Recuerdo de un viaje al norte


Si algo tengo que agradecer a mis padres son los viajes para conocer el Peru. Cada año hacen un viaje que nadie sabe donde terminara. Recuerdo cuando terminamos en Ecuador y ninguno de nosotros habia llevado ropa de verano.

La carretera junto al litoral, llegar a Trujillo, una ciudad que yo he visitado repetidas veces y que siempre me parecera especial, su plaza amplia de veredas como espeja, sus casas de colores, sus balcones coloniales. La gente amable, las avenidas amplias, la ensalada de frutas a un precio de regalo...Trujillo y sus playas calmas, Huanchaco y esa ensenada de mar azul, su muelle romantico, la gente vendiendo artesanias, la comida picante, las cervezas heladas.

Luego Chiclayo y su gente norteña con ese acento maravilloso. El paseo de las musas, el calor sofocante, el olor a flores. Sus playas en donde nadie usa sombrilla, el mero con limon frente al mar. Las mochilas en la arena y mi viejo bañandose en el mar en calzoncillos. Nadar hasta el anochecer y pasear entre los botes coloridos que esperan salir a la mar. Hablar con los pescadores, ser extraño en el propio pais.


Recuerdo el viaje hasta Piura y llegar cuando en la ciudad se encendian las primeras luces.
El desierto y los bosques de algarrobos, la gente de campo jalando burros cansados.
La ciudad arreglada siempre de fiesta, las bungavilas moradas en la plaza. Las boutiques con ropa brasilera y trajes diminutos que era imposible llegar a usar de vuelta a una ciudad tan mojigata como esta. Bañarse con agua que nunca es fria, transpirar al vestirse, caminar en sandalias, perderse por las calles y llegar al rio, a oir como su corriente arrastra recuerdos de otra epoca. Dormir sin ropa y con el ventilador puesto. Despertar temprano y volver a viajar.

Pero lo mejor es ese trayecto al lado del mar que une Piura y Tumbes. Lo mejor es ver ese tipo de palmeras de tronco delgado, dibujando siluetas al ocaso, llegar a Sullana y no poder abrir los vidrios del auto a pesar del calor asfixiante, porque el aire es tan caliente que tapa las fosas nasales y llega a desesperar...que es mejor no abrir las ventanas y oir a Jamiroquai en la intimidad del auto.
Ver a la gente pasar con cabezas de platanos verdes y amarillos al hombro, ver flores en le camino y meterse dentro de esa vegetacion frondosa, hasta salir de nuevo al desierto y de nuevo las playas virgenes. Punta Sal y ese mar celeste inmovil como un espejo del cielo. La arena blanca y uno que otro bungalow desparramado en la costa.

Recuerdo esos viajes entrañables y el calor en los asientos del auto, bajar y zambullirse extrañando la frialdad del mar del sur...comer en cualquier parte, lleegar a hoteles a la media noche sin reservacion previa y ver la cara de sorpresa de mi madre, al ver en la recepcion toda marca de preservativos y no las frutas acostumbradas. Ir a regañadientes a desayunar al mercado de la ciudad a donde lleguemos, porque segun mi padre, " no conoces una ciudad si no conoces su mercado". Ver como venden las sandias peladas envueltas en bolsa plastica, como ofrecen 10 variedades de frejol precocido, para acompañar cualquier aderezo del dia, como venden las gallinas vivas y como la gente camina vestida y cubierta mientras nosotros " los turistas" nos sofocamos envueltos en un pareo mojado con la insolacion en los hombros, odiando tener que usar ropa interior que saca ronchas en medio de ese calor infernal.

Llegar a Tumbes y comer en cualquier parte y que siempre sea algo " con chabelo" el plato del dia. Ver las mismas caras que en cualquier ciudad fronteriza: Todos venden algo, todos son piratas, todos con ojos brillosos esperando a que tengas algo que les pueda interesar.

Las calles de lodo rojizo, los pasajes decorados de esculturas y pinturas, en homenaje a la madre, al amor, al beso ...puro collage en las paredes...como si alguien hubiera esperado hacer de Tumbes una pequeña Venecia que en vez de rios tiene cienagas, al terminar el aguacero.



Y la llegada a Aguas verdes...eso reune una buena anecdota, espero tener el tiempo par escribirla...mientras seguire soñando que vuelvo a esas vacaciones eternas de comer en parques y bañarse en rios, de caminar semidesnuda y comprar chucherias, de comer chifles y pescado fresco...espero poder darle lo mismo a mis hijos, darles la oportunidad de saber que el Peru es bellisimo, solo hay que caminarlo como pobre...
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