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Hoy, ultimo dia de la semana me tome el tiempo para acicalarme. Para maquillarme y peinarme, para vestirme de forma adecuada y ponerme ese collar keniano de 3 argollas platinadas en el cuello, sin embargo cuando llegue me di cuenta que no habia mas nadie a quien mostrarselo que a la persona que luego de escribir 30 cuentos para mi, se despidio hasta la proxima vida.

Mas aun, senti eso punzon de los celos en la garganta. Y es que a veces desearia ser bonita...a veces no me siento bien con esta cara, con este cuerpo ni con este nombre. A veces simplemente desearia salir corriendo y tirarme en el mar, perderme. Cuanto quisiera perderme y no volver a ver a nadie.

La mañana es soleada, alli afuera tocan una " la vie en Rose" con un viejo arcodeon y dos franceses se han sentado a mi lado a hablar de las mujeres peruanas. Yo me siento incomoda, incomoda dentro de mi traje de niña educada, incomoda con el cabello humedo peinado a un lado, incomoda con el maldito collar sonajero que suena cada vez que me inclino hacia delante. Incomoda de tener todo este tiempo malgastado en esperar un no se que, que no llega.

Hace dos dias sali de clases a la mitad de una charla sobre parametros de asma. Me senti asfixiada, solo queria salir de alli, de respirar ese ambiente pesado de gente pensante, con ideas claras sobre como salvar la vida a un tercero, pero confusos sobre como salvarse ellos mismos. Creo que si me gustaran los cigarrillos hoy fumaria el resto de la tarde. Mi yo interno me pregunta ¿ Por que siempre huyo? y yo solo me contesto que no es huir lo que hago, sino que me canso de esperar.

Que ansiedad el ser conciente que no tengo nada entre las manos mas que una ridicula esperanza en que las cosas se cumplan tal como las habia soñado y, no me refiero a ahora, sino a ese otro tiempo en que cada uno de nosotros se sueña fisicamente y con el entorno apropiado y se lanza a la vida doliente de sangre y liquido amniotico con un llanto de fragilidad que clama por el maldito libre albedrio.

Yo me soñe asi, como soy ahora: Poquita cosa, tan poquita que cuando me veo en el espejop prefiero voltear el rostro, pues se que no me merezco nada de lo que deseo.
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