Ir al contenido principal

Cuento Sucio ( parte 19- Penúltimo)

Si para Pilar, antes la soledad era un lugar tranquilo donde reposar la cordura y entregarse a esos pequeños vicios como fumar, cocinar algún plato raro o darse largos baños de tina, terminado el capítulo con Eduardo Glez, nada de eso era suficiente. Claro, al inicio había intentado odiarlo y planear alguna venganza, pero ese hombre le dolía en las entrañas, le dolía tanto, que su rechazo la dejaba ahora insomne preguntándose el por qué alguien como él es incapaz de amarla.
Todo era soportable, incluso que la ignorara y que ya no lo viera tan seguido como antes. Que toda esperanza de algún encuentro posterior se hubiera esfumado después que se acostara con él. Era un error que no podía perdonarse y no le podía endilgar ésa culpa al alcohol, al vino tinto, a la depresión, a las hormonas, ni siquiera a él , ¡Carajo! Ella había querido ser suya desde la primera vez que llegó al edificio…pero jamás se imaginó que sería así.
Pilar, pensaba tontamente, que tal vez si ella hubiera aportado algo de ternura, algo de lo que quería darle, durante la noche de amor, él no se hubiera levantado de la cama e ido para siempre.
Una mañana Pilar despertó y se dio cuenta que el auto de Eduardo ya no estaba desde hace 5 días, que luego fueron 10 y luego se convirtieron en todo el mes…que Eduardo se había ido para siempre y ella ya no hallaba hilo en la madeja para tejerse algún vestido que la protegiera de ése vacío que le quedaba dentro del pecho. Los días habían vuelto a ser tan tristes como antes de que él llegara al edificio, no había ningún motivo para mantenerse despierta, ni el ejercicio, ni la televisión, ni la cocina…ya ni la música le hacía bien, porque cada canción en portugués le recordaba ésa noche de empezar a poseerse en medio de luces naranjas y vino derramado.
Sueño en las mañanas, insomnio por la noche. La vida se le había vuelto una buena mierda. Y pasar por la puerta cerrada de Eduardo era un dolor que no calmaba con nada. A veces se imaginaba que él seguía oculto allí levitando entre lámparas orientales como se lo había imaginado desde la primera vez. Se imaginaba entrando y rompiendo ese hechizo mudo que envolvía el silencio de Eduardo y apoderarse de él para siempre…o viceversa…
Fue una de esa madrugadas con los ojos duros y el alma revuelta, en que Pilar decidió buscar a Eduardo…así tuviera que forzar la puerta del mismo infierno.
Se colocó el jean, la polera de ejercicio, se ató el pelo en una cola y salió a la terraza. Vio el muro de separación y se dio cuenta que no era tan fácil de sortear ¿Cómo lo había logrado Eduardo con un solo salto? Colocó la mesa junto al muro y trepó al otro lado, segura de encontrar en el departamento vacío, una señal que le dijera a dónde se había ido Eduardo o el porqué de su desaparición repentina.
Corrió la puerta de vidrio y entró a la casa donde lo único vivo parecían ser unos peces naranjas dentro del acuario. Lo demás eran paredes blancas, muebles negros, una cocina pulcra, en donde parecía no haber entrado nadie hace mucho. Pilar recorrió la pieza vacía, pensando en quien era realmente su vecino el Sr. Glez o cual podía ser su oficio en éste mundo. Subió las escaleras y halló la cama enorme de sábanas azules revuelta, se sentó en ella, era demasiado dura, casi como dormir en el piso – pensó Pilar.

Abrió el closet de madera y vio los trajes de Eduardo, un par de zapatos, dos suéteres y algo de ropa interior. Acarició las camisas con los dedos, tratando de percibir su perfume, pero solo el olor a nicotina inundaba todo. Entró al baño y vio la tina color salmón, se imaginó a si misma abrazada allí entre los brazos de Eduardo. Entonces se sentó dentro de la bañera seca y se tomó de la cabeza. Por primera vez la ausencia de Eduardo le pegó entero en las narices. El se había ido para siempre, no cabía duda.
Fue entonces que sintió la puerta del departamento abrirse. Alguien acababa de entrar. Pilar se levantó como un resorte, si alguien la encontraba allí estaba perdida. No tenía donde esconderse, miró para todos lados y no había escapatoria, alguien subía por las escaleras hacia la habitación, ella se desesperó al sentir la presencia de Eduardo cada vez mas cerca y decidió ocultarse en el gabinete de madera debajo del lavabo.

