, para dar paso a la paz que me da el saber que existes...aunque no estés cerca,
quiero que nazca la ilusión en mi carne y la renueve hoy, el día en que me volví triste de nuevo,
que rompa las amarras de éste corazón nostálgico y lo haga navegar hacia tu rumbo, sin demasiada prisa, solo navegar hacia ti como estuvo planeado antes de hoy, antes de ti y de mí.

El paisaje es gris como en un cuadro y las pestañas son pesadas, la mirada que triste un día te vio llegar entre sueños, hoy se apaga en el vapor de chocolate hirviendo. La lágrima que no llegó a manchar el hollín de la amargura, se cuaja en la mirada pálida que no distingue en los recuerdos del ayer, la felicidad que me derramaste encima.
Es la pupila que disparó luces en la vida diaria para iluminarte por completo. Es la pupila que estalló al verte, la que no distingue mi ayer triste de mi hoy.

Te contaré del miedo que ya no siento dentro, te contaré del perfume que no murió en tu voz, de palabras que ya no son vanas, te contaré de mi desventura, de mi amor y mi ternura; regocijo de paisaje inventado, llanto incoloro en la soledad del sillón.

El día es triste como hace ya tiempo, pero ya no estará triste hoy mi corazón.



Sábado 17 de Abril. ( El escrito que no se perdió)
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