Fue entonces que sintió una voz que no era la de Eduardo, mas bien dos voces que resonaban en el silencio de la madrugada.
Guillermo acaba de entrar a la pieza junto a un hombre de aspecto sombrío y algo mas alto y fornido.

- Revisa todo- fue la orden que dio al hombre - En algún lugar debe estar.
- ¿Qué debo buscar exactamente?
- Videos, cartas, dinero…cualquier cosa que lo relacione con nosotros. Tenemos que borrar los rastros.
- De acuerdo…pero el Sr. Eduardo se va a molestar…
- No le digas Señor a ese huevón, que ya está acabado. Vamos, hazlo rápido no tenemos tiempo para perder.
El hombre comenzó a revisar el armario, a levantar el colchón y a buscar debajo de la cama. Pilar miraba asombrada esa escena que parecía de dos asaltantes.
- Aquí, halle algo! Estos deben ser los videos- dijo sacando cajas numeradas de debajo de la cama.
- Si, esos son, empaquétalos todos. ¿hallaste dinero?
- Una cartera con documentos, pero están a nombre de un tal Julio..hmmm, no se lee el apellido.
- Si, es él. Dámela. En algún lugar debió esconder la plata, yo lo vi salir y no llevaba nada.
- ¿Tu crees que vuelva por algo?
- No, ése que va a volver! Se metió a la boca del lobo por buscar a Andrea, ahora no lo salva ni el Sr. De los Milagros.
- Pensé que ustedes dos eran amigos…
- Éramos, pero él se olvido de eso por ir detrás de esa golfa
- ¿Hablas de ahora o a lo del dinero que le robaron a Montes?
- Hablo de hace 4 años cuando ella les comenzó a meter las vainas políticas a todos, incluso al huevón de Oliver que terminó matándose…Todos detrás de ella, hasta el sidoso del Renzo que en paz descanse
- ¿Tu también, no?
- No, que bah, si yo le presente a la huevona. Los dos únicos dos que se la tomaron en serio fueron Glez y Oliver y mira a dónde los condujo… los dos cojudos se mataron
- Pero aun no sabemos si Eduardo está muerto…a lo mejor y Montes no lo encontró…
- Si él iba para allá! Directo donde la huevona en la casa de Montes! Yo mismo lo mandé- Guillermo, se contuvo al ver los ojos de sorpresa del otro hombre, carraspeó y continuó - Bueno, peor para él, igual los gringos coqueros están detrás de él después de lo de Fadden. Fue un error volver a la selva, allí le darán caza como a animal salvaje. Al menos aquí en la ciudad nos tenia a nosotros para protegerlo- añadió tratando de cambiar en algo la imagen de amigo traidor que ahora tenía el hombre fornido de él- a las finales Eduardo ya estab loco, imagínate que quería cambiar el objetivo por la Fiscal que vive acá al lado, no se que le pasaba por la cabeza a ese huevón!

Pilar oculta en el gabinete del baño oía todo con los latidos acelerados y si se sobresaltó al oír el nombre de Fadden, casi se orina al escuchar el suyo en la boca de esos dos matones. Desde la habitación contigua la voz de los dos hombres resonaba con un eco peculiar en la madrugada, un eco que la hacía volver pequeña y querer ser del tamaño de una hormiga.
- Nunca entendí porque mataron a Fadden y nos metieron a todos en esto, sabiendo como son de vengativos esos gringos- agregó el hombre fornido mientras empaquetaba los videos.
- Un momentito, “mataron” es mucha gente. Eduardo fue quien asesinó al perro de Fadden !puta madre! Si supieras, todo lo que me costó convencer a los gringos todos esos meses, hasta viajé a Londres para negociar la deuda, iba a conseguir un buen trueque por Fadden, pero el muy huevón de Eduardo le vuela los sesos a la primera que habla con el gringo!
- Bueno, al menos conseguimos la plata, no? Ya Montes no estará sobre nosotros por lo de la plata.
- Claro, ya nos va a dejar en paz, pero no por la plata. Montes sabrá como cobrársela a ese par de tórtolos. Andrea ya volvió a su lupanar y a Eduardo lo van a crucificar en mitad de la selva, apenas se acerque a ella- el tono de Guillermo era casi de satisfacción-
Lástima, después de todo voy a extrañar a ese huevas, pero ni modo, era él o nosotros.
- Amén- replicó el hombre fornido. Nos llevamos los cuadros de Oliver? A lo mejor y nos dan plata por ellos
- Sí, y pon tambien la ropa que está en el armario, a Glez ya no le servirá más- dijo mientras movía los cuadros apoyados en la pared uno a uno. Al llegar al último se detuvo con una mueca de disgusto- Este lo dejas, junto al resto de basura que acumuló Eduardo, aquí no hay plata.

El hombre lo miró con extrañeza, empaquetó los cuadros, los videos y la ropa y bajó todo lo hallado con dificultad. Cuando cerraron, la puerta detrás suyo, Pilar salió de su escondite con las piernas temblando, se apoyó en la pared del baño y sintió que una náusea intensa se apoderaba de su cuerpo después de haberlo oído todo.

Luego salió del baño y vio el cuadro que habían dejado tirado en el piso. Era una mujer de ojos y sombrero azules como el mar, sonriendo en medio de su desnudez. Pilar tocó la pintura y sintió que ya la conocía desde hace mucho tiempo, aunque no sabía bien de donde.

En medio de la selva una mujer de ojos azules y piel transparente se baña bajo el agua tibia de una lujosa regadera, siente el agua discurrir entre sus muslos y pechos desnudos, se siente poseída y plena. Solo los ruidos de la selva llegan por la pequeña ventana abierta. La casa está vacía, solo los guardespaldas montan guardia afuera.Detrás del cristal una sombra acecha silenciosa, observando su silueta de cabellos largos tras los vidrios pavonados. Los ruidos de la noche amazónica ocultarán cualquier sonido. El agua tibia sigue corriendo, a la espera que el destino cobre revancha.






8 comentarios

Entradas más populares de este blog

"El VIAJE"

Muriel subió al bus con la ropa suelta para viaje, con la almohada pequeña para apoyar el cuello el resto de la noche y con el antifaz oscuro, por si encendían las luces del pasillo durante su sueño. Sería un viaje largo y cansado, aunque no era el primero de ese largo año viajando por el país; si tuviera dinero, me ahorraría 15 horas de viaje con un boleto de avión- pensaba ella con su pesimismo habitual.

Subió última al bus y todos se la quedaron viendo, por su indumentaria rara de polera suelta y pantalones de pijama, la almohada, la botella de agua mineral y el bolso que se desparramó con discos y hojas sueltas por el pasillo, al subir. La terramoza vestida con minifalda y pañuelo al pecho, la ayudó a comodarse en su asiento al lado de un tipo obeso de labios pequeños. La reprendió con una fría amabilidad por su retraso en subir.

El hombre del asiento vecino apenas si la saludó cuando ella se sentó a su lado, entretenido como estaba mirando por la ventana a la gente que se despedía …

Amante Ideal

"Alguien que conozca todas tus mierdas y no te joda por eso. O mas bien que te joda, pero que te joda bien" Esa es la definición que él me da cuando le pregunto quien sería su amante ideal. Me río entonces, como no lo hacia hace días. Es refrescante poder discutir sobre sexo en voz alta. Llevo un par de semanas pensando que le he perdido la curiosidad a enfrentar  tener nuevas relaciones, cada vez que llego al asunto doy un largo rodeo y cambio de tema.

Tengo que reconocer que la vida se pone mejor cada día, tan mejor que espero con ansia que me despidan del trabajo para poder invertir todos mis ahorros en un viaje que dure un par de años por territorios desconocidos.
Luego pienso en la salud de mis padres y me deprime la idea de que no podría irme sabiendo que aun me necesitan.  Que no sabrían a quien llamar si algo malo sucede. A cierta edad si no haz hecho todo lo que se te vino en gana te terminan atando el amor por  los hijos o los padres  eternamente a casa; ante cualq…

Poniendo el Pecho

Lo peor que me pasó llegada la pubertad no fue la menstruación, fue tener que usar sostén. Eso acabó con la libertad de mi cuerpo, fue el primer símbolo de que yo era una mujercita que debía ocultar su crecimiento.
Las demás niñas hablaban de que usaban "formador" y yo no entendía la palabra, que la relacionaba con algún aparato de ortodoncia. Creía que a mi jamás me pasaría eso; pero un día mis pechos empezaron a crecer y dos botones asomaron tímidos bajo la blusa escolar, sin que yo pudiera hacer nada al respecto. Quise usar camisetas, frotarlos para que los pezones no estuvieran puntiagudos, pero nada daba resultado; del tamaño de dos chapas de coca cola, mis pechos empujaban por ver la luz. Yo me mantuve terca en no usar nada debajo de la blusa, pero los muy canallas seguían creciendo. Lo peor de todo: Dolían.

Si, recuerdo ese roce doloroso contra la camiseta escolar y mojarme con agua fría en las noches, para que dejaran de doler por el roce contra la ropa. Finalmente ten